RESOLUCIÓN – Fuego

Me acerqué al fuego para calentarme un poco. La noche de primavera estaba fresca y los invitados del cumpleaños de mi amiga ya se iban. Como tantas veces, observé el fuego con fascinación. Las llamas eran impredecibles, siempre diferentes en forma y color.

Pensé en nuestro “fuego interno”, aquello que nos impulsa a hacer lo que deseamos, lo que nos hace únicos. También pensé en mis mejores amigos y amigas, que tienen ese espíritu aventurero como el mío. Y lamenté que muchísimas personas sofocaran ese fuego en haras de una supuesta seguridad.

Nada más triste que ver cómo la chispa de una persona es apagada por un ambiente laboral o escolar adverso, y nada más hermoso que ver como esa chispa se transforma en fuego.

Muchas veces hemos asociado el fuego con la destrucción, y sin embargo lo pienso ahora como la transformación de una cosa en otra. Tomar madera y convertirla en luz y calor, en energía liberada… Tomar una idea, un grupo de personas y convertirlos en proyectos que se realizan y crean nuevas realidades, arte, tecnología, lo que sea.

Se piensa que la civilización empezó en el momento en que los individuos se nuclearon en torno al fuego. Cocinar los alimentos, espantar a las fieras, o simplemente calentar el ambiente. Ese poder que tienen las llamas de abstraernos, también dio lugar a la comunicación: contar historias alrededor de la fogata, hacer planes para el invierno, decidir en grupo.

Narrar, planear, decidir, actuar. El fuego nos provee de la energía necesaria para ir adelante, transformándolo todo. Nuestra resolución nos impulsa hacia adelante para concretar proyectos y tomar decisiones, y no sólo seguir soñando…

¿Qué te dice tu chispa interior?

Anuncios

La importancia de jugar, la importancia de jugarse

Cuantas veces siendo chico te que quedaste horas y horas inmerso en tu juego favorito? Ahí era cuando el tiempo pasaba volando y no tenias hambre ni sueño…

Ya está más que demostrado que el juego es una actividad muy importante en nuestras vidas. Es un momento en donde nuestra creatividad se estimula por medio de la estructura que nos enmarca. El juego tiene reglas como la vida: de cómo las interpretamos será el resultado, si ganamos o perdemos.

Jugando aj“Jugársela” quizás tenga que ver con esto, con involucrarse por completo en lo que estamos emprendiendo, disfrutando del proceso y no sólo del resultado. Por nuestro entorno quizás no es comprendido el grado de compromiso que requiere, y es probable que familiares y amigos intenten desanimarnos de arriesgar demasiado. Pero es saliendo de nuestra “cajita de confort” como se logran los mejores resultados.

Por supuesto que jugársela trae aparejados riesgos reales y factibles. Ese enfoque en nuestro proyecto no tiene que cegarnos a la gama de posibilidades: desde el resultado deseado al fracaso. Pero no involucrarse en el proyecto seguramente nos dejará un sinsabor, una sensación de “podría haberlo hecho mejor”.

¿Cuándo, entonces, jugarsela o no? Lo primero es preguntarnos a nosotros mismos qué tan importante para nuestra vida es la idea que queremos emprender. Esto, de aquí a 5 años, ¿me importará? ¿Tendrá sentido, podrá crecer? Si es así, es mejor tomar el riesgo y seguir adelante con todas nuestras energías, que luego lamentarse de no haber concretado nada. Por el contrario, si la importancia de la idea es en realidad para terceros, o no es genuinamente nuestra, ¿para qué molestarse?

Y vos, ¿te la jugás?

 

Palabras clave: juego, proyectos, compromiso

Aprender a consensuar

La paz no es simplemente la ausencia de la guerra. No es un estado pasivo de existencia.
Debemos hacer la paz con la misma cautela con que hacemos la guerra.

