CENTRAMIENTO – Espíritu

Pasaron varios días desde que escribí la última reflexión. Más allá de mis múltiples ocupaciones, no me sentía “centrada”, sino en desequilibrio. Así que estuve siguiendo una meditación online, todos los días, y reflexionando un poco.

¿Y qué es estar “centrada” para mí? Varias cosas, todas en un estado. Por un lado, no poner expectativas en los demás, sino en mí misma, porque es a quien puedo cambiar. Sí hacer oír mi voz, pero sin pretensiones de única verdad. Dar lo mejor de mí misma, para estar contenta, no por una exigencia exterior. Por otro lado, sentir que todo el amor qe necesito ya lo tengo de mí misma. Por añadidura, tengo muchas personas que me rodean, a quienes puedo dar amor y ellxs me lo darán a su manera. Sabiendo estar a solas conmigo, y en plenitud, relacionarme con otras personas es más fácil y fluye más, porque no necesito “completarme” con la otra persona, generando cargas en una relación.

Estar centrada es encontrar mi propio espíritu y mis propios recursos para tenerlos disponibles cuando lo desee. Es tener una intención, y confiar en que todo lo que suceda se irá alineando para conseguirlo, si es genuino. ¡Ya lo vivencié muchas veces!

Saber que mi fuego interior puede guiarme a la acción con resolución y también marcar el camino a otrxs, iluminar sin quemar.

Que mi aire me servirá para pensar con cuidado, y adaptarme a las circunstancias, con flexibilidad.

Y mi agua escuchará las emociones que son parte importante de mi ser, con apertura hacia  los demás.

Y saber también que necesito de mi tierra para recordar de donde vengo y afirmarme en mi identidad cuando lo necesite.

Todo esto puedo encontrar cuando le presto atención a mi centro, a mi espíritu, en silencio.

Y vos, ¿cómo logras centrarte?

 

Este es el quinto de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

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RESOLUCIÓN – Fuego

Me acerqué al fuego para calentarme un poco. La noche de primavera estaba fresca y los invitados del cumpleaños de mi amiga ya se iban. Como tantas veces, observé el fuego con fascinación. Las llamas eran impredecibles, siempre diferentes en forma y color.

Pensé en nuestro “fuego interno”, aquello que nos impulsa a hacer lo que deseamos, lo que nos hace únicos. También pensé en mis mejores amigos y amigas, que tienen ese espíritu aventurero como el mío. Y lamenté que muchísimas personas sofocaran ese fuego en haras de una supuesta seguridad.

Nada más triste que ver cómo la chispa de una persona es apagada por un ambiente laboral o escolar adverso, y nada más hermoso que ver como esa chispa se transforma en fuego.

Muchas veces hemos asociado el fuego con la destrucción, y sin embargo lo pienso ahora como la transformación de una cosa en otra. Tomar madera y convertirla en luz y calor, en energía liberada… Tomar una idea, un grupo de personas y convertirlos en proyectos que se realizan y crean nuevas realidades, arte, tecnología, lo que sea.

Se piensa que la civilización empezó en el momento en que los individuos se nuclearon en torno al fuego. Cocinar los alimentos, espantar a las fieras, o simplemente calentar el ambiente. Ese poder que tienen las llamas de abstraernos, también dio lugar a la comunicación: contar historias alrededor de la fogata, hacer planes para el invierno, decidir en grupo.

Narrar, planear, decidir, actuar. El fuego nos provee de la energía necesaria para ir adelante, transformándolo todo. Nuestra resolución nos impulsa hacia adelante para concretar proyectos y tomar decisiones, y no sólo seguir soñando…

¿Qué te dice tu chispa interior?

FLEXIBILIDAD – Aire

Esperé su respuesta para agendar un encuentro e ir organizando mi semana. “Vamos viendo”, me contestó. Mi lapicera quedó en suspenso sobre la hoja y por unos instantes no supe qué hacer. Dejar abierta la agenda significaba no poder acomodar otras actividades en mis tiempos disponibles. Por un momento me enojé, y luego comprendí que mi enojo era una muestra de mi falta de flexibilidad.

