Día del coach: ¡celebremos!

Ante todo quisiera agradecer lo mucho que ha hecho el coaching por mi vida. Agradezco a las personas que me han enseñado tantas herramientas y me han hecho distinguir para poder elegir. El hecho de descubrir que puedo, a través del cambio de mirada, mejorar mi vida, me ha hecho mucho más fuerte, decidida, más feliz. Cada vez que me encuentro ante una dificultad, recuerdo las palabras de uno de mis mentores:
“Cuando falta un resultado, falta una conversación”.
Porque como dice Maturana, somos seres emocionales y nuestra vida ocurre en conversaciones.

“Nada te puedo dar que no exista ya en tu interior…”

Hay mucho coaching dando vueltas ahora, y pareciera que se venden recetas mágicas, que intantáneamente te hacen llegar adonde quieras. No, m’hijito… Todo cambio es un proceso, a veces doloroso, porque hay que desprenderse de cosas conocidas y queridas, aunque nos hagan daño. Un coach viene a desestabilizar tu vida, porque te hace de espejo para que cuestiones tu “realidad”, o mejor dicho, el mapa mental que tenés de ella.

Lo que hacemos no es algo violento y terrible, como despegar una curita del golpe, sino que nace desde una mirada compasiva, servicial: nos vinculamos desde el amor. Te proponemos autoexaminarte y descubrir en vos mism@ tus propios recursos. ¿Cuál es el truco? No somos consultores, no sabemos nada sobre tu vida y tus negocios, pero lo que sí sabemos son las trampas que te pone el lenguaje, y cómo sortearlas para lograr lo que querés.

Eso sí: te acompañamos… pero sos vos el/la protagonista del camino.

Y lo más lindo es que el logro te pertenece! ¿No es genial?

Por todo esto y mucho más, que fui descubriendo junto a otros colegas, leyendo y aprendiendo, repito:

¡Feliz día del coach!

¡Gracias, gracias, gracias!

 

Caipirinhas: compartir con amigos

Estábamos en mi casa, de fiesta.

-¿Por qué no dejás de hacer tragos y venís bailar a la fiesta un rato? -me dijo un amigo.

-Es que para mí, hacer tragos para mis amigos es parte de estar la fiesta… -dije, con una sonrisa.

Y es que quizás hacerme un gin and tonic durante la semana, o tomarme un whisky con hielo está bueno, pero nada se compara a hacer el trago que más le gusta a cada amigo o amiga. Y si es caipirinha, mejor.


RECETA DE CAIPIRINHA (para dos personas)

Ingredientes:caipirinha

  • Una lima (o un limón, si no se consigue, aunque no es lo mismo)
  • Hielo molido
  • Cachaza
  • Azúcar

Preparación:

Se corta la lima en rodajas o pedazos pequeños. Se coloca junto al azúcar en un mortero y se machaca hasta que la lima haya soltado casi todo el jugo. Se coloca esta mezcla en una coctelera junto a dos medidas de cachaza y hielo molido. Si no se dispone de hielo molido, se puede poner en la mezcla cubitos y un chorrito de agua, o bien poner los cubitos en un repasador viejo y limpio y golpear con fuerza para que el hielo se destroce. Mezclar vigorosamente con la coctelera y servir en dos vasos de whisky, sin colar.

Disfrutar con música suave, si es posible, con bossa nova.


Si bien la caipirinha tiene receta, y hay quien dirá que con coctelera no es la original y se tarda más tiempo, o bien que con limón hay que sacar la parte blanca, lo importante es tomarla con amigos y en un ambiente relajado.

Cada persona dirá si necesita más azúcar, o más jugo, o bien más cachaza… Porque quien la prepara está al servicio, atenta a quien la pide. Ofrecer un trago va mucho más allá de seguir una receta, sino que requiere observar y escuchar a la otra persona para descubrir si realmente es de su agrado o hay que ajustar algo para su paladar. No hay dos preparaciones iguales: por más qe sigamos una receta, variarán un poco los ingredientes, o bien quien la saboree nos pedirá un pequeño cambio.

En mi experiencia personal, tomar una caipirinha en soledad no tiene el mismo sabor que tener la oportunidad de tomarla entre amigos y amigas. Brindamos por lo que sea que toque ese día y la disfrutamos en compañía, ya que con esa misma escucha atenta para prepararla, se da el clima, el contexto, para una conversación significativa. Esas conversaciones que, con la excusa del alcohol, se vuelven íntimas y memorables, y quizás no se hubieran dado de otra manera.

Disfrutemos de saborear una caipirinha… Y de escuchar a nuestros amigos.

No mates al mensajero

Tenía un amigo que entrenaba conmigo wushu. Arrancaba la clase poniéndose una crema en las rodillas, para que no le doliera nada. Era muy bueno… Pero terminó con una lesión grave.

El dolor es la lamparita roja que te indica que algo está mal, como cuando en el auto se te está acabando el aceite y tenes que reponerlo. Si rompés la lamparita, no estás arreglando el problema. Lo estás evitando.

