San Valientín

No, no me equivoqué en el título. Quizás el origen del nombre “Valentín” sea la valentía, no lo sé. Sí sé que para amar se necesita mucha valentía.

En este día tan comercial, nos venden desde bombones hasta almohadones para congraciarnos con alguien, ya sea para pedir perdon como para demostrar genuino cariño. ¿Cómo abstraerse de semejante lluvia de corazones? Para lxs que están solxs o recientemente rompieron, es una tortura…

Sería muy poco original si me preguntara aquí “¿qué es el amor?” cuando lxs poetas más inspirados ya han gastado tanta tinta y papel en eso. No puedo más que hacer una reflexión personal sobre lo que aprendí del amor, transitando este mundo.

Y lo primero que puedo decir es lo que el amor NO ES (para mí). El amor no es posesión del ser amado, ni vigilancia sobre sus actos, ni violencia en cualquier forma, ni querer cambiarlo, aunque sea “para bien”. El amor tampoco es estar esclavizado a los caprichos de un/a otrx, sintiéndose que si esa persona se va de nuestro lado, no somos ni valemos nada, como dicen muchas canciones.

Tampoco creo que el amor sea lo que nos completa en la vida, y que haya una única persona que pueda llenar ese espacio… Como verán, no soy lo que tradicionalmente se llama “romántica”.

Y entonces, ¿por qué cuernos se me ocurre hacer una nota de San Valientín? Porque a pesar de todo eso, amo, y mucho. He pasado por diversas etapas y he descubierto que el apego puede matar al amor. Que muchas veces quien es desapegadx siente una clase de amor que considero más genuino que el amor romántico, el de las flores y los bombones. Quien no se apega a su ser amado, lx deja ser como es, sin exigencias del tipo “si me amaras harías… ” tal o cual cosa.

Si no puedo soportar que la otra persona no cambie para que me termine de gustar, ¿de verdad la estoy amando? ¿O lo único que busco es un espejo, o quizás un monigote a control remoto? Si, como otra salida, elijo “aguantar” los defectos de mis relaciones, ¿de verdad estoy amando? ¿o sólo esperando a que se produzca una pelea?

Por supuesto que hay consensos en las parejas y en las relaciones en general, y para eso previamente seguro hubo conflicto y dolor. Inevitable. Pero si ese consenso es genuino, si acordé que determinado comportamiento era el esperado, no debo sabotearlo, socavando de esta manera la confianza que me fue depositada. Y si la persona que tengo a mi lado tiene características que me son insoportables… Preguntarme si de verdad quiero que estemos juntxs, en lugar de suplicar que cambie.

Y volviendo al título: ¡hay que ser muy valiente para amar! Y para expresarlo, aún a riesgo de rechazo… Porque si amo verdaderamente, como dice el Indio Solari, lo unico que le deseo es el bien al otro (o la otra). Si esa persona no me ama, ¿por eso voy a dejar de amarla? Sería un amor muy trucho, ¿no? Si lo que busco es una pareja, bueno, mejor que me fije en otrx. Pero si lo que busco es nada más y nada menos que la maravillosa experiencia de amar… Nadie, nadie puede impedírmelo. Primero, sabiendo que soy una persona completa; luego, amando aunque no haya garantías de que vaya a ser perfecto.

Me quedó larga la nota, pero es genuina, y hasta podría seguirla. Esta es mi experiencia y estos, mis pensamientos… Espero que puedas amar y ser feliz, que no es poco.

 

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Nuevos comienzos, viejos propósitos

“¡Feliz año nuevo!”

Pareciera que el año nuevo nos diera luz verde para soñar, para pensar que “este año finalmente…” lograremos aquello que nos propusimos. Lamentablemente muchas veces no pasa de una ilusión, y el año que parece nuevo, al llegar a febrero ya tiene olor a naftalina: la vieja rutina de siempre. ¿Por qué? ¿Por qué nos limitamos a soñar solamente en año nuevo? ¿Por qué decimos que vamos a empezar la dieta un lunes? ¿O anotarnos en el gimnasio en Septiembre?

El deseo puro no hace que se concreten los proyectos. Y así, año tras año, nos proponemos hacer por fin tal viaje, bajar de peso, hacer una vida más saludable, ampliar la casa… y un sinnúmero de propósitos que, una vez que vemos la lista, nos desanima.

¿Qué hacer para salir de esa trampa y no desanimarnos antes de tiempo?

Lo que a mí suele funcionarme son varias cosas:

  • No hacer listas de propósitos enormes y larguísimas. Ya habrá tiempo para esto, para lo otro. Si el mismo año me propongo hacer dos cosas que llevarán mucho dinero o demandarán demasiado tiempo juntas, quizás sea mejor idea hacer una de esas cosas y la otra dejarla para el año que viene. Sin culpa, sabiendo que podré enfocarme mejor.
  • Conseguir “cómplices”. Si empezar a ir al gimnasio me da mucha pereza o me aburre, buscar alguien que quiera empezar conmigo. Si quiero hacer un viaje, entusiasmar a un amigo y compartir esa experiencia y, de paso, los gastos.
  • Buscar alternativas. Si aparecen obstáculos, no quedarme con la frustración, sino buscar de qué manera puedo hacer lo que quiero o algo parecido. Por ejemplo si el gimnasio no me gusta, buscar una clase de danza o unirme a un grupo de ciclistas.
  • ¡Llevar una agenda! Mi agenda es casi un diario íntimo, y anoto los compromisos, reuniones y demás, pero también cómo me fue esa semana. Cada tanto miro el camino recorrido, como para observar avances. Y si no veo que haya adelantado nada, también es una alerta para activar.

