Segundo hábito: Saber pedir ayuda cuando lo necesito

En al entrada anterior hablábamos de confiar en nosotros mismos; siguiendo esa dirección para superar dificultades pensamos la reflexión de hoy.

Hay momentos de la vida en que sentimos que todos los problemas que tenemos, sean complejos o no, o sean muchos o pocos, nos superan. Sentimos que nos ahogamos en un vaso de agua. Y tal vez ese vaso de agua sea una pileta olímpica en ese momento… Pero luego, mirando la situación retrospectivamente, no era tan grave. O por el contrario, quizás no tomamos dimensión, en ese momento, de hasta qué punto superar ese problema nos cambió la vida.

A veces, tenemos la solución en frente de nuestros ojos y no la vemos porque estamos con la cabeza tan alborotada con diálogos internos, que no nos conducen a nada productivo. Una y otra vez nos repetimos lo complicado que es todo, nos auto-boicoteamos y agrandamos lo que es pequeño y resoluble. Un efecto bola de nieve: cada vez parece peor.

Ahí es cuando hay que saber que tenemos una red de contención (familiares, amigos, terapeutas, grupos varios), que están, que nos pueden orientar y que para eso,  es necesario aprender a pedir cuando sentimos que solos no podemos avanzar. Porque ser vulnerable no es una elección: somos vulnerables físicamente, de palabra, en distintas situaciones. Si voy por la calle en bicicleta y me atropellan, descubro que soy vulnerable. Pero lo fui todo el tiempo…

manos_ayuda retLa cuestión es no aceptar esa vulnerabilidad como algo limitante, como para transformarme en una “víctima” permanente. Ser consciente de las cosas que me afectan, y cuando no puedo afrontarlas sola, pedir ayuda. Y esto no quiere decir que no seamos fuertes o independientes, o no tengamos pensamiento propio. Es sólo aceptar que la fortaleza que puede emerger de esos momentos de intercambio, y puede ser más genuina y duradera y nos coloca enfrente del otro, como un igual… En otro momento quizás seamos nosotros los que brindemos ayuda, y no sólo por un simple intercambio, sino porque somos personas diferentes, con habilidades y saberes en distintas áreas. La ayuda que nos brindan los demás, nos puede hacer salir de ese momento de crisis, darnos un poco de objetividad, y a veces hasta podemos usar nuestros propios recursos para hallar soluciones.

Y vos, ¿cuántas veces pedís ayuda?

 

Palabras relacionadas: pedir, ayuda, aprendizajes, superación

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La creatividad en acción

A menudo cuando pensamos en algo creativo, lo asociamos a la imagen del genio, de un Leornardo Da Vinci, o de un Steve Jobs. De personajes que revolucionaron al mundo con sus inventos y que dejaron huellas en la historia. Sin embargo, si bien la inspiración nos tiene que encontrar trabajando, también debemos bajar nuestras expectativas y mitos sostenidos por nuestra sociedad y por nosotros mismos y comenzar a mirar este asunto de la innovación y la creatividad desde otra perspectiva.

En primer lugar, hay pocos seres humanos que pueden considerarse “genios”, de los que realizan “saltos cuánticos” de creatividad. Sin embargo, hay decenas de miles de personas que podemos ser innovadores. ¿Los segundos son menos creativos que los primeros? No necesariamente, aunque los innovadores sí tengan un alcance menor en relación a los genios.

Las personas innovadoras son curiosas y encontramos que muchos de ellos, son viajeros. mates creatividadUn caso típico, son los inmigrantes quienes pueden movilizar ideas que en su contexto de origen ya no son innovadoras en este momento histórico pero que al aplicarlas en otro país o región del mundo si lo son. Un ejemplo clásico es el mundo de la moda y como en las llamadas colecciones de otoño/invierno y primavera/verano se replican, en diferentes partes del mundo.

También son innovadores los que dan una respuesta nueva a un viejo problema. Un ejemplo de innovación en este sentido, es el nuevo mate siliconado y con un nuevo diseño, colocándose como una opción a la forma tradicional del mate de madera.

La creatividad viene a solucionar problemas, pero también a responder la pregunta: “¿por qué no hacerlo de otra manera?”. Elegir otro camino para ir al trabajo, hacer una comida con ingredientes diferentes, pesentar un producto de forma innovadora, también es uso de la creatividad.