EL XIV DALAI LAMA

En estos dias, estoy estrenando una nueva actividad: lograr conciliar que dos personas puedan negociar un contrato de alquiler. Si la situación fuera mas estable y predecible, en principio, no sería un tema que vaya a generar un gran conflicto. Pero tratandose de nuestro país, y de la reciente y brutal devaluación, la situación toma otro matiz. ¿Cómo hacer para que dos personas que tienen que negociar un precio justo se pongan de acuerdo? Es muy difcícil, en un contexto de inestabilidad económica, pensar de aquí a dos años, sin desfavorecer a alguna de las partes: ni poner un alquiler imposible de pagar, ni uno donde se esté regalando el lugar.

acuerdo retTodo el tiempo estamos rodeados de personas con intereses distintos a los nuestros. En diferentes contextos y por malos entendidos, falta de comunicación y falta de acuerdos, llegamos a enfrentar situaciones de conflicto que afectan nuestra vida cotidiana. Una misma frase dicha en diferentes entonaciones tiene distintos significados. Una misma frase, dicha con la misma entonación pero en otro contexto, también puede variar su significado.

Como pusimos en el epígrafe, para lograr un estado de armonía, hay que realizar acciones tendientes a tal fin.  La paz, no es el estado “natural” de ningún grupo (como tampoco lo es el conflicto) sino que es un estado alcanzado y que debe sostenerse activamente. Para llegar a él, deben modificarse hábitos, cuestionarnos creencias muy arraigadas y actitudes que impiden tal estado. Una de las actitudes que nos perjudican más para un acuerdo, son los prejuicios. Entablar una negociación presuponiendo intenciones en la otra parte, sin cerciorarlas, suele llevar al desastre. Todos tenemos prejuicios, y la mejor manera de combatirlos es preguntar, indagar las motivaciones de la otra parte.

Aprender a lograr acuerdos requiere de esfuerzo y paciencia, saber escuchar al otro, como primera instancia. Luego, consensuar requiere la intención de buscar intereses en común para de esta manera lograr aunar voluntades.

Podría pensarse que lograr un acuerdo se trata de lograr expresar lo que uno quiere fielmente. Pero por más que las dos partes lo hagan, esto no lleva a una conclusión. Lo que más cuesta y lo que más interesa es la habilidad de escuchar, y la creatividad para buscar una solución que beneficie a ambas partes.

Vos, ¿escuchás cuando estás negociando?

Palabras clave: escuchar, acuerdo, negociación, paz, acción

Poder decir Adiós…es CRECER!

Esta frase de una canción de Cerati, me parece que sintetiza bien, lo que vengo a contar.

En esta semana, dos muy amigas mías, van a comenzar una nueva etapa de sus vidas, en otra ciudad, siguiendo sus sueños. Comenzando nuevos vínculos, retomando otros, armando proyectos con vuelo propio. Tal vez de eso se tratan las mudanzas, de ir hacia lo nuevo, de apostar a lo desconocido.

viaje amigas x2En relación a como siento esta situación, se me presentaron dos cuestiones muy fuertes. La primera, era hacia la emoción del apego que tenemos hacia las personas, a las distancias y  a la inmediata angustia y tristeza que a veces nos generan las despedidas. La segunda emoción, también asociada a la pérdida, eran sobre las zonas de confort que nos creamos sobre nuestras rutinas conocidas, previsibles y como una mudanza viene a cambiarlas.

El punto en común, era el miedo a perder. Y la inmediata necesidad de buscar retener. Esta  fue un primera forma de enfocar la situación.

En cambio, mi segunda mirada fue más constructiva. Vi el “vaso medio lleno” y ahí descubro el inmenso coraje que tienen estas mujeres para afrontar el cambio. Su crecimiento personal, porque si bien es un cambio decidido, elegido y buscado, no obstante, ¡cuántas emociones y pensamientos nos generan!

¿Cuántas veces el miedo de poder volar por nosotros mismos, lo buscamos desviar y lo usamos en asustarnos por el vuelo del otro? ¿Por qué ponemos un velo de miedo entre nosotros, nuestras posibilidades?

¿Qué frenos nos ponemos a nosotros mismos para crecer?

 

Palabras clave: cambio, emociones, viajes

Lo que se rev(b)ela en mí

El cuarto oscuro. Siempre me pregunté por qué se llama así a ese cuarto para ir a elegir una boleta de un candidato, que luego meteremos en la urna. Y se me ocurre pensar en el cuarto oscuro de las fotografías…

Para revelar una fotografía, se necesita un cuarto en el que no haya luz, para que no interfiera con el proceso de revelado. Si bien tiene luces color rojo, éstas no afectan el proceso, y son muy tenues. Y hay que sumergir el papel en la batea con el líquido y esperar que la química actúe, para que aparezca la imagen.

