RESOLUCIÓN – Fuego

Me acerqué al fuego para calentarme un poco. La noche de primavera estaba fresca y los invitados del cumpleaños de mi amiga ya se iban. Como tantas veces, observé el fuego con fascinación. Las llamas eran impredecibles, siempre diferentes en forma y color.

Pensé en nuestro “fuego interno”, aquello que nos impulsa a hacer lo que deseamos, lo que nos hace únicos. También pensé en mis mejores amigos y amigas, que tienen ese espíritu aventurero como el mío. Y lamenté que muchísimas personas sofocaran ese fuego en haras de una supuesta seguridad.

Nada más triste que ver cómo la chispa de una persona es apagada por un ambiente laboral o escolar adverso, y nada más hermoso que ver como esa chispa se transforma en fuego.

Muchas veces hemos asociado el fuego con la destrucción, y sin embargo lo pienso ahora como la transformación de una cosa en otra. Tomar madera y convertirla en luz y calor, en energía liberada… Tomar una idea, un grupo de personas y convertirlos en proyectos que se realizan y crean nuevas realidades, arte, tecnología, lo que sea.

Se piensa que la civilización empezó en el momento en que los individuos se nuclearon en torno al fuego. Cocinar los alimentos, espantar a las fieras, o simplemente calentar el ambiente. Ese poder que tienen las llamas de abstraernos, también dio lugar a la comunicación: contar historias alrededor de la fogata, hacer planes para el invierno, decidir en grupo.

Narrar, planear, decidir, actuar. El fuego nos provee de la energía necesaria para ir adelante, transformándolo todo. Nuestra resolución nos impulsa hacia adelante para concretar proyectos y tomar decisiones, y no sólo seguir soñando…

¿Qué te dice tu chispa interior?

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Esa palabra tan temida

Decimos “política” y es probable que empecemos una discusión. Últimamente, además, las discusiones no suelen ser pacíficas, porque la gran mayoría se dan escudadas por la virtualidad, donde puedo insultar sin ningún tipo de consecuencias graves, a lo sumo un bloqueo.

Cuando éramos chicos, nos hicieron notar que nuestros “¿por qué?” eran molestos, y desde entonces hemos recibido una educación donde lo que se evalúa no es qué tan bien razonamos, sino cuánto conocimiento tenemos… Es decir, que no interesan las preguntas, sino las respuestas. Porque las respuestas son más cómodas, nos hacen sentir seguros, y ya podemos dedicarnos a otra cosa. Las preguntas tienen esa maldita costumbre de hacernos pensar y repensar. Y nos interpelan: ¿qué tan bueno es tu argumento? ¿Estás muy seguro de que es así? ¿Qué fuente consultaste?

Pero ¿qué es la política?

Según wikipedia: Política (…) es el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de un grupo. También es el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.

Es decir que, si no tenemos una “política” definida, caemos en el caos como nación. Es imposible, entonces, que seamos “apolíticos”, porque en todo caso hasta la decisión de ser anarquista es una decisión política.

Y la tan mentada “corrección política”, entonces, ¿qué es?
También según wikipedia, y sólo como consulta para disparar ideas: “La corrección política o lo políticamente correcto es un concepto utilizado para describir lenguaje, ideas políticas o comportamientos con los que se procura minimizar la posibilidad de ofensa hacia grupos étnicos, culturales o religiosos. (…)”

Sin embargo, también: “La locución y su uso es altamente polémico; suelen utilizarlo en sentido peyorativo o irónico quienes manifiestan su preocupación de que el discurso público, la ciencia o los ámbitos académicos puedan estar dominados por puntos de vista excesivamente acríticos con determinados postulados.”

Esto quiere decir que mediante la corrección política, o bien puedo querer tener la buena intención de no ofender a nadie, en particular a minorías en desventaja, o bien, puedo usarla en forma demagógica, para obtener una ventaja.

La cuestión es, entonces, preguntarnos: ¿para qué digo lo que digo? Y también ¿cómo estoy diciendo lo que estoy diciendo?

El “para qué” incluye preguntarnos cuáles son nuestros valores y nuestro ideal de realidad (país, entorno, lo que sea). Hasta dónde queremos o podemos involucrarnos…politica Y el “cómo” incluye a nuestros interlocutorxs. El respeto por las otras personas, aunque sus ideas nos parezcan absurdas. Porque de alguna manera llegaron a formarlas, y el hecho de que estén parados en la vereda de enfrente, quizás, no se trate de que estén desinformados o sean imbéciles, sino que se nutren de fuentes de información diferentes y probablemente no les interesen las mismas cosas que a mí.

