Indirectas de Facebook

Abrí el facebook y vi tres estados parecidos. Consejos vacíos, basados en generalizaciones, sin siquiera un comentario como para personalizarlos. Y se me dio por hacer un comentario en mi muro: “Pufff… Harta de consejos berretas que no le sirven a nadie y de gente que se cree iluminada”. ¡Uy! ¿Para qué? A los cinco minutos tenía tres contactos peleándose en mi muro porque se sintieron agredidos por mi comentario, creyendo que específicamente me refería a ellos. ¿Qué fue lo que les resonó tanto como para que se hicieran cargo? ¿Se sienten el “ombligo del mundo”? Si lo mío era sólo una queja… Por el contrario vi que hacían comentarios citando entre comillas parte de lo que yo había dicho, pero sin etiquetarme.

wonka-retLas herramientas de comunicación actuales, tales como las redes sociales, son eso: herramientas. Y como todo objeto útil, siempre es mejor usarlo con cuidado y saber que un mal uso nos puede hacer daño.
Todo mensaje tiene, no sólo un emisor y un receptor pasivo, sino un “recrear” del mensaje en el receptor. Ese receptor en una red social no necesariamente era el destinatario original de mi queja o comentario, y esto genera un sin fin de malos entendidos. Y el lenguaje en que se expresa también es parte del mensaje. Una misma cosa se puede expresar de mil maneras, y puede ser interpretada de otras mil. En un mensaje, busque o no estar dirigido, va a tener repercusión en quien lo lea.

¿Qué hacer entonces para evitar estas molestas situaciones?
En primer lugar, por parte de quien escribe, tener el cuidado de no herir susceptibilidades, o bien poner la “queja” en privado, sólo para amigos íntimos.
En segundo lugar, por parte de quien lee, no hacerse cargo sin chequear: “¿vos te referís a mí, a esta situación?”.
En tercer lugar, comunicarse en directo, sin intermediarios ni espectadores. Podrá ser cara a cara, con un llamado telefónico o lo que sea, pero ya en intimidad y sin testigos, sin público.

Justamente lo que más asusta es el tercer paso: mirarnos a los ojos y decir nuestra verdad. Y bancarnos que la verdad del otro, por lo general, no coincide con la nuestra. Si nos interesa recomponer una relación donde hay ruido por un malentendido, hay que aceptar que la otra persona puede tener motivaciones y valores muy diferentes a los nuestros. Lo más valioso de una relación (no importa si es de amigos, de pareja, de familia), es poder superar las crisis y los malos entendidos, porque de allí la relación se fortalece y se vuelve más genuina.

La propuesta es hacer de los malos entendidos una oportunidad para conocer de verdad a los demás (a los que nos importan), a través de una solución compartida y que nos fortalece, nos enriquece.

 

Sexto hábito: saber poner límites

Otra vez me encuentro pensando: ¿para qué le dije que sí? ¿Para qué dije que sí si no tenía ganas, o tiempo, o energía, o no me siento con la capacidad de hacerlo? Por ejemplo: ¿Para qué me sobrecargué de trabajo otra vez? o bien: ¿Por qué dije que iba a participar si no me interesa?

Muchas veces nos sentimos con una obligación moral de hacer ciertas cosas que, en el fondo, ni nos interesan, ni están alineadas con nuestra vida. O simplemente, en el momento nos pareció una idea genial, pero después en su realización era otra cosa. Anulo mis propios deseos para engancharme en los de los otros, que no son genuinamente míos. En un caso extremo dejamos nuestras expectativas de lado y somos objeto de manipulación, y nos terminamos sintiendo usados por la otra persona.

mujer_dice_bastaEn el ámbito laboral, hacernos cargo de horas extra, o de tareas que le corresponden a otra persona que nos ha pedido un favor, o simplemente porque hay que hacerlo en un tiempo determinado y aún no está hecho. Y a veces, ni siquiera son pagas las horas extra, o hay un mínimo de reconocimiento al esfuerzo.

