El enojo que resuelve

La primera vez que vi esa frase, en un libro del Dr Levy sobre emociones, me llamó la atención por lo contradictoria. Supuse que ese era el efecto buscado: una cuestión de publicidad. Pero luego, al trabajar con esta emoción y no solamente con la mirada de Levy, me di cuenta de su veracidad.

Como una primera aproximación al enojo: ¿por qué nos enojamos? ¿qué cosas nos causan enojo? Por lo general, el enojo se nos dispara por una expectativa no cumplida. Puede ser desde una cita a la que nuestro amigo llegó impuntual (la expectativa era acerca de un horario) o por una tarea que encargamos a alguien que no la terminó o no se encargó (la expectativa era acerca de la realización de esa tarea). Por tanto podemos concluir: cualquier expectativa que tengamos sobre los demás, e incluso sobre nosotrxs mismxs, si no se cumple, puede causarnos enojo (también tristeza, pero no es el tema de esta nota). ¿Quiere decir esto que no debemos tener ninguna expectativa sobre lxs demás? Bueno, quizás eso es algo extremo. Pero sí, al identificar nuestras expectativas, podemos manejar el enojo. ¿De qué manera?

-Mirá, esperaba que hicieras “esto”, de acuerdo a lo que acordamos… ¿Qué podemos hacer para que no me sienta frustrada con esto?

Estamos buscando alternativas al enojo, a explotar y decir cosas de las cuales quizás nos arrepintamos más tarde.

¿Y qué pasa cuando el enojo es conmigo? Porque no supe hacer algo, cortar con una situación injusta quizás, porque no rendí como debía… Ahí podemos ver que tenemos como dos “vocecitas” internas: esa que nos critica y nos castiga, y otra que, débilmente, se defiende. Podemos escuchar cómo nos maltratamos por haber fallado, y cómo tratamos de no sentirnos tan mal.

Pero la verdadera novedad es que siempre, siempre, el enojo es conmigo. Ya sea por poner expectativas elevadas con mi comportamiento o con el de los demás. Esto no quiere decir que no tengamos que hacer nada al respecto, sino todo lo contrario: “blanquear”, dar a conocer nuestras expectativas, nos ayuda a superar el enojo. A RESOLVER. Y una vez que puse a la vista eso que deseaba que pase y no sucedió, decidir qué hacer.

Muchas veces nuestro enojo es contra un maltrato: ¿cómo fue que llegamos a una situación donde permitimos que nos maltraten? Otras veces, acerca de una demostración de cariño que nunca llegó, o lo que nosotrxs consideramos que es una demostración de cariño según nuestros estándares. ¿Por qué pretendo que todo el mundo se exprese como a mí me gustaría?

La cuestión es una y otra vez volvernos hacia nosotrxs y pensar qué cambiar en nuestra propia persona para soltar, para liberar eso que nos ata en el enojo, y actuar en consecuencia. No frenarlo, porque eso lo único que hará es retrasarlo y volverlo peor, sino encauzarlo.

¿Fácil? No, para nada. ¿Necesario? Yo diría que imprescindible.

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Nuevos comienzos, viejos propósitos

“¡Feliz año nuevo!”

Pareciera que el año nuevo nos diera luz verde para soñar, para pensar que “este año finalmente…” lograremos aquello que nos propusimos. Lamentablemente muchas veces no pasa de una ilusión, y el año que parece nuevo, al llegar a febrero ya tiene olor a naftalina: la vieja rutina de siempre. ¿Por qué? ¿Por qué nos limitamos a soñar solamente en año nuevo? ¿Por qué decimos que vamos a empezar la dieta un lunes? ¿O anotarnos en el gimnasio en Septiembre?

El deseo puro no hace que se concreten los proyectos. Y así, año tras año, nos proponemos hacer por fin tal viaje, bajar de peso, hacer una vida más saludable, ampliar la casa… y un sinnúmero de propósitos que, una vez que vemos la lista, nos desanima.

¿Qué hacer para salir de esa trampa y no desanimarnos antes de tiempo?