¿Es válido intentar “convencer” a otras personas, entonces? Si lo que creo es una verdad irrenunciable, desde ya. Ahí está, también, mi capacidad de involucrarme. ¿Pero si esa verdad irrenunciable nos está cegando a otras realidades?

Y lxs dejo con estas preguntas.

 

Mermelada de moras salvajes: a donde el olfato nos lleve…

El otro día estuve en la quinta de mis padres, donde vi plantas de moras. A la vera del camino, habían crecido a la buena de Dios. Iba con mi abuela en el auto y ella dijo:

-¡Qué bueno sería comer dulce de moras!

Su frase me animó a ir a buscar las moras “moradas” valga la redundancia -también hay blancas-, con un recipiente grande (que mi madre creyó que no llenaría). Cruce el alambrado, me acerqué al árbol y comencé a ir entre las ramas, a tomar cada uno de los frutos, uno a uno.

mermelada-morasLuego, siguiendo mi intuición y con lo que tenía a mano, puse las moras en una olla y a ojo, le agregué azúcar. Empecé a cocinar, lentamente…  el olor que emanaba la fruta, me iba avisando como iba la mermelada.  Estuve atenta a lo que sucedía en ese momento y seguir a mis sentidos: esa fue la forma de hacer esta mermelada tan particular.

Mi experiencia en hacer mermeladas (siguiendo más o menos a una receta) fue puesta en cuestión y seguí el momento a momento. Lo revolví, y pude sortear la impaciencia de mi mamá, para que la sacara antes de tiempo. La mermelada tiene un punto justo, un momento de ebullición que no tiene un tiempo preciso, pero que está.

¿Cuántos procesos parecidos a hacer una mermelada vivimos a lo largo de nuestra vida? Procesos donde la atención a los detalles es necesaria, y el olfato nos guía más que los procedimientos… No todas las situaciones de la vida podemos encontrarlas en un manual, o mejor dicho: casi ninguna. Cómo criar una mascota, o cómo estudiar una carrera, cómo empezar un trabajo nuevo, son partes de la vida donde nos pueden aconsejar, pero siempre debemos encontrar nuestra propia manera de resolver lo que se nos presenta.

Y en las situaciones más simples y cotidianas, sobre todo en las que requieren un especial interés emocional: no hay recetas para eso, por más que nos quieran aconsejar, hay una única manera de sobrellevar los conflictos y es la que debemos descubrir, para nosotros, en cada caso.

 

Generar encuentros III: reuniones productivas

En muchísimas ocasiones, hemos tenido que reunirnos con gente que conforma un equipo, para tomar decisiones, resolver problemas y presentar informes. Pensando desde las reuniones con la maestra en la escuela de nuestros hijos, hasta la reunión tan temida de trabajo, en el que el jefe habla todo el tiempo y la hora no parece pasar más, pareciera que a nadie le gusta reunirse. Y alguna que otra vez, somos nosotras las que tenemos que convocar una reunión, no sólo para un emprendimiento, sino para organizar un evento, o seguir los pasos de un proyecto, etc.

De una manera o de otra, siempre me encuentro organizando encuentros o trabajos de diferente índole. Y cuando le digo a un equipo de personas que no conozco demasiado: “Yo no puedo reunirme más de dos horas” o “no vamos a hacer reuniones todas las semanas”, me miran con una mezcla de asombro e incredulidad. Y no falta el comentario que reclama que hay mucho por hacer y decidir.

¿Por qué todo el mundo entiende que las reuniones de equipo de trabajo son imprescindibles, y a la vez, asumen que serán insoportables? o dicho de otra manera: ¿Qué hace que una reunión sea satisfactoria? Principalmente depende de tres factores:
•    El clima que se vive, como se llevan las personas que están en esa reunión. Si logramos que el clima sea distendido (aunque no una broma permanente) y sobre todo, de confianza, seguro que no sólo la pasaremos bien sino que lograremos mejores resultados
•    El tiempo que se gasta en esa reunión. Es crucial que las reuniones tengan horario de inicio y de finalización. Si se quiere hablar de trivialidades, que sea luego de ese horario donde se tratan los temas a decidir.
•    La toma de decisiones o la obtención de resultados por los cuales fue convocada la reunión.