En lo personal, quizás va mucho más allá, porque hay situaciones en las que no podemos percibir claramente cuándo una situación empezó a molestarnos, pero en este momento ya es algo insostenible en nuestra vida. Puede ser el capricho de un niño o niña, que pensamos que no era para darle importancia, pero se repite y hay que ponerle un corte. O un conflicto en la pareja, algo que pensamos que se solucionaría con el correr del tiempo, pero ha empeorado. Porque quizás no fuimos claros a la hora de plantear lo que nos molestaba, y la relación se siguió desarrollando sin tenerlo en cuenta.

Los límites no suelen ser “simpáticos”. Decir que “No” o “Basta”, en general, nos coloca en una situación de confrontación que no es cómoda. ¿Qué pensará si le digo que no? ¿Me querrá menos? ¿Me apreciarán menos en este ambiente?

Pero ¿cuál es el costo de seguir diciendo “sí”? ¿Te lo planteaste alguna vez?

Palabras relacionadas: hábito, límite, emociones

Me desenchufé, pero se me prendió la lamparita

Me cortaron la luz. Estuve un día entero sin energía eléctrica, tal como le había pasado a mis suegros hace dos días, y me dicen que en otros lados fueron (o siguen siendo) varios días… Pero luego de quejarme y hacer el reclamo como hizo todo el mundo, pensé, como siempre: esto que me pasa, ¿cómo lo puedo convertir en oportunidad?

Es difícil convertir la incomodidad y el malestar, sobre todo con el calor del verano, en algo positivo. Pero como suelo decir a veces: la restricción genera creatividad. ¿Qué hacer con mi hija de vacaciones sin tele, sin compu? cortes 2¿Cómo aguantar el calor y trabajar con el corte de luz? En lo doméstico, hacer otras cosas en casa que no requiere energía eléctrica fue renovador. Pileta, juegos de cartas, dibujos, ordenar un rincón lleno de cosas inservibles, y dormirme temprano. En lo laboral, hacer más tareas en mi lugar de trabajo y menos en casa.

Pero sobre todo, al estar sin energía eléctrica se me ocurrieron ideas (que plasmé en papel), y el “desenchufe” me llevó más allá, a reflexionar. Reflexioné sobre las cosas que damos por sentadas: que puedo calentar leche en el microondas, que puedo mirar un video por internet, que puedo prender un ventilador. ¿Cuanta gente no dispone de todo esto? Así que cuando volvió la luz, me sentí agradecida por las cosas de todos los días.

Cuando estamos ante una situación que nos saca de nuestra zona conocida, la reflexion es propicia…  ¿y a vos que te pasa cuando se te corta la luz?

 

Palabras clave: dificultades, oportunidad, creatividad

Sin prisa pero sin pausa

En un artículo anterior, hablamos sobre la importancia que tiene pensar un objetivo concreto y posible.

Este objetivo, que es nuestro horizonte, no debe ocupar todo nuestro campo visual. ¿Por qué no? Porque si constantemente miramos el horizonte, es probable que tropecemos con algo en el camino que no vimos. Un objetivo no se realiza en un solo día. Generalmente, tiene varios pasos, se requiere hacer varias tareas menores para lograrse. Incluso podemos decir que uno no “hace proyectos”, sino que realiza esos pequeños pasos uno a uno, hasta que el proyecto termina.

TortugaPor eso es tan importante, si bien tener en claro adónde llegar, no perder el día a día, avanzar por poco que parezca. Si mi objetivo es tener un lindo jardín, el trabajo se hace todo el año. Si quiero tener un buen estado físico, debo entrenarme varias veces a la semana, con regularidad. Si quiero ahorrar… Etcétera.

La clave es ir haciendo todos los dias alguna tarea, por pequeña que parezca. Si dejamos de hacer un día, hacerlo al día siguiente, pero no perder la regularidad. Porque lo importante no es hacerlo todo rápido y terminar agotados, sino paso a paso, y llegar a destino. Haciendo todo lo posible por disfrutar el proceso, y reconociéndonos y celebrando los avances. Adquirir el hábito de la perseverancia en lo que deseamos, nos hará llegar tarde o temprano.