Lo que a mí suele funcionarme son varias cosas:

  • No hacer listas de propósitos enormes y larguísimas. Ya habrá tiempo para esto, para lo otro. Si el mismo año me propongo hacer dos cosas que llevarán mucho dinero o demandarán demasiado tiempo juntas, quizás sea mejor idea hacer una de esas cosas y la otra dejarla para el año que viene. Sin culpa, sabiendo que podré enfocarme mejor.
  • Conseguir “cómplices”. Si empezar a ir al gimnasio me da mucha pereza o me aburre, buscar alguien que quiera empezar conmigo. Si quiero hacer un viaje, entusiasmar a un amigo y compartir esa experiencia y, de paso, los gastos.
  • Buscar alternativas. Si aparecen obstáculos, no quedarme con la frustración, sino buscar de qué manera puedo hacer lo que quiero o algo parecido. Por ejemplo si el gimnasio no me gusta, buscar una clase de danza o unirme a un grupo de ciclistas.
  • ¡Llevar una agenda! Mi agenda es casi un diario íntimo, y anoto los compromisos, reuniones y demás, pero también cómo me fue esa semana. Cada tanto miro el camino recorrido, como para observar avances. Y si no veo que haya adelantado nada, también es una alerta para activar.

Pero sobre todo:

  • Enfocarme en el proceso, más que en la meta. De vez en cuando, chequear que estamos en el rumbo correcto; pero mientras tanto, disfrutar de planear un viaje, de comprar los materiales para construir parte de mi casa, de lo que me voy fortaleciendo en el gimnasio o lo que aprendí en la clase de idiomas en que me anoté. ¿Estoy disfrutando de esto? ¿O es sólo una imposición externa?

Puede suceder que en el proceso de realizar un proyecto, aprenda cosas enriquecedoras o conozca gente interesante… Aún sin lograr al 100% lo que me propuse, la experiencia vale la pena.

Y vos, ¿qué te propusiste este año?

Si necesitás de un empujoncito para “tirarte a la pileta”, no dudes en contactarme. A veces una conversación con un coach puede aclararte el panorama.

 

 

 

CENTRAMIENTO – Espíritu

Pasaron varios días desde que escribí la última reflexión. Más allá de mis múltiples ocupaciones, no me sentía “centrada”, sino en desequilibrio. Así que estuve siguiendo una meditación online, todos los días, y reflexionando un poco.

¿Y qué es estar “centrada” para mí? Varias cosas, todas en un estado. Por un lado, no poner expectativas en los demás, sino en mí misma, porque es a quien puedo cambiar. Sí hacer oír mi voz, pero sin pretensiones de única verdad. Dar lo mejor de mí misma, para estar contenta, no por una exigencia exterior. Por otro lado, sentir que todo el amor qe necesito ya lo tengo de mí misma. Por añadidura, tengo muchas personas que me rodean, a quienes puedo dar amor y ellxs me lo darán a su manera. Sabiendo estar a solas conmigo, y en plenitud, relacionarme con otras personas es más fácil y fluye más, porque no necesito “completarme” con la otra persona, generando cargas en una relación.

Estar centrada es encontrar mi propio espíritu y mis propios recursos para tenerlos disponibles cuando lo desee. Es tener una intención, y confiar en que todo lo que suceda se irá alineando para conseguirlo, si es genuino. ¡Ya lo vivencié muchas veces!

Saber que mi fuego interior puede guiarme a la acción con resolución y también marcar el camino a otrxs, iluminar sin quemar.

Que mi aire me servirá para pensar con cuidado, y adaptarme a las circunstancias, con flexibilidad.

Y mi agua escuchará las emociones que son parte importante de mi ser, con apertura hacia  los demás.

Y saber también que necesito de mi tierra para recordar de donde vengo y afirmarme en mi identidad cuando lo necesite.

Todo esto puedo encontrar cuando le presto atención a mi centro, a mi espíritu, en silencio.

Y vos, ¿cómo logras centrarte?

 

Este es el quinto de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

RESOLUCIÓN – Fuego

Me acerqué al fuego para calentarme un poco. La noche de primavera estaba fresca y los invitados del cumpleaños de mi amiga ya se iban. Como tantas veces, observé el fuego con fascinación. Las llamas eran impredecibles, siempre diferentes en forma y color.

