Conversaciones que nutren

A quién no se le ha hecho la pregunta “¿Qué te pasa?”, con una conocida respuesta defensiva: “Nada”. Acto seguido el cuerpo de la persona que lo dice narrará con lujo de detalles aquello que no está contando con sus palabras.

Como dice uno de los postulados de la Programación Neurolingüïstica: “toda comunicación es redundante.”. Y aquí se pone más interesante aún: aún no queriendo conversar, eligiendo no entrar en una conversación (digámoslo de alguna manera, verbal), estamos conversando: comunicando en ese silencio nuestro miedo, nuestro desacuerdo o enojo, nuestra indiferencia, lo que sea.

Simplemente no podemos dejar de comunicar, por acción o por omisión.

Y si la comunicación es redundante, podemos pensar también que aunque nos empeñemos en ocultar lo que realmente nos pasa emocionalmente, lo comunicaremos por otro canal. Es importante, a mi parecer, dejar los canales de comunicación abiertos. Las personas cambian de ideas, las vivencias nos hacen evolucionar, las relaciones cambian todo el tiempo. Dejar de conversar es dejar morir una relación. A menos que realmente ya no haya nada que comunicar, ni forma de relacionarse sanamente (y en ese caso, mejor matar la relación con un bloque de silencio y distancia).

 conversacionSi por el contrario, ante un conflicto busco de qué manera conversar, esa comunicación es nutritiva y nunca las dos partes quedarán “inmunes” al resultado.

Maturana, biólogo y uno de los referentes del coaching ontológico, nos dice que “todo el quehacer humano ocurre en conversaciones”. Es una afirmación muy interesante, porque desde el punto de vista del coaching, incluso las organizaciones son redes de conversaciones. Y cuando falta un resultado, falta una conversación. Y cuando no es posible tener esa conversación, aún es posible tener la conversación acerca de la conversación que necesitamos. Un enredo, ¿no?

Pero bueno, llevándolo al plano personal, las conversaciones genuinas y necesarias son las que se dan acerca de nuestro mundo emocional. Porque hasta el proyecto de ingeniería más frío, es impulsado por las emociones de las personas que lo llevan adelante. Puedo conversar con mi jefe o jefa, puedo hacer un paro porque la patronal no quiere aumentarme el sueldo, puedo exponer un plan de mejoras en el ambiente laboral a mis compañerxs… Puedo conversar con mi pareja, con un amigo o amiga, o incluso conmigo misma.Todas son conversaciones. Las conversaciones incluso no siempre son palabras.

El coaching nos invita a pensar: “¿qué quiero que pase?” y exponerlo dentro de una conversación. Si ese intercambio es genuino, y mostramos nuestras expectativas, es más probable que llegue a buen puerto. En ese ir y venir de opiniones, donde los puntos de vista a veces se aúnan y otras veces se complementan, podemos expandir nuestras posibilidades y nutrirnos para lograr lo que necesitamos. En una conversación con un coach, además, puedo definir el camino para hacer que pase lo que deseo.

Y vos, ¿con quién elegís conversar para nutrirte?

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