Pero sobre todo:

  • Enfocarme en el proceso, más que en la meta. De vez en cuando, chequear que estamos en el rumbo correcto; pero mientras tanto, disfrutar de planear un viaje, de comprar los materiales para construir parte de mi casa, de lo que me voy fortaleciendo en el gimnasio o lo que aprendí en la clase de idiomas en que me anoté. ¿Estoy disfrutando de esto? ¿O es sólo una imposición externa?

Puede suceder que en el proceso de realizar un proyecto, aprenda cosas enriquecedoras o conozca gente interesante… Aún sin lograr al 100% lo que me propuse, la experiencia vale la pena.

Y vos, ¿qué te propusiste este año?

Si necesitás de un empujoncito para “tirarte a la pileta”, no dudes en contactarme. A veces una conversación con un coach puede aclararte el panorama.

 

 

 

Brindis 2018

Sobre una reflexión (“la piedra”) de Antonio Pereira, va versión mía:

 

En el camino encontrarás piedras. 
Hay quien, distraído, tropezará.
Quien las levante para arrojarlas contra una injusticia.
O aquel que las use para construir.
Algún caminante se sentará a descansar sobre ellas.
También el que, con espíritu infantil, arme un juego.
Otras personas, artistas, que las tallen o pinten.
Las mismas piedras, distintos observadores…
¿Cuál papel querés asumir? 
 
Brindemos por un 2018 lleno de posibilidades y elecciones libres.

CENTRAMIENTO – Espíritu

Pasaron varios días desde que escribí la última reflexión. Más allá de mis múltiples ocupaciones, no me sentía “centrada”, sino en desequilibrio. Así que estuve siguiendo una meditación online, todos los días, y reflexionando un poco.

¿Y qué es estar “centrada” para mí? Varias cosas, todas en un estado. Por un lado, no poner expectativas en los demás, sino en mí misma, porque es a quien puedo cambiar. Sí hacer oír mi voz, pero sin pretensiones de única verdad. Dar lo mejor de mí misma, para estar contenta, no por una exigencia exterior. Por otro lado, sentir que todo el amor qe necesito ya lo tengo de mí misma. Por añadidura, tengo muchas personas que me rodean, a quienes puedo dar amor y ellxs me lo darán a su manera. Sabiendo estar a solas conmigo, y en plenitud, relacionarme con otras personas es más fácil y fluye más, porque no necesito “completarme” con la otra persona, generando cargas en una relación.

Estar centrada es encontrar mi propio espíritu y mis propios recursos para tenerlos disponibles cuando lo desee. Es tener una intención, y confiar en que todo lo que suceda se irá alineando para conseguirlo, si es genuino. ¡Ya lo vivencié muchas veces!

Saber que mi fuego interior puede guiarme a la acción con resolución y también marcar el camino a otrxs, iluminar sin quemar.

Que mi aire me servirá para pensar con cuidado, y adaptarme a las circunstancias, con flexibilidad.

Y mi agua escuchará las emociones que son parte importante de mi ser, con apertura hacia  los demás.

Y saber también que necesito de mi tierra para recordar de donde vengo y afirmarme en mi identidad cuando lo necesite.

Todo esto puedo encontrar cuando le presto atención a mi centro, a mi espíritu, en silencio.

Y vos, ¿cómo logras centrarte?

 

Este es el quinto de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

RESOLUCIÓN – Fuego

Me acerqué al fuego para calentarme un poco. La noche de primavera estaba fresca y los invitados del cumpleaños de mi amiga ya se iban. Como tantas veces, observé el fuego con fascinación. Las llamas eran impredecibles, siempre diferentes en forma y color.

Pensé en nuestro “fuego interno”, aquello que nos impulsa a hacer lo que deseamos, lo que nos hace únicos. También pensé en mis mejores amigos y amigas, que tienen ese espíritu aventurero como el mío. Y lamenté que muchísimas personas sofocaran ese fuego en haras de una supuesta seguridad.

Nada más triste que ver cómo la chispa de una persona es apagada por un ambiente laboral o escolar adverso, y nada más hermoso que ver como esa chispa se transforma en fuego.

Muchas veces hemos asociado el fuego con la destrucción, y sin embargo lo pienso ahora como la transformación de una cosa en otra. Tomar madera y convertirla en luz y calor, en energía liberada… Tomar una idea, un grupo de personas y convertirlos en proyectos que se realizan y crean nuevas realidades, arte, tecnología, lo que sea.