En medio de todo ese camino de miles de pasos, habrá obstáculos, caídas, paradas a descansar… Seguramente no todo será predecible y monótono. Pero esos imprevistos nos traerán la necesidad por adquirir habilidades: la necesidad de aprender.

Cuando hayamos alcanzado nuestro objetivo, meditemos también cuánto hemos aprendido en el camino.

 

Palabras clave: objetivos, avances, perseverancia, hábitos

Aprender a parar y volver a empezar

El fin de semana, sentí que tenía que parar. Me había sumergido en un ritmo muy intenso a nivel mental, emocional y hasta físico. Sentía que cualquier situación me iba a hacer “volar por el aire”. Tenía una alta probabilidad de tener algún accidente…

Entonces, me di cuenta de que así no iba a ningún lado. A veces, vivimos “apagando incendios” y no nos ponemos a pensar en la causa profunda de las situaciones en las cuales actuamos reactivamente, por impulso, por miedo y en automático. No siempre seguir en el mismo ritmo resuelve las cosas rápidamente, porque también debemos parar a ver si la ruta en la que estamos es la correcta, o no nos lleva a ningún lado que nos interese.  O como dice Drexler “en tren con destino errado, se va mas lento que andando a pie”.

pensarSin embargo ¿sabemos cúal es el origen de nuestro malestar que nos hace sentir  frustrados? Estamos tan “enroscados” que no podemos ver la salida a la situación.Paradójicamente, parar nos hará hacer ir mejor y más rápido a donde queremos.

Por eso, es bueno despejarse un poco, tomar distancia, volver al eje y volver a empezar, de la manera que nos parezca más cercana, más natural. Puede ser desde la realización de actividades rutinarias pero que nos produzcan placer: como cuidar las plantas, cocinar algo rico, pintar una ventana que lo está necesitando. O bien, hacer algo de ejercicio físico: dar una vuelta en bici, salir a caminar, o hasta jugar al tejo (que no parece muy deportivo, pero requiere de una concentración especial). Y siempre está el recurso de tomar unos mates con algún amigo o amiga, en la intimidad, y no en una bulliciosa reunión donde al final nadie escucha a nadie.

En el peor de los casos, donde ya nos parezca que nuestro ritmo es vertiginoso y no nos alcanza con una salida para centrarnos, pensar en tomarnos un tiempo para viajar. No importa que sea un viaje largo a la costa, o simplemente tomarse un día para cambiar de aire, visitar un lugar que nos traiga algo de paz o donde no hayamos estado antes. Buscar un nuevo escenario, para tomar distancia y mejorar la perspectiva de aquello que nos perturba.

Siempre tenemos una estrategia, algun recurso para usar!

Y vos? ¿qué recursos tenés?

 

Palabras clave: frenar, paz, reflexion, viaje

“El ‘no’ ya lo tenemos”: No dejemos pasar las oportunidades!

Las circunstancias que nos toca vivir a veces no son las que querríamos. Y luego de ese momento inicial, de gritar al cielo (“¿por quéeeeee?”) como si hubiera respuesta, ¿qué se hace? La vida no es justa y hay que hacerse a la idea. Criticar y quejarse es una opción que es socialmente aceptable. ¿Nos beneficia? Quizás en una primera instancia nos alivia, pero luego no lleva a nada constructivo, sino que nos posiciona en un lugar destructivo de oportunidades.

oportunidadLas oportunidades no llueven desde el cielo o desde el poder. Oportunidades hay en todos lados para el/la que quiera verlas, como mi primo (músico, DJ, y arreglador de computadoras) cuando se fue a Barcelona en plena crisis española porque vio la oportunidad de desarrollarse mejor que en Buenos Aires. Todo el mundo le decía que estaba loco. ¿Qué vio él que otros no veían? Un tipo creativo, que en Buenos Aires no era remunerado por su arte, allá sí. Y arreglaba compus, que no es un oficio común allá (sólo están las casas oficiales) así que cerró sus ingresos mejor que en Argentina, gracias a un “rebusque” típicamente argentino.