¿Hay alguna manera de relacionar esto? Creo que se pueden tomar algunos puntos en común.

Para empezar, la oscuridad del cuarto, que podríamos pensar como algo necesario, imprescindible. La necesidad de un ambiente adecuado para que el proceso se desarrolle. Un lugar donde todo comienza, y que debe ser respetado a rajatabla. Y que ese ambiente sea “oscuro”, sin interferencias exteriores, para que el proceso sea limpio.

Luego, la necesidad de esperar a que los químicos, con sus tiempos, actúen como se supone que debe ser, y que finalmente se revele el resultado. No se puede saber antes a ciencia cierta, sino por un boca de urna o por una imagen muy difusa.

Y luego, la imagen aparece. Clara, nítida, la fotografía, el resultado de la elección.

Hasta aquí la analogía.

Ahora me pregunto: “¿qué se revela en mí?” al entrar al cuarto oscuro, qué característica de mi carácter toma preponderancia. ¿Es la esperanza de un cambio, o por el contrario, de la continuación de un proyecto? ¿Es el creer en el futuro con ese candidato convertido en funcionario, o es simple resignación?

Y me pregunto, más aún: “¿Qué se rebela en mí?”. urna cuarto oscuro¿Qué aspecto no está en paz con el entorno, y qué puedo hacer para cambiar eso? ¿Qué aparece como emergente en el país, provincia o ciudad, que urge cambiar? Incluso si esa rebelión llega a ser el hecho de no estar de acuerdo con la obligación de ir a votar, y decidir dejar que otros elijan y quedarme al margen.

Creo que esos dos aspectos son importantes: Aquello interno que aparece como parte importante de mí misma, y aquello externo que me molesta, con lo que no estoy de acuerdo.

Y pienso que en este día tan importante para la construcción de la democracia (que se hace todos los días y no sólo los de elecciones), se ponen en juego mis convicciones, y mi manera de interactuar con las demás personas que conforman mi país.

Un cuarto oscuro, donde comienza el proceso. Y a vos, ¿que te rev(b)ela?

Palabras clave: elecciones, democracia, procesos.

Solo por hoy… ¡ACCIÓN!

“Para hacer un camino de mil millas, se precisa dar el primer paso”…

Lao Tse

Sí, solo por hoy me dedico a HACER, ACTUAR, ACCIONAR… Todos los verbos que se asocian con el movimiento, a ir para adelante, a no postergar más para mañana lo que podemos hacer hoy.  Asumir la responsabilidad de nuestras tareas, y obrar en consecuencia.

Hacer una acción, por pequeña que parezca, es mi “tip” para salir de mi momento de inacción, de frustración, de no saber qué hacer para salir de ese estado de larva en el cual me siento, paralizada.

Acción, es hacer que las cosas sucedan. No esperar, generarlas, poner primera y salir, no bajar cambios, subirlos y tomar velocidad y estar en el camino.

Propiciar, no esperar a que te llamen, llamar y generar encuentros, oportunidades de trabajos nuevos, negocios, nuevos contactos.

Arrancar con el gimnasio…film-claqueta-accion

Retomar un trabajo inconcluso…

Anotarte en el próximo evento de reunión de emprendedores…

Arrancar con ese curso on line que te gusta y no encontrás tiempo para hacer… ¿Viste los cursos que ofrecemos?  ;0)

Sólo por hoy: ¡¡ACCIÓN!! Vos podés salir de la cómoda queja a la positiva acción. Al fin, y al cabo, vamos a ser recordados por lo que hacemos, no por lo que pensamos que íbamos a hacer….

Ponerse en acción en la dirección correcta. Cuando es la dirección correcta, todo se simplifica. La gente aparece, los recursos también. Abandonarse a la acción es confiar en que el destino, la suerte o Dios, como quieras llamarlo, nos ayudará. El universo “se alinea” y no es una solo una frase de Coelho.