Dejar abierta una posibilidad es como dejar abierta una ventana: aireel aire fresco entra y se renueva en la habitación. Sin tener toda la agenda cubierta, puedo adaptarme a lo que vaya surgiendo, y quizás como dice Tom Hank en el Naufrago: “algo traerá la marea”.

No quiere decir que voy a aceptar cualquier cosa que surja, pero sí significa que puedo contemplar más opciones antes de involucrarme. Eso incluso me permite jugar, ser más creativa, estar dispuesta a enfrentar con serenidad imprevistos y contratiempos.

Si tengo un exceso de flexibilidad es probable que nunca concrete nada, o bien que el resultado sea impredecible. En el otro extremo, una excesiva rigidez me quita habilidad para resolver situaciones no programadas o esperadas.

Si lo llevamos al plano de las relacioneflexibllidad aires personales, el aire siempre viene bien para no sentirnos ahogados. Tener todo previsto y preparado nos quita la sorpresa, y hasta quizás algo de disfrute, nos sume en la rutina. Pero demasiado aire nos hará sentir desconectados con los demás, sin empatía, como “flotando” por encima de cualquier situación, sin involucrarnos ni decidir nada, con una  dirección incierta.

Y con nuestros sueños, otro tanto: podemos divagar y ver alternativas para enriquecerlos, pero muchas veces el “algún día lo haré” termina por no definir un proyecto que se concreta.

El aire impulsa, inicia, es el comienzo de una acción en potencia. Lo necesitamos para flexibilizar nuestra mente y contemplar posibilidades antes de juzgarlas y decidir, y para ser creativos.

¿Cuánto aire y flexibilidad hay en nuestra vida?

 

Este artículo es el tercero de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

APERTURA – Agua

APERTURA – Agua

Estaba triste el otro día. No recuerdo bien por qué, si el clima lluvioso sumado al cansancio de la semana, o había pasado algo relevante que me pusiera en ese estado. Una amiga se acercó y me dijo: “Vamos a hacer algo, ¡distraete! No pienses más, ya fue”. Mi primera reacción, por supuesto, fue de agradecimiento y acepté el “distraerme” por un rato. Me puse a ver unos videos que tenía postergados… Sin embargo cuando terminé de hacer eso y me fui a la cocina a preparar la cena, estaba peor.

Y me pregunté: ¿es obligatorio estar alegre? Y también: agua¿por qué ciertas emociones parecen tener mala prensa, y las negamos o tratamos de que desaparezcan mágicamente?

Mientras lavaba los platos, me abrí a la emoción de tristeza y descubrí que tenía algo que resolver. Que estaba a la mano, no era tan difícil, pero requería de decisión… Junto con el agua, me dejé fluir, y observé sin juzgar el ir y venir de emociones. Recurrí a mi lado intuitivo, no me puse a evaluar mis emociones sino a experimentarlas, sumergirme en ellas, aceptarlas.

Y claro, tratamos a la tristeza y al enojo como si fueran nuestros enemigos, y los combatimos. Como si esas emociones por sí solas nos “arruinaran la vida”, y no meros indicadores de que algo anda mal y hay que prestarle atención. ¿Por qué no las escuchamos? Hay muchas emociones que, mezcladas, se van realimentando cuando las desatendemos… Por ejemplo, si tenemos miedo de algo y no lo enfrentamos, luego se transforma en frustración o enojo por una expectativa que no podemos cumplir, y quizás después pase a ser tristeza por no salir de esa situación.

Las emociones se mezclan unas con otras, y no sólo es bueno escuchar las propias, sino también las de aquellas personas a quienes amamos. Porque muchas veces necesitamos una persona que escuche, que apenas intervenga, pero que nos sirva de espejo para vernos mejor y decidir qué hacer.

El enojo puede ser nuestro aliado a la hora de decir “basta” a una situación desventajosa.

La tristeza puede ayudarnos a entender la importancia que tienen las cosas o las personas…

Y así con cada emoción que se nos ocurra. Dejarnos fluir como el agua, a ver adónde nos lleva ese sentimiento, puede ser un viaje peligroso, pero seguro que luego de emprenderlo habremos aprendido algo. ¿Te animas a dejarte fluir?