Es muy difícil, quizás, ver en tu propio entorno las posibilidades que se abren. La mayoría de ellas van de la mano de gente que conocemos, y que ante la crisis o un cambio de escenario nos decimos: ¿y qué tal si probamos juntos esto o aquello?

Lo importante es que el miedo no nos paralice: que el impulso, el deseo, le gane la partida a la parálisis que a veces se siente ante lo nuevo y que como sea, actuemos. Es notable la cantidad de ideas que aparecen cuando las compartimos con gente de nuestra confianza, que nos puede dar su perspectiva para enriquecerlas. “El “no” ya lo tenemos”, es decir que si no hacemos nada, ya nos hemos bloqueado un nuevo camino. Intentarlo no nos asegura el éxito, pero tras muchas pruebas fallidas puede salir, finalmente, aquella que nos lleve hacia un trabajo o hacia concretar un proyecto, o continuar con lo que nos apasiona… Quizás estamos tan distraídos justificando nuestra propia visión de la realidad, que no nos dimos cuenta que esta mirada ya no se condice con lo que nos pasa por delante de la cara, y debemos cambiar. No resignarnos, que es una palabra horrible, sino resignificar lo que pasa en nuestro entorno. Darle un significado nuevo que nos abra puertas para continuar.

Y también es una posibilidad: ¿qué pasa si nos dicen que sí?  

Palabras clave: crisis, oportunidad, miedo, equipo, proyecto

La alegría ¿es obligación para las fiestas?

El otro día vi una película donde los protagonistas eran los sentimientos de una persona, y me hizo reflexionar sobre el papel que le damos a la alegría y a la tristeza en nuestras vidas, sobre todo ahora que se acercan las fiestas.

“¡Seamos felices, que lo demás no importa!” se dice, como si ser feliz fuera un estado permanente y absolutamente voluntario.

A veces, ubicamos la felicidad como la llegada a un resultado, un objetivo alcanzado, y tenemos una gratificación por eso. Las fiestas y los rituales nos ubican en esa instancia: hicimos esto o aquello este año que se termina, compartimos una fiesta en familia, y muchos, también una celebración religiosa.

brindis fin de añoAhí donde la felicidad es algo extraordinario, enorme e inalcanzable, hace que lo cotidiano siempre sea ordinario, sin brillo propio. Pero ¿qué pasa con aquellas personas que realmente no se sienten con ánimo festivo, que no se quieren reunir con nadie, ni sienten que “deban” festejar? El brillo pasa a ser algo forzado, y la alegría, un esfuerzo para quedar bien con los demás. Entonces me pregunto ¿por qué no respetar que alguien pueda estar triste, que pueda transitar esa tristeza o lo que sea que siente de la manera que elija, sin obligarlo a participar de algo que le es ajeno?

Las fiestas pueden ser un momento de celebración, pero también de introspección. Y si hay algo ahí dentro nuestro que sentimos que debemos solucionar en soledad, o con una compañía no habitual… Bueno, ¡a juntar coraje y decirlo!

Porque la felicidad, como la paz, no son regalos, son hábitos de vida, hay que trabajar en aprender a ser feliz. Y saber que habrá momentos en que esa felicidad se nos escapa, pero que podemos volver a recuperarla, tan sólo sabiendo transitar los otros sentimientos que quizás no nos son tan gratos: la incertidumbre y el miedo por el futuro, la tristeza por los que ya no están, la frustración por un proyecto que no se realizará. Habiendo recorrido ese camino que nos tocó, volver a encontrar la felicidad en otros paisajes, renovando los vínculos que creemos más necesarios y retomando, quizás, nuestras ideas pero en nuevos proyectos.

Los simples momentos, las situaciones cotidianas, traen felicidad. Saber apreciar los pequeños gestos de amabilidad y también tenerlos; agradecer aquellas cosas que damos quizás damos por sentadas pero que son importantes: una ducha renovadora, una comida con buena comañía, un gato que nos ronronea; llegar a tu trabajo y que el clima laboral sea agradable.

La felicidad no es algo permanente. Y ¿saben que? ¡nada lo es!

 

Palabras relacionadas: emociones, procesos, respeto, fiestas, alegría y tristeza