La creatividad, incluso, viene en formatos más modestos, simplemente rompiendo la rutina, y nos previene de enfermedades del cerebro. ¿Han oído decir que de vez en cuando viene bien lavarse los dientes con la mano con la que no somos hábiles, o bien hacer sudokus? No es más que sacar las telarañas de nuestro pensamiento, usar caminos neuronales nuevos, mantener “en forma” nuestra habilidad cerebral. Las rutinas son necesarias, pero romper el hábito de vez en cuando viene muy bien.

Y vos, ¿de qué manera usas la creatividad?

Palabras clave: creatividad, acción, innovación

¿Ser generoso es incompatible con el mundo de los negocios?

La generosidad en el “mundo hostil” de negocios, parece en apariencia, inoportuna o ingenua y sobre todo, poco estratégica, desubicada.

¿Es realmente así? ¿O es que sólo construimos relaciones de competencia, en donde el ganar- perder no habilita el ganar-ganar?

Nos cuesta ser generosos, y esto es en parte, porque nos han educado dentro de una lógica de escasez, de gana el otro, pierdo yo. De esta manera siempre estamos alimentando el conflicto y la competencia. En cambio, si yo gano, y vos también, hay armonía y cooperación. Tu aporte al todo es singular, tan importante como el mío. Y ambos son necesarios y no mutuamente excluyentes, sino por el contrario, inclusivamente imprescindibles. Y este es el momento en donde, cuando más das, más recibís.

La mayor diferencia que tenemos con las plantas, que tienen una tenaz adaptación al medio que les toca, es que nuestra capacidad de co-crear y de elegir lo que nos permite tener una mayor amplitud.No en vano, la palabra ecosistema aplicado como metáfora al mundo emprendedor ha tenido un alto impacto. Es allí donde se genera un terreno apto para que lo diverso sea fecundo y la convivencia más que entorpecer, enriquezca.

Dar sin tener una seguridad de retorno parecería arriesgado y de cierta ingenuidad infantil. Yo no lo creo así, también se puede considerar la cuestión de otra forma.

Dar sin esperar nada concreto genera oportunidades. Oportunidades de encuentro, de negocio, de descubrir espacios de acción y de alianzas estratégicas. Los espacios actuales de networking apuntan a justamente fin.

Pensar que no hay “una torta para repartir”, sino que podemos generar muchas más tortas nutritivas para incluir más gente, es lo que hace a las verdaderas oportunidades de crecer en todo sentido, en todos los aspectos.

Se me ocurre pensar entonces:
¿Qué es lo que tanto tememos del dar?
¿Qué es lo que tanto tememos del recibir?

La generosidad en la vida cotidiana

 

Da y tendrás en abundancia.
Lao Tze

La generosidad, el dar sin esperar recibir, el dar por dar, se reemplaza a veces por la palabra “solidaridad”. Y eso involucra a otros. Generalmente, damos lo que nos sobra, como ropa vieja o cosas que ya no usamos. Un tipo de generosidad engañosa, un subtipo que nos coloca en una posición importante frente al otro que recibe. Siempre es mejor que nada.

Y ¿qué es ser generoso o generosa?
Es darse un tiempo para escuchar a un amigo que necesita compañía.
Es hacer una torta de cumpleaños para alguien que vive lejos de su familia
Es cuidar a una niña de un vecino
Es acompañar a alguien con miedo al médico
Es llevar a alguien en el auto, aunque no nos quedaba de pasada.
Es ayudar a mudarse a alguien
Es regalar una idea de negocio a alguien que acaba de cerrar un comercio.

Abrirse a dar es también una oportunidad de abrirse a recibir. Porque muchas veces nos cuesta recibir, aceptar que nos merecemos un regalo de otro, ya sea por desconfianza o hasta por culpa. “Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”, pero en este caso no hablamos de una limosna sino de un verdadero regalo.

La generosidad es brindarse y estar abiertos a crear nuestro destino. Aprendí que todo vuelve en su momento justo. Somos parte de un todo y vivimos en procesos que nunca se acaban, solo condensamos resultados en algunas circunstancias.

La generosidad genera cooperación, porque incluye al otro y a su vez, genera una corriente de empatía.

La generosidad en la vida cotidiana, suena en los oídos como exuberante y fluye como el agua en el mundo. Sin medida, ni dirección, al alcance de todo/as!.

 

Hay tiempo para todo… ¡Incluso para ser lentos!

Siempre dije que iba a aprender a hacer mermeladas cuando fuera abuela. Como todavía no tengo hijos decidi que podia hacerla igual porque a mí y a muchos nos gusta la mermelada casera. Asociaba esta actividad como una tarea que me iba a llevar tiempo y me di cuenta de que no tenía que “esperar a tener tiempo” y me puse manos a la obra.