Otras veces, un amigo o amiga te dice algo que duele. En el fondo sabés que es verdad, que te lo está diciendo porque te quiere… Pero elegís alejarte porque no soportás el dolor. Y te escudás pensando que la culpa es de esa persona, que te dice algo que hiere, y no de la situación que te está describiendo, la cual es la causa real de tu dolor.

No mates al mensajero. tablero retHasta tus enemigos tienen cosas valiosas para decirte, aunque duelan. No todas son verdad, pero sí pueden tener aspectos que no ves, porque cada persona tiene su mapa de la realidad. Y compartir mapas lleva mucho, muchísimo tiempo de diálogo. Cosas que pensamos obvias, para el otro, la otra, no lo son. A veces incluso los puntos de vista son tan diferentes que duele hasta la imposibilidad de comunicarse.

A nadie le gusta el dolor, ya sea físico o emocional, pero es inevitable que ciertas circunstancias, accidentes o incluso situaciones provocadas por nosotros mismos nos alcancen. El dolor avisa, y negarlo o barrerlo bajo la alfombra no es la solución. Como las heridas, si solamente las tapas, pueden llegar a cicatrizar superficialmente, tapando una infección. Exponerlas, sacarlas, dejarlas al sol, es lo que cura.

Lo más sano es asumir el dolor: “Sí, esto me duele, esto me importa”. Y dejar que nos atraviese para descubrir la causa. Una vez que te encargaste del problema, ahí sí, tomate si querés un camión de analgésicos. Y si el dolor es emocional, seguramente al asumirlo, el dolor cede y te empezas a comenzar a sentir mejor: empezaste a hacer un duelo.

El dolor es el mensajero que te dice que hay algo que importa y que tenés que poner tu atención ahí. No lo mates, atendelo.

Séptimo hábito: Aprender a renovarse

Llega el otoño, y aparece el hermoso paisaje de las hojas secas, sus colores y el sonido crujiente que hacen cuando caminamos sobre ellas. Llega un nuevo tiempo. Las estaciones son parte de la naturaleza y ésta nos muestra sus ciclos de vida y de muerte. Todo lo que nace, tarde o temprano, está destinado a morir. Y si bien, como seres humanos, tenemos conciencia de la muerte, en general, nos atemoriza pensar en eso.

Sin embargo, la muerte es parte de la vida. Cada día, en nuestro cuerpo, millones de células mueren y otras nacen. Para vivir, matamos plantas y animales, que son nuestro alimento. Así de simple. Probablemente, no nos detuvimos a pensar que las “pequeñas muertes”, son las que generan condiciones para lo nuevo. En la caída de hojas hay una renovación de lo que ya no sirve. Y esas hojas, a su vez, nutren el árbol que en primavera florecerá y se renovará.
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En nuestra vida moderna, nos hemos acostumbrado a rechazar a la muerte, como si fuera el final de todo y no una etapa más. Nos asusta la decrepitud y el sufrimiento por lo que ya no está, por aquellos que se fueron.

Si podemos ver que en cada despedida, hay una bienvenida, la muerte toma otro sentido. No solamente en el sentido religioso del trascender, sino porque en esa nueva etapa, habrá una superación en donde lo que queda atrás nutre lo nuevo y lo que está. Que ambas son las dos caras de una misma moneda.

En Jane Poppins en este otoño decidimos renovarnos, y como la mariposa, nos transformamos. Y no solo por una cuestión estética, sino de perspectiva acerca de este espacio que proponemos, de cómo lo habitamos y lo transitamos. Y de cómo lo compartimos con vos.

Te invitamos a explorar la página, y también a que puedas explorar y reflexionar sobre la etapa de este otoño en tu vida.

Sexto hábito: saber poner límites

Otra vez me encuentro pensando: ¿para qué le dije que sí? ¿Para qué dije que sí si no tenía ganas, o tiempo, o energía, o no me siento con la capacidad de hacerlo? Por ejemplo: ¿Para qué me sobrecargué de trabajo otra vez? o bien: ¿Por qué dije que iba a participar si no me interesa?

Muchas veces nos sentimos con una obligación moral de hacer ciertas cosas que, en el fondo, ni nos interesan, ni están alineadas con nuestra vida. O simplemente, en el momento nos pareció una idea genial, pero después en su realización era otra cosa. Anulo mis propios deseos para engancharme en los de los otros, que no son genuinamente míos. En un caso extremo dejamos nuestras expectativas de lado y somos objeto de manipulación, y nos terminamos sintiendo usados por la otra persona.

mujer_dice_bastaEn el ámbito laboral, hacernos cargo de horas extra, o de tareas que le corresponden a otra persona que nos ha pedido un favor, o simplemente porque hay que hacerlo en un tiempo determinado y aún no está hecho. Y a veces, ni siquiera son pagas las horas extra, o hay un mínimo de reconocimiento al esfuerzo.