 

Este artículo es el segundo de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

 

ESTABILIDAD – Tierra

A veces siento que estoy haciendo algo que no disfruto, y me pregunto ¿por qué? Entonces recuerdo que se lo prometí a alguien, que me comprometí a terminarlo… Y me odio a mi misma por aceptar. Luego me perdono un poco, y comprendo que no estaba evaluando qué implicaba aceptar, el tiempo que me iba a llevar, el esfuerzo, etc.

¿Por qué? Pienso que es porque no estaba pensando en mi misma, mis posibilidades. Y no estaba pensando en quién soy, de donde vengo… Llevada por el trajín del día, del trabajo y demás, me dejo llevar a un ritmo que me es ajeno, que no es mío.

Y ¿quién soy? ¿Como me paro frente al mundo? Me pregunto y recuerdo: de donde vengo, cuales son mis raíces, mis costumbres, mis valores… ¿Cuánta estabilidad tengo frente al mundo y las demandas externas?

Y me visualizo como un árbol, arraigado a la Tierra, de pie frente a la tormenta. Las raíces son el legado de mis ancestros, que me acompaña desde mis genes hasta mis gustos por la comida.

Si soy ese árbol, ¿cómo me relaciono cuando alguien intenta manipularme, decir algo que me haga moverme de donde estoy cuando no lo deseo? Seguramente no podrá si yo me mantengo firme, conectada conmigo misma, con aquello que realmente deseo. Seguir el camino del corazón implica dejar de lado aquello que no nos resuena en nuestra alma.

También hay en nuestras raíces lugares incómodos por legados que hay que aceptar y luegoEstabilidad trascender para seguir evolucionando. Es un espacio de trabajo, y de invitación a resignificar cómo y de qué manera queremos tener un vínculo con nuestro “clan”. Qué cosas acepto de ese legado y cuáles no, para construir mi propia identidad. Porque no es lo mismo la estabilidad que permanecer estáticos en nuestra vida. La estabilidad nos da un anclaje ante una tormenta, pero seguir con esa ancla en un día de sol es un error, porque no nos permitiría salir de un puerto seguro y navegar, viajar.

Hoy te invito a reflexionar sobre tus raíces y también sobre tus convicciones, aquello que te hace únic@ frente al mundo, y que no cambiarías.

 

Este artículo es el primero de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

 

Aprendizajes tardíos

Desde chiquitas, algunas personas saben a qué se van a dedicar. Dibujan, pero sus dibujos son extraordinarios. desarman juguetes, pero a veces los arreglan también. Aman a sus animales, pero son particularmente observadoras de sus comporamientos…

Sin embargo, pocas veces  esas vocaciones de niños se cumplen. A medida que crecemos descubrimos que en realidad el estudio de los dinosaurios requería de horas de una lectura que no estamos dispuestos a hacer, o que si bien somos magníficos músicos, no es suficiente como para destacar de otras bandas y compositores. Se nos pide ser “razonables”, elegir un trabajo a mano y olvidar ese potencial o esa pasión que una vez tuvimos. En algún punto, lo hacemos. Porque no hacerlo conlleva un costo altísimo a la hora de proyectarnos hacia el futuro, con una base de seguridad.

Otras veces, no sé si las menos, el camino es inverso. No tenemos ni idea de qué es lo que nos gusta, y elegimos lo más conocido, probablemente el negocio familiar o la profesión de nuestros padres o madres. Y “algo” nos falta. Quizás nos refugiemos en un pasatiempo, o quizás empecemos con un hobby.

¡BAM! El hobby, de repente, nos consume todo el tiempo libre disponible y descubrimos que eso nos gusta enormemente. “¡Si lo hubiera sabido antes!”, es el lamento más común. Pero yo pregunto: todo lo que fuiste haciendo antes, ¿no fue acaso necesario para que llegues a este punto? ¿Por qué invalidar el camino recorrido?

Y el otro lamento, es el de lo lento que aprendemos… ¿Y qué importa? ¿Acaso nos corre alguien? ¿Buscamos rendir algún examen? Si lo importante es disfrutar en el aprendizaje, en el proceso de adquirir herramientas o habilidades, y no sólo en un resultado final, “calificable”. Pero es que tenemos grabado a fuego estudiar para examen, y que ese estudio es un sacrificio necesario y horrendo, para saber. No tiene por qué ser así.