Es imprescindible que, seamos o no quienes convoquemos a una reunión de organización tengamos en claro:

ANTES:
¿qué temas se van a tratar y cuáles necesitan una solución?
¿cuál será el horario de inicio y de finalización?
¿qué tenemos que llevar a la reunión? (materiales, gráficos, análisis, comida!)
Estar seguros de que la convocatoria le llegó a todos los participantes.

DURANTE:reunion ret
Centrarse en el temario, pero dejar anotado si surgen otros temas o ideas interesantes
Resolver los conflictos que se presenten
Escuchar a cada participante
Tener presente el horario de finalización para la toma de decisiones
Intentar que las decisiones sean por consenso

DESPUÉS:
Enviar a los participantes un resumen de lo hablado y acordado
Fijar el temario para la próxima reunión y preguntar qué otros temas se desea incluir

¿Qué otros aspectos importantes se te ocurre que deben formar parte de una reunión productiva?

Sin prisa pero sin pausa

En un artículo anterior, hablamos sobre la importancia que tiene pensar un objetivo concreto y posible.

Este objetivo, que es nuestro horizonte, no debe ocupar todo nuestro campo visual. ¿Por qué no? Porque si constantemente miramos el horizonte, es probable que tropecemos con algo en el camino que no vimos. Un objetivo no se realiza en un solo día. Generalmente, tiene varios pasos, se requiere hacer varias tareas menores para lograrse. Incluso podemos decir que uno no “hace proyectos”, sino que realiza esos pequeños pasos uno a uno, hasta que el proyecto termina.

TortugaPor eso es tan importante, si bien tener en claro adónde llegar, no perder el día a día, avanzar por poco que parezca. Si mi objetivo es tener un lindo jardín, el trabajo se hace todo el año. Si quiero tener un buen estado físico, debo entrenarme varias veces a la semana, con regularidad. Si quiero ahorrar… Etcétera.

La clave es ir haciendo todos los dias alguna tarea, por pequeña que parezca. Si dejamos de hacer un día, hacerlo al día siguiente, pero no perder la regularidad. Porque lo importante no es hacerlo todo rápido y terminar agotados, sino paso a paso, y llegar a destino. Haciendo todo lo posible por disfrutar el proceso, y reconociéndonos y celebrando los avances. Adquirir el hábito de la perseverancia en lo que deseamos, nos hará llegar tarde o temprano.

En medio de todo ese camino de miles de pasos, habrá obstáculos, caídas, paradas a descansar… Seguramente no todo será predecible y monótono. Pero esos imprevistos nos traerán la necesidad por adquirir habilidades: la necesidad de aprender.

Cuando hayamos alcanzado nuestro objetivo, meditemos también cuánto hemos aprendido en el camino.

 

Palabras clave: objetivos, avances, perseverancia, hábitos

Ser inteligente para elegir objetivos

¿Te considerás inteligente para elegir y proponerte cosas? A la mayoría de las personas que conozco, incluida yo, nos cuesta. A veces nos proponemos objetivos demasiado grandes o imprecisos, y no podemos concretarlos. Como empezar a practicar tiro con arco y poner el blanco tan lejos que nos frustramos a los pocos tiros. O bien no decidimos cuándo queremos ver realizado aquello que deseamos. Caemos frecuentemente en el “Algún día me gustaría…” que pospone para un futuro indeterminado nuestros sueños.

¿Hay alguna manera de sortear estas dificultades? objetivos flechaEs lindo soñar sin planificar demasiado, pero cuando quiero concretar de verdad alguna cosa, recuerdo que debo sentarme y hacer un mínimo esfuerzo para ser “SMART”: inteligente. Para que mis propósitos estén lo suficientemente definidos deben ser inteligentes, en inglés SMART: Deben ser “Specific” (Específico), “Measurable” (Medible), “Achievable” (Alcanzable), Relevant (Relevante), Time-Based (Delimitado en el tiempo).