Pensé en nuestro “fuego interno”, aquello que nos impulsa a hacer lo que deseamos, lo que nos hace únicos. También pensé en mis mejores amigos y amigas, que tienen ese espíritu aventurero como el mío. Y lamenté que muchísimas personas sofocaran ese fuego en haras de una supuesta seguridad.

Nada más triste que ver cómo la chispa de una persona es apagada por un ambiente laboral o escolar adverso, y nada más hermoso que ver como esa chispa se transforma en fuego.

Muchas veces hemos asociado el fuego con la destrucción, y sin embargo lo pienso ahora como la transformación de una cosa en otra. Tomar madera y convertirla en luz y calor, en energía liberada… Tomar una idea, un grupo de personas y convertirlos en proyectos que se realizan y crean nuevas realidades, arte, tecnología, lo que sea.

Se piensa que la civilización empezó en el momento en que los individuos se nuclearon en torno al fuego. Cocinar los alimentos, espantar a las fieras, o simplemente calentar el ambiente. Ese poder que tienen las llamas de abstraernos, también dio lugar a la comunicación: contar historias alrededor de la fogata, hacer planes para el invierno, decidir en grupo.

Narrar, planear, decidir, actuar. El fuego nos provee de la energía necesaria para ir adelante, transformándolo todo. Nuestra resolución nos impulsa hacia adelante para concretar proyectos y tomar decisiones, y no sólo seguir soñando…

¿Qué te dice tu chispa interior?

FLEXIBILIDAD – Aire

Esperé su respuesta para agendar un encuentro e ir organizando mi semana. “Vamos viendo”, me contestó. Mi lapicera quedó en suspenso sobre la hoja y por unos instantes no supe qué hacer. Dejar abierta la agenda significaba no poder acomodar otras actividades en mis tiempos disponibles. Por un momento me enojé, y luego comprendí que mi enojo era una muestra de mi falta de flexibilidad.

Dejar abierta una posibilidad es como dejar abierta una ventana: aireel aire fresco entra y se renueva en la habitación. Sin tener toda la agenda cubierta, puedo adaptarme a lo que vaya surgiendo, y quizás como dice Tom Hank en el Naufrago: “algo traerá la marea”.

No quiere decir que voy a aceptar cualquier cosa que surja, pero sí significa que puedo contemplar más opciones antes de involucrarme. Eso incluso me permite jugar, ser más creativa, estar dispuesta a enfrentar con serenidad imprevistos y contratiempos.

Si tengo un exceso de flexibilidad es probable que nunca concrete nada, o bien que el resultado sea impredecible. En el otro extremo, una excesiva rigidez me quita habilidad para resolver situaciones no programadas o esperadas.

Si lo llevamos al plano de las relacioneflexibllidad aires personales, el aire siempre viene bien para no sentirnos ahogados. Tener todo previsto y preparado nos quita la sorpresa, y hasta quizás algo de disfrute, nos sume en la rutina. Pero demasiado aire nos hará sentir desconectados con los demás, sin empatía, como “flotando” por encima de cualquier situación, sin involucrarnos ni decidir nada, con una  dirección incierta.

Y con nuestros sueños, otro tanto: podemos divagar y ver alternativas para enriquecerlos, pero muchas veces el “algún día lo haré” termina por no definir un proyecto que se concreta.

El aire impulsa, inicia, es el comienzo de una acción en potencia. Lo necesitamos para flexibilizar nuestra mente y contemplar posibilidades antes de juzgarlas y decidir, y para ser creativos.

¿Cuánto aire y flexibilidad hay en nuestra vida?

 

Este artículo es el tercero de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

APERTURA – Agua

APERTURA – Agua

Estaba triste el otro día. No recuerdo bien por qué, si el clima lluvioso sumado al cansancio de la semana, o había pasado algo relevante que me pusiera en ese estado. Una amiga se acercó y me dijo: “Vamos a hacer algo, ¡distraete! No pienses más, ya fue”. Mi primera reacción, por supuesto, fue de agradecimiento y acepté el “distraerme” por un rato. Me puse a ver unos videos que tenía postergados… Sin embargo cuando terminé de hacer eso y me fui a la cocina a preparar la cena, estaba peor.