 

Palabras clave: acción, decisión, primer paso

 

promo GETPromo ComPromo EqCreat

 

De la Posibilidad a la Acción

Frustrada, cansada, enojada. Así me siento luego de muchos intentos fallidos de arrancar la moto. Parece que tiene problemas de batería, y ya le cambiaron el regulador de tensión, pero… Son esos momentos donde uno piensa: “¿Y quién me manda a mí…?”

Desde chica, siempre quise tener una moto. Recuerdo que mi primer sueldo, aprovechando que todavía vivía con mis padres, me lo gasté en unos pantalones de cuero. Para cuando tuviera la moto. Después, me compré una moto a medias con mi novio de entonces, y aprendí a manejar, de a poco, en la rambla. Al principio tenía terror de doblar (y tirar el cuerpo al costado), de caerme, de lastimarme. Pero valió la pena superar esos miedos.

El tiempo pasó, la moto se deterioró, no conseguimos repuestos…

Durante muchos años, ese deseo sólo quedó de nuevo en mis sueños.

Hasta que un día pensé que ya había esperado demasiado, que ya era tiempo de hacer algo al respecto. Así que hace dos años me compré una moto. No una motito cualquiera, sino una tipo “custom”, usada, nacional, pero enorme. Enorme para mí, que no tengo una gran contextura física.

Y me pregunto qué fue lo que me hizo decidirme. Porque cualquiera que ha tenido un vehículo, sabe que se compra la comodidad del transporte, un poco de libertad, pero también un montón de problemas (y dinero) que hacen al mantenimiento.

 

Yo creo que lo que me hizo dar el paso y concretar mi sueño (en este caso, de la moto propia) fue hacer una serie de preguntas: ¿De verdad quiero esto? ¿Qué tanto lo quiero? ¿O es sólo un capricho pasajero?  ¿No es el deseo de otra persona, del cual me estoy haciendo cargo?

Y una más, muy importante: ¿qué estoy dispuesta a dar o a perder, con tal de realizar mi deseo?

Me doy cuenta de que el deseo de tener una moto es genuino, cada vez que subo y al arrancarla siento su ronrroneo, cada vez que siento el viento en la cara y el pecho (y helándome las manos, también). Esa sensación de volar, por más que no vaya muy rápido. La comodidad de estacionar en cualquier lado, lo barato que sale el combustible, la facilidad para pasar embotellamientos.

Y no importa que hoy me sienta enojada o frustrada porque no arranque, sino que es parte del riesgo que asumí al comprarla. Como toda realización de un sueño.

 

Cuando nos animamos a algo largamente esperado, o emprendemos un proyecto,  siempre habrá una parte que nos guste, nos estimule, nos emocione. Y otra parte que “viene en el combo”, que detestamos. Es importante evaluar, entonces, esa parte también. Por supuesto que en muchos casos, no podremos ver a ciencia cierta el balance entre lo bueno y lo malo de lo que elegimos realizar. Pero no es malo el ejercicio de imaginarlo.

moto soñadaEste razonamiento vale para todo tipo de decisiones que nos cambian, en mayor o menor medida, la vida: Tener un hijo, mudarse de ciudad, empezar una carrera y recibirse, comprarse una computadora, cambiar de trabajo, abrir una empresa, ponerse de novio o casarse…

 

“Qué lindo sería…”

“Ya a mi edad no puedo…”

“Me encanta como te queda, pero yo no me animo.”

¿Cuántas veces dijimos estas frases y otras del estilo? Y pienso que el mejor momento de hacer algo que realmente nos gusta es ahora, el único momento sobre el cual tenemos control, porque el pasado ya no lo podemos cambiar y el futuro no llegó.

 

“¿Esa es tu moto?” Me dicen, incrédulos, al verla. Muchos se imaginan que tengo un ciclomotor… Y aunque ahora esté despotricando porque la batería que seguramente tengo que comprar es cara, sigo contenta con mi mi moto y con mi elección de tenerla. Ya sortearé este obstáculo, y volveré a disfrutar con ella del camino.

Encontrarse no sólo con la posibilidad, sino atreverse a tomarla, a hacerla realidad y convertirla en acción: ¿te animás?

 

Palabras clave: posibilidad, acción, decisión