Descubrí que hay tiempo para todo, aún para los más escépticos. El tiempo no corre, ni para, sólo es. No tener tiempo o tenerlo es fundamentalmente, una construcción, es la forma en que lo concebimos.

Vivimos una época de vida acelerada de trajines en las cuales, de manera alocada estamos inmersos y dispersos. En esta perspectiva, el tiempo se escurre como arena entre los dedos y no hay reloj que detenga el apuro. Se suma a esto, la multiplicidad de actividades que emprendemos, porque pareciera que hay una exigencia de tener miles de cosas por hacer. Sin embargo, en la última década ha nacido una corriente que hace un “elogio de la lentitud” y que justamente, se ubica en las antípodas de la velocidad.

Esta mirada, la de bajar un cambio (o más), se presenta como un contrapeso, el lado lento de la vida y esto, si bien, puede parecer un movimiento antagónico, en verdad es el movimiento complementario que podemos hacer en nuestra vida diaria.

A lo que podemos apuntar es a llegar al tiempo justo, saber usar la habilidad para hacer las cosas rápidamente para determinadas actividades, y tomarse el tiempo, sin mucha restricción, para otro tipo de quehaceres. Sería bueno saber cuándo usar los dos tiempos, el rápido y el lento para armonizar en una justa medida.

Veamos lo que se refiere a la velocidad. En la actualidad podemos hacer muchas actividades de la vida cotidiana de manera rápida y efectiva gracias al avance de las tecnologías. Sin embargo, nuestra mala organización de las prioridades hace que justamente, cuando lo urgente no es lo importante vivamos apagando incendios y todas estas maravillosas herramientas pierden su funcionalidad o no son aprovechadas al máximo. Entonces, obviamente, ¡no hay tiempo para ser lento! Y pareciera que nuestra lista de tareas diaria se convierte en un castillo de naipes que se nos cae en la cabeza. Juntar actividades parecidas es la clave para hacerlas en forma rápida.

Como contraparte, tenemos la lentitud. Pareciera que la lentitud es como el sinónimo de ser poco productivo, pero ¿es realmente así? ¿Acaso no se representa siempre a los sabios como personas que se toman su tiempo para pensar, que tienen reacciones lentas? Tal vez sería importante que busquemos nuevas asociaciones para nosotros mismos: la lentitud asociada a la calma y la paz interior. Nunca pensaríamos en hacer una reunión familiar o de amigos en media hora… En este ejemplo no hablamos de productividad sino de disfrute. Existen procesos y sensaciones que se dan lentamente: el placer sensual y sensorial; la maceración de un vino, el aprendizaje de un arte.

Sin embargo, no necesariamente lo productivo debe ser rápido y el disfrute, lento.

Volviendo a nuestro inicio, el secreto de una buena mermelada es un fuego muy suave, casi imperceptible. El proceso por el cual la fruta azucarada se convierte en mermelada, no puede apresurarse y requiere de la mano paciente (con la cuchara de madera) que revuelve la olla.

El proceso creativo no se da a las apuradas: se da mucho mejor con tiempos de relajación y de “no hacer nada” durante un rato largo. Se puede ser muy productivo siendo lento, ya que nuestra mente necesita distenderse y hacer asociaciones libres para crear o resolver problemas, sin presiones de tiempo.

Y por otro lado, detenerse en medio de la vorágine de la rutina diaria, darse al menos cinco minutos para mirar una nube o comer una tostada (con mermelada!), también nos hace bien.

Y vos, ¿como vivís el manejo de tus tiempos?

Lo que aprendi pintando sillones

Me ofrecí a pintar unos sillones para el balcón de una amiga que se estaba mudando. En principio, dije que sí porque me gustaba la idea de compartir una actividad manual, como pintar, con ella. Me gusta hacer tareas creativas y también compartir una experiencia nueva porque siempre sucede algo “inesperado”.

La cuestión es que fui a comprar los materiales, siguiendo el consejo de mi amiga de “hacer caso” a los consejos del empleado de la pinturería (lease aquel que consideramos un “especialista”) de que pincel y pintura debía usar. Mi primera intuición fue primero pasar una base blanca y luego pintar con sintético blanco. El vendedor me instó a que directamente lo pintara con sintético. O sea, de entrada, “hice caso” y no seguí a mi intuición.

El punto es que mi amiga tuvo que ocuparse de otras cuestiones y la actividad de pintar quedo en mis manos. Comencé y mientras lo hacía, se fueron presentando dificultades (el sintético no cubría bien la base oscura), que me desalentaron bastante.