Ese aprendizaje, quizás objetivamente lento en comparación con un proceso hecho a los 20 o 25 años de edad, trae otras fascetas. Porque nuestra experiencia de vida genera vínculos con lo nuevo, lo no explorado, y de esta manera lo enriquece. No es posible hacer este tipo de paralelismos cuando una persona es joven, simplemente porque no tiene experiencia para hacerlos.

¿Tenés un aprendiz “viejo”? ¡Bienvenid@ sea! Porque en el proceso aprenderán juntos.

¿Sos vos el/la aprendiz? ¡Dale! No te desanimes, que el camino es duro pero sabrás cómo aprovecharlo.

¡Qué mandona!

Hace muchos años, organicé cursos y campamentos (aún sigo colaborando cuando siento que puedo aportar algo). Eran días maravillosos, al aire libre o bajo techo, compartiendo reflexiones y tareas. En esa época quizás, al estar dentro de un movimiento de mujeres, la Asociación Guías Argentinas, el liderazgo se me dio naturalmente. Poco a poco fui tomando responsabilidades, y si bien la adrenalina del inicio siempre se siente, tuve confianza en que mi estilo de liderazgo estaba bien encaminado. Siempre hay que seguir aprendiendo, y elegí dedicarme a la docencia universitaria (en otro tema, pero sigo usando los recursos que aprendí en las guías).

Por otro lado, comencé a organizar otro tipo de jornadas, talleres y encuentros, ya por fuera de un movimiento de mujeres voluntarias y del caparazón de seguridad que eso supone.  Hubo nuevos desafíos: me encontré con otras realidades. Público más “arisco” si se quiere, donde, a pesar de haber pagado mis servicios, cuestionaba mi liderazgo. A tal punto de notar que las mismas palabras dichas por mí o por un compañero hombre eran tomadas de una manera totalmente diferente.

Se han hecho innumerables estudios sobre cómo se percibe a las mujeres liderando, incluso se han clasificado los estilos de liderazgo como “femenino” y “masculino”. En realidad mucho tiene que ver con el prejuicio: cuando a un hombre le dicen “firme”, a una mujer “inflexible”; cuando a un hombre le dicen “asertivo”, a una mujer, “agresiva”, cuando a él le dicen “comprometido”, a ella “obsesionada”. Se critica el liderazgo de las mujeres desde lugares superfluos, por ejemplo la ropa que lleva puesta o si lleva poco o mucho maquillaje.

Pareciera que los estereotipos siguen reinando, y dentro de ellos, las mujeres estamos mejor en casa que afuera cambiando y creando el mundo. A ninguna de estas barreras de prejuicios se enfrentan ellos cuando quieren liderar. Incluso, en lugares políticos, se ha llegado a poner cupos para que entren mujeres, porque los partidos por propia iniciativa no lo hacían… Y aún así, se cuestiona esos cupos porque se supone que otorgan una ventaja excesiva.

¿Es tan malo que te dirija una mujer?

En mi primer trabajo como ingeniera, y viendo el caos que era la oficina, simulé ser la “secretaria” de todos, para que me dejaran liderar. Charlaba con los chicos de electrónica y nos poníamos de acuerdo cuándo se podía armar el producto, y luego con los de mecánica, para que estuvieran “los fierros” listos a tiempo. Agendaba, coordinaba acciones, pactaba con unos y otros, pero siempre en mi rol de subalterna… Para que no se sintieran incómodos.

Hoy, muchos años después, me pregunto: ¿qué era lo incómodo?

Entiendo el liderazgo como un tipo de servicio al grupo, no como un escalafón y una cadena de mandos, sino como el trabajo de hacer que cada persona se sienta cómoda y trabaje a su mayor potencial. Y vuelvo a encontrarme con barreras de género, con comentarios y ninguneos. Pareciera que mucha gente prefiere que le peguen tres gritos, le den una solución mágica y a otra cosa mariposa. No creo en eso. Creo en los procesos y en la confianza.

En definitiva, para que esta nota no suene a queja, quiero decir que voy a seguir liderando. A ustedes, amables lectores, quisiera pedirles un favor: no dejen de criticar a sus líderes, pero la proxima vez que critiquen a una mujer líder, háganlo desde la vara de la competencia, no del prejuicio.