Se piensa que la civilización empezó en el momento en que los individuos se nuclearon en torno al fuego. Cocinar los alimentos, espantar a las fieras, o simplemente calentar el ambiente. Ese poder que tienen las llamas de abstraernos, también dio lugar a la comunicación: contar historias alrededor de la fogata, hacer planes para el invierno, decidir en grupo.

Narrar, planear, decidir, actuar. El fuego nos provee de la energía necesaria para ir adelante, transformándolo todo. Nuestra resolución nos impulsa hacia adelante para concretar proyectos y tomar decisiones, y no sólo seguir soñando…

¿Qué te dice tu chispa interior?

FLEXIBILIDAD – Aire

Esperé su respuesta para agendar un encuentro e ir organizando mi semana. “Vamos viendo”, me contestó. Mi lapicera quedó en suspenso sobre la hoja y por unos instantes no supe qué hacer. Dejar abierta la agenda significaba no poder acomodar otras actividades en mis tiempos disponibles. Por un momento me enojé, y luego comprendí que mi enojo era una muestra de mi falta de flexibilidad.

Dejar abierta una posibilidad es como dejar abierta una ventana: aireel aire fresco entra y se renueva en la habitación. Sin tener toda la agenda cubierta, puedo adaptarme a lo que vaya surgiendo, y quizás como dice Tom Hank en el Naufrago: “algo traerá la marea”.

No quiere decir que voy a aceptar cualquier cosa que surja, pero sí significa que puedo contemplar más opciones antes de involucrarme. Eso incluso me permite jugar, ser más creativa, estar dispuesta a enfrentar con serenidad imprevistos y contratiempos.

Si tengo un exceso de flexibilidad es probable que nunca concrete nada, o bien que el resultado sea impredecible. En el otro extremo, una excesiva rigidez me quita habilidad para resolver situaciones no programadas o esperadas.

Si lo llevamos al plano de las relacioneflexibllidad aires personales, el aire siempre viene bien para no sentirnos ahogados. Tener todo previsto y preparado nos quita la sorpresa, y hasta quizás algo de disfrute, nos sume en la rutina. Pero demasiado aire nos hará sentir desconectados con los demás, sin empatía, como “flotando” por encima de cualquier situación, sin involucrarnos ni decidir nada, con una  dirección incierta.

Y con nuestros sueños, otro tanto: podemos divagar y ver alternativas para enriquecerlos, pero muchas veces el “algún día lo haré” termina por no definir un proyecto que se concreta.

El aire impulsa, inicia, es el comienzo de una acción en potencia. Lo necesitamos para flexibilizar nuestra mente y contemplar posibilidades antes de juzgarlas y decidir, y para ser creativos.

¿Cuánto aire y flexibilidad hay en nuestra vida?

 

Este artículo es el tercero de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

APERTURA – Agua

APERTURA – Agua

Estaba triste el otro día. No recuerdo bien por qué, si el clima lluvioso sumado al cansancio de la semana, o había pasado algo relevante que me pusiera en ese estado. Una amiga se acercó y me dijo: “Vamos a hacer algo, ¡distraete! No pienses más, ya fue”. Mi primera reacción, por supuesto, fue de agradecimiento y acepté el “distraerme” por un rato. Me puse a ver unos videos que tenía postergados… Sin embargo cuando terminé de hacer eso y me fui a la cocina a preparar la cena, estaba peor.

Y me pregunté: ¿es obligatorio estar alegre? Y también: agua¿por qué ciertas emociones parecen tener mala prensa, y las negamos o tratamos de que desaparezcan mágicamente?

Mientras lavaba los platos, me abrí a la emoción de tristeza y descubrí que tenía algo que resolver. Que estaba a la mano, no era tan difícil, pero requería de decisión… Junto con el agua, me dejé fluir, y observé sin juzgar el ir y venir de emociones. Recurrí a mi lado intuitivo, no me puse a evaluar mis emociones sino a experimentarlas, sumergirme en ellas, aceptarlas.

Y claro, tratamos a la tristeza y al enojo como si fueran nuestros enemigos, y los combatimos. Como si esas emociones por sí solas nos “arruinaran la vida”, y no meros indicadores de que algo anda mal y hay que prestarle atención. ¿Por qué no las escuchamos? Hay muchas emociones que, mezcladas, se van realimentando cuando las desatendemos… Por ejemplo, si tenemos miedo de algo y no lo enfrentamos, luego se transforma en frustración o enojo por una expectativa que no podemos cumplir, y quizás después pase a ser tristeza por no salir de esa situación.

Las emociones se mezclan unas con otras, y no sólo es bueno escuchar las propias, sino también las de aquellas personas a quienes amamos. Porque muchas veces necesitamos una persona que escuche, que apenas intervenga, pero que nos sirva de espejo para vernos mejor y decidir qué hacer.

El enojo puede ser nuestro aliado a la hora de decir “basta” a una situación desventajosa.

La tristeza puede ayudarnos a entender la importancia que tienen las cosas o las personas…

Y así con cada emoción que se nos ocurra. Dejarnos fluir como el agua, a ver adónde nos lleva ese sentimiento, puede ser un viaje peligroso, pero seguro que luego de emprenderlo habremos aprendido algo. ¿Te animas a dejarte fluir?

 

Este artículo es el segundo de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.