Ahí me enfrenté con mi poca tolerancia a que el resultado sea mediocre en mi búsqueda por lo perfecto. Las fantasías alimentan nuestra exigencia y ayuda a engrandecer la mirada y el juicio del “otro”. Y si no podemos hacer una evaluación objetiva de la situación, si no podemos ponerlo en palabras, o elaborarlo de alguna manera, la situación se torna inmanejable. Ante una situación de la cual no tenemos certeza del resultado, es más sencillo, ahogamos en un vaso de agua, para decirlo en criollo.

Me enoje conmigo misma, me sentí mal por no estar a la “altura” de lo que me pedía mi amiga (que tampoco sabe pintar) y abandoné el trabajo de pintura, por un tiempo. Me quedé masticando “frustración” hasta que volví a tener coraje y empecé a buscarle la vuelta por otro lado para poder terminar. Pregunté y se me presentaron otras alternativas con lo cual, la situación inicial, mejoró. Y sobre todo, me sacó de mi sensación de fracaso de una situación que había comenzado como una actividad placentera y compartida y ahora me estaba generando malestar e inmovilidad.

Aprendí varias lecciones de esas mañanas otoñales pintando sillones. Lo primero, es que quiero aprender a confiar en mi criterio, en mi sentido común, construido desde diferentes áreas de saber (que no es necesario ser especialista en pintura para pintar sillones). Lo segundo es que las actividades hay que realizarlas por motivación propia y más allá del juicio final que el otro tenga del producto. Capitalizar el proceso de hacer la actividad y saber que las próximas pinturas serán mejor que las primeras.

En el mundo emprendedor, conviven los mentores y los asesores con los coaches que tienen todos la buena intención de querer acompañar el proceso de crecimiento de ese emprendedor. Y tener una mirada objetiva en momentos de crisis, siempre otorga información valiosa. Pero, no obstante, es importante también escuchar nuestra voz interior, o extraer de manera consciente las enseñanzas que se nos presentan en nuestro diario vivir. Para aprender a tomar decisiones sabias, es necesario lograr una síntesis entre la reflexión interior que esté acompañada con una reflexión externa..

Palabras claves: frustración- motivación personal – introspección

El gusto por los placeres sencillos (parte 2)

Tejer: el arte de aprender a poner los puntos.

Hace poco que comencé a tejer con dos agujas. Fue en ese momento en que pude, mediante una práctica concreta materializar un concepto muy abstracto para mí: “poner los puntos”. A veces se suele confundir con intransigencia, tener una posición sobre un tema. Ser firme no quiere decir ser inflexible ni estático. Quiere decir, fortaleza con la permeabilidad suficiente como para escuchar al otro y poder enriquecer mi posición ante una situación determinada.

Para mi vida cotidiana, era necesario comenzar a afirmar y sostener mis puntos de vista así como también plantear mis necesidades ante los otros, sin vergüenza, sin temor a que me digan que “no”. Cuando “ponemos nuestros puntos de vista” en la mesa, en una negociación, es una estrategia muy útil porque sabemos qué principios no estamos dispuestos a ceder.

La trama que se genera en esos diálogos y el acuerdo al que se arriba en una negociación con estas características tiene más posibilidades de ser perdurable en el tiempo.

Desde que empecé a tejer, no paré. Este es mi cuarto invierno y he experimentado puntos, diferentes prendas y tejer me regaló dos grandes enseñanzas:

Tejer relaciones, poner los puntos, cuidar el proceso
Tejer relaciones, poner los puntos, cuidar el proceso

La primera enseñanza es que, cada una teje a su ritmo y cada tejido te va “diciendo” por donde va, la tensión de la aguja, la posición de las manos, el punto. Y que la práctica del tejido, me ejercita una serie de habilidades muy relevantes para cualquier emprendedor: la paciencia y  la perseverancia en el momento de ejecutar una idea. El tejido se termina si me dedico y si estoy presente en lo que hago, si me distraigo, se me cae el punto. Con los emprendimientos, ya sea de productos o de servicios pasa lo mismo. No es necesario una atención obsesiva, pero si constante.

La segunda enseñanza, que se vincula con la exigencia que supone hacer “bien el tejido”. Y este adjetivo se sostiene en la creencia de que la excelencia es exigencia. Y en el camino, se mezcla la frustración y el placer de hacer la tarea, se diluye. Entonces, también me surgió una pregunta de la cual no tengo respuesta. ¿Por qué no buscamos un sinónimo de “excelencia” que no sea “perfección”?

 

Palabras claves; negociación, superación personal, excelencia, pensamiento intuitivo