Y me pregunté: ¿es obligatorio estar alegre? Y también: agua¿por qué ciertas emociones parecen tener mala prensa, y las negamos o tratamos de que desaparezcan mágicamente?

Mientras lavaba los platos, me abrí a la emoción de tristeza y descubrí que tenía algo que resolver. Que estaba a la mano, no era tan difícil, pero requería de decisión… Junto con el agua, me dejé fluir, y observé sin juzgar el ir y venir de emociones. Recurrí a mi lado intuitivo, no me puse a evaluar mis emociones sino a experimentarlas, sumergirme en ellas, aceptarlas.

Y claro, tratamos a la tristeza y al enojo como si fueran nuestros enemigos, y los combatimos. Como si esas emociones por sí solas nos “arruinaran la vida”, y no meros indicadores de que algo anda mal y hay que prestarle atención. ¿Por qué no las escuchamos? Hay muchas emociones que, mezcladas, se van realimentando cuando las desatendemos… Por ejemplo, si tenemos miedo de algo y no lo enfrentamos, luego se transforma en frustración o enojo por una expectativa que no podemos cumplir, y quizás después pase a ser tristeza por no salir de esa situación.

Las emociones se mezclan unas con otras, y no sólo es bueno escuchar las propias, sino también las de aquellas personas a quienes amamos. Porque muchas veces necesitamos una persona que escuche, que apenas intervenga, pero que nos sirva de espejo para vernos mejor y decidir qué hacer.

El enojo puede ser nuestro aliado a la hora de decir “basta” a una situación desventajosa.

La tristeza puede ayudarnos a entender la importancia que tienen las cosas o las personas…

Y así con cada emoción que se nos ocurra. Dejarnos fluir como el agua, a ver adónde nos lleva ese sentimiento, puede ser un viaje peligroso, pero seguro que luego de emprenderlo habremos aprendido algo. ¿Te animas a dejarte fluir?

 

Este artículo es el segundo de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

 

Día del coach: ¡celebremos!

Ante todo quisiera agradecer lo mucho que ha hecho el coaching por mi vida. Agradezco a las personas que me han enseñado tantas herramientas y me han hecho distinguir para poder elegir. El hecho de descubrir que puedo, a través del cambio de mirada, mejorar mi vida, me ha hecho mucho más fuerte, decidida, más feliz. Cada vez que me encuentro ante una dificultad, recuerdo las palabras de uno de mis mentores:
“Cuando falta un resultado, falta una conversación”.
Porque como dice Maturana, somos seres emocionales y nuestra vida ocurre en conversaciones.

“Nada te puedo dar que no exista ya en tu interior…”

Hay mucho coaching dando vueltas ahora, y pareciera que se venden recetas mágicas, que intantáneamente te hacen llegar adonde quieras. No, m’hijito… Todo cambio es un proceso, a veces doloroso, porque hay que desprenderse de cosas conocidas y queridas, aunque nos hagan daño. Un coach viene a desestabilizar tu vida, porque te hace de espejo para que cuestiones tu “realidad”, o mejor dicho, el mapa mental que tenés de ella.

Lo que hacemos no es algo violento y terrible, como despegar una curita del golpe, sino que nace desde una mirada compasiva, servicial: nos vinculamos desde el amor. Te proponemos autoexaminarte y descubrir en vos mism@ tus propios recursos. ¿Cuál es el truco? No somos consultores, no sabemos nada sobre tu vida y tus negocios, pero lo que sí sabemos son las trampas que te pone el lenguaje, y cómo sortearlas para lograr lo que querés.

Eso sí: te acompañamos… pero sos vos el/la protagonista del camino.

Y lo más lindo es que el logro te pertenece! ¿No es genial?

Por todo esto y mucho más, que fui descubriendo junto a otros colegas, leyendo y aprendiendo, repito:

¡Feliz día del coach!

¡Gracias, gracias, gracias!