Desmenucemos estas nociones:

  • Específico: se refiere a delimitar con precisión aquello que deseamos. Si queremos cambiar el auto, ¿qué características deberá tener el nuevo? Si estamos buscando un curso artístico: ¿deberá ser cerca de casa? ¿Cuánto estoy dispuesto a pagar?
  • Medible: Parecería difícil, a veces “medir” un objetivo. Pero no lo es, si nos ponemos a pensar un poco. Si nos proponemos bajar de peso: ¿cuántos kilos queremos bajar exactamente? Si nos proponemos correr todas las mañanas ¿cuántos kilómetros serán?
  • Alcanzable: Quizás te parezca que es “cortar las alas” al sueño, pero en realidad este aspecto se refiere a que no querramos correr antes de aprendar a caminar. Solamente vos podés decifir qué es lo alcanzable, pero tené en cuenta que es preferible partir un objetivo grande en varios pequeños, que, por ejemplo, frustrarnos intentando escalar el Aconcagua sin haber subido a la Sierra de la Ventana.
  • Relevante: Este es un aspecto en el cual debemos ser absolutamente sinceros con nosotros mismos: ¿cuánto nos importa este objetivo? Porque si en realidad nos proponemos hacer algo sólo para complacer a otra persona, lo más probable es que aunque lo logremos, no lo disfrutemos. Y preguntarnos qué nos mueve a hacer algo, también nos dice qué grado de importancia tiene.
  • Basado en el tiempo: Quizás es el más olvidado de todos los aspectos. Por ejemplo: ¿Cuándo quiero hacer ese viaje tan soñado? ¿Para cuándo quiero tener pintadas las persianas? ¿Para qué fecha estimo estar rindiendo mi tesis? Poner un límite temporal nos ayuda a visualizar el objetivo con mayor nitidez.

¡Espero que este año puedas concretar tus sueños más anhelados! ¿Te animás?

Palabras clave: objetivos, metas, tiempo

Bajar los brazos… ¿o wu wei?

A veces, como hoy, siento que estoy remando en dulce de leche y que todo lo que hago no tiene sentido. Que apuesto a una empresa, o situación que no es para mí, que no le encuentro la vuelta. Y me canso enormemente en hacer algo que no tiene un resultado valedero.

Siempre me sentí valiente y con coraje  para afrontar la vida y pienso que cualquier situación tiene una solución. Esa idea me hace tener una actitud “guerrera” de avanzar siempre, de no permitirme caídas, tropiezos, contratiempos. O de verlos, y no admitirlos. O llegar al otro extremos y estallar enojada porque la situación me sobrepasa.

Y hoy, sin embargo, se me ocurre pensar que hay momentos en que bajar los brazos, es parte del proceso. De volver a elegir, de cambiar, de revisar, o solo de descansar. Simplemente eso….

¿Qué hacemos cuando sentimos que perdimos el rumbo? ¿Cómo volvemos al camino deseado?

 

juncos 2Tengo unos amigos que me explicaron el concepto del “wu wei”: hacer sin hacer. ¿De qué se trata y cómo se logra eso? Bueno, en principio, a veces es dejarse fluir sabiendo que en nuestra intención están nuestros objetivos, y que la manera de llegar a ellos no es forzando las situaciones, sino permitiéndoles que se desarrollen. “No acción” equivale a sincronizarse con el ritmo del entorno, en contraposición con actuar forzando la situación o, en el otro extremo, asumiendo un papel pasivo y negligente.

Es difícil para nosotros, con nuestra cabeza occidental signada por la persecución constante del éxito, permitirnos parar a reflexionar, o ni siquiera eso, hacer sin hacer, dejar que las cosas sigan su curso sin nuestra intervención directa. Porque el taoísmo distingue entre el efecto positivo de la “no acción” y la inacción yerma y sin consecuencias de la apatía o el no hacer nada.

El ideal de la “no acción” persigue el cambio a partir de la armonía, sin malgastar energía ni dividir entre héroes y villanos de historieta, favoreciendo sin impedir. De este modo, se evitan las contradicciones de la simplificación de clasificar entre ganadores y perdedores.

Tiene que ver con la sincronicidad de la que hablaba Jung, que decía que luego de poner la intención en un determinado objetivo, comenzaban a darse una serie de coincidencias alineadas con él.

Hay una gran diferencia entre bajar los brazos y wu wei, entre cambiar de rumbo activamente, renunciar a algo, y hacer sin hacer, sabiendo que en ese estado continúo el camino que me lleva a mi meta.

¿En qué estado estás? Te invito a dejarte estar como un junco en un curso de agua, dejando que fluya, sin interferir… Soltando los resultados, pero disfrutándolos cuando lleguen!

 

Palabras clave: wu wei, crecimiento personal