En lo personal, quizás va mucho más allá, porque hay situaciones en las que no podemos percibir claramente cuándo una situación empezó a molestarnos, pero en este momento ya es algo insostenible en nuestra vida. Puede ser el capricho de un niño o niña, que pensamos que no era para darle importancia, pero se repite y hay que ponerle un corte. O un conflicto en la pareja, algo que pensamos que se solucionaría con el correr del tiempo, pero ha empeorado. Porque quizás no fuimos claros a la hora de plantear lo que nos molestaba, y la relación se siguió desarrollando sin tenerlo en cuenta.

Los límites no suelen ser “simpáticos”. Decir que “No” o “Basta”, en general, nos coloca en una situación de confrontación que no es cómoda. ¿Qué pensará si le digo que no? ¿Me querrá menos? ¿Me apreciarán menos en este ambiente?

Pero ¿cuál es el costo de seguir diciendo “sí”? ¿Te lo planteaste alguna vez?

Palabras relacionadas: hábito, límite, emociones

Nuevos hábitos: Confiar en mí… y en la Vida

Estamos en marzo, en el “mes de la mujer”, de los inicios: parece que todo recomenzara en el ámbito laboral y de estudios.

Confiar en mí parece un mantra de moda, pero esta frase que parece mágica la he escrito en diferentes lugares y me aparece con fuerza hoy. Tanto sea para sostenerme en momentos difíciles, cuando hay que definir situaciones, tomar decisiones importantes, como también para tomarla como un nuevo hábito.

Cuando nada funcione, o si queremos que algo funcione: es la confianza en mí misma lo que me puede llevar a buen puerto. Hoy y siempre.

mujer-caminando retConfiar en mí, es creérmela que puedo lograr lo que anhelo. No es un “pensamiento mágico”; es trabajo orientado a objetivos, prestando atención también mis sentimientos, y tener la disciplina del día a día para ir escuchando mi voz interior y actuar en consecuencia. Paso a paso, recorriendo el camino que elija y confiando no solamente en mis pies sino también en la ruta elegida. Porque cuando nos proponemos algo seriamente, las oportunidades empiezan a aparecer. La gente que puede ayudarnos, las posibilidades de solucionar problemas. Las personas religiosas tienen diversas maneras de nombrarlo; en mi caso, pienso que nuestra atención está tan enfocada en lo que deseamos, que tenemos oportunidad de ver, escuchar y sentir posibilidades que estaban allí de antemano.

Confiar en mí también es lograr que pueda esperar que las situaciones decanten, que tenga una atención sobre las cosas pero que no llegue a obsesión, como por ejemplo esperar a que suene el teléfono con el “llamado”,  o que aparezca la oferta o la solución que quiero… Es lo que en otra nota llamamos “Wu Wei“: el hacer sin hacer. El saber que ya estoy haciendo lo posible, y que debo esperar a que los acontecimiento se desarrollen, a que la Vida siga su curso para obtener resultados.

Este sería un primer nuevo hábito. ¿Vos te animas a adoptarlo? Yo ya empecé!!!

Palabras clave: confianza, objetivos, desarrollo personal, habitos

La importancia de jugar, la importancia de jugarse

Cuantas veces siendo chico te que quedaste horas y horas inmerso en tu juego favorito? Ahí era cuando el tiempo pasaba volando y no tenias hambre ni sueño…

Ya está más que demostrado que el juego es una actividad muy importante en nuestras vidas. Es un momento en donde nuestra creatividad se estimula por medio de la estructura que nos enmarca. El juego tiene reglas como la vida: de cómo las interpretamos será el resultado, si ganamos o perdemos.

Jugando aj“Jugársela” quizás tenga que ver con esto, con involucrarse por completo en lo que estamos emprendiendo, disfrutando del proceso y no sólo del resultado. Por nuestro entorno quizás no es comprendido el grado de compromiso que requiere, y es probable que familiares y amigos intenten desanimarnos de arriesgar demasiado. Pero es saliendo de nuestra “cajita de confort” como se logran los mejores resultados.

Por supuesto que jugársela trae aparejados riesgos reales y factibles. Ese enfoque en nuestro proyecto no tiene que cegarnos a la gama de posibilidades: desde el resultado deseado al fracaso. Pero no involucrarse en el proyecto seguramente nos dejará un sinsabor, una sensación de “podría haberlo hecho mejor”.

¿Cuándo, entonces, jugarsela o no? Lo primero es preguntarnos a nosotros mismos qué tan importante para nuestra vida es la idea que queremos emprender. Esto, de aquí a 5 años, ¿me importará? ¿Tendrá sentido, podrá crecer? Si es así, es mejor tomar el riesgo y seguir adelante con todas nuestras energías, que luego lamentarse de no haber concretado nada. Por el contrario, si la importancia de la idea es en realidad para terceros, o no es genuinamente nuestra, ¿para qué molestarse?

Y vos, ¿te la jugás?

 

Palabras clave: juego, proyectos, compromiso