Poder decir Adiós…es CRECER!

Esta frase de una canción de Cerati, me parece que sintetiza bien, lo que vengo a contar.

En esta semana, dos muy amigas mías, van a comenzar una nueva etapa de sus vidas, en otra ciudad, siguiendo sus sueños. Comenzando nuevos vínculos, retomando otros, armando proyectos con vuelo propio. Tal vez de eso se tratan las mudanzas, de ir hacia lo nuevo, de apostar a lo desconocido.

viaje amigas x2En relación a como siento esta situación, se me presentaron dos cuestiones muy fuertes. La primera, era hacia la emoción del apego que tenemos hacia las personas, a las distancias y  a la inmediata angustia y tristeza que a veces nos generan las despedidas. La segunda emoción, también asociada a la pérdida, eran sobre las zonas de confort que nos creamos sobre nuestras rutinas conocidas, previsibles y como una mudanza viene a cambiarlas.

El punto en común, era el miedo a perder. Y la inmediata necesidad de buscar retener. Esta  fue un primera forma de enfocar la situación.

En cambio, mi segunda mirada fue más constructiva. Vi el “vaso medio lleno” y ahí descubro el inmenso coraje que tienen estas mujeres para afrontar el cambio. Su crecimiento personal, porque si bien es un cambio decidido, elegido y buscado, no obstante, ¡cuántas emociones y pensamientos nos generan!

¿Cuántas veces el miedo de poder volar por nosotros mismos, lo buscamos desviar y lo usamos en asustarnos por el vuelo del otro? ¿Por qué ponemos un velo de miedo entre nosotros, nuestras posibilidades?

¿Qué frenos nos ponemos a nosotros mismos para crecer?

 

Palabras clave: cambio, emociones, viajes

¿Ser generoso es incompatible con el mundo de los negocios?

La generosidad en el “mundo hostil” de negocios, parece en apariencia, inoportuna o ingenua y sobre todo, poco estratégica, desubicada.

¿Es realmente así? ¿O es que sólo construimos relaciones de competencia, en donde el ganar- perder no habilita el ganar-ganar?

Nos cuesta ser generosos, y esto es en parte, porque nos han educado dentro de una lógica de escasez, de gana el otro, pierdo yo. De esta manera siempre estamos alimentando el conflicto y la competencia. En cambio, si yo gano, y vos también, hay armonía y cooperación. Tu aporte al todo es singular, tan importante como el mío. Y ambos son necesarios y no mutuamente excluyentes, sino por el contrario, inclusivamente imprescindibles. Y este es el momento en donde, cuando más das, más recibís.

La mayor diferencia que tenemos con las plantas, que tienen una tenaz adaptación al medio que les toca, es que nuestra capacidad de co-crear y de elegir lo que nos permite tener una mayor amplitud.No en vano, la palabra ecosistema aplicado como metáfora al mundo emprendedor ha tenido un alto impacto. Es allí donde se genera un terreno apto para que lo diverso sea fecundo y la convivencia más que entorpecer, enriquezca.

Dar sin tener una seguridad de retorno parecería arriesgado y de cierta ingenuidad infantil. Yo no lo creo así, también se puede considerar la cuestión de otra forma.

Dar sin esperar nada concreto genera oportunidades. Oportunidades de encuentro, de negocio, de descubrir espacios de acción y de alianzas estratégicas. Los espacios actuales de networking apuntan a justamente fin.

Pensar que no hay “una torta para repartir”, sino que podemos generar muchas más tortas nutritivas para incluir más gente, es lo que hace a las verdaderas oportunidades de crecer en todo sentido, en todos los aspectos.

Se me ocurre pensar entonces:
¿Qué es lo que tanto tememos del dar?
¿Qué es lo que tanto tememos del recibir?

La generosidad en la vida cotidiana

 

Da y tendrás en abundancia.
Lao Tze

La generosidad, el dar sin esperar recibir, el dar por dar, se reemplaza a veces por la palabra “solidaridad”. Y eso involucra a otros. Generalmente, damos lo que nos sobra, como ropa vieja o cosas que ya no usamos. Un tipo de generosidad engañosa, un subtipo que nos coloca en una posición importante frente al otro que recibe. Siempre es mejor que nada.

Y ¿qué es ser generoso o generosa?
Es darse un tiempo para escuchar a un amigo que necesita compañía.
Es hacer una torta de cumpleaños para alguien que vive lejos de su familia
Es cuidar a una niña de un vecino
Es acompañar a alguien con miedo al médico
Es llevar a alguien en el auto, aunque no nos quedaba de pasada.
Es ayudar a mudarse a alguien
Es regalar una idea de negocio a alguien que acaba de cerrar un comercio.

Abrirse a dar es también una oportunidad de abrirse a recibir. Porque muchas veces nos cuesta recibir, aceptar que nos merecemos un regalo de otro, ya sea por desconfianza o hasta por culpa. “Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”, pero en este caso no hablamos de una limosna sino de un verdadero regalo.

La generosidad es brindarse y estar abiertos a crear nuestro destino. Aprendí que todo vuelve en su momento justo. Somos parte de un todo y vivimos en procesos que nunca se acaban, solo condensamos resultados en algunas circunstancias.

La generosidad genera cooperación, porque incluye al otro y a su vez, genera una corriente de empatía.

La generosidad en la vida cotidiana, suena en los oídos como exuberante y fluye como el agua en el mundo. Sin medida, ni dirección, al alcance de todo/as!.

 

Todos somos creativos

Sí, parece una frase hecha, pero no lo es. Y te voy a contar porqué.

Es cierto, y todos en alguna medida lo hemos experimentado alguna vez, que la creatividad surge de un momento crucial en donde con una información incompleta, lógica difusa y una urgencia que apremia encontramos una salida. Es cuando estamos “entre la espada y la pared”. Este es un tipo de creatividad en la que no tuvimos una iniciativa propia, sino que simplemente, buscamos sobrevivir o adaptarnos a las circunstancias que en ese momento no nos eran favorables.

En la Argentina, este tipo de creatividad es lo que han tenido muchas veces, emprendedores, cuentapropistas, empresarios de cualquier rubro en los últimos treinta años. Con ingenio y mucho “atarlo con alambre” han logrado salir adelante. Es decir, respondieron adaptativamente a las crisis y a las urgencias. En un terreno profesional, los bomberos y los médicos de urgencias son buenos ejemplos de este tipo de creatividad.

No obstante, hay otro tipo de creatividad, la que podemos generar a través del entrenamiento y del trabajo duro. Es la que tienen todos los artistas o las profesiones vinculadas con la creación, desde músicos hasta arquitectos. La creatividad está centrada en el desarrollo y en el crecimiento de proyectos que pueden ser a corto y mediano plazo. Aquí es donde se genera el estereotipo del “genio creativo” que se viste raro, que siempre está las nubes y es super curioso.

Así planteados, la creatividad sólo se da en los extremos.

Hoy, queremos cuestionar esta posición y mirar la situación desde otro lugar. Salirnos de un sentido de la creatividad restringido e ir ampliándolo.

Un carnicero, un mecánico, un contador, una cajera de supermercado son personas muy creativas: inventan soluciones a problemas de la vida cotidiana todo el tiempo, desde cambiar una válvula hasta cómo tratar el enojo de un cliente.

Esta creatividad transformadora en donde se utiliza el ingenio, es flexible, fluida, está orientada a un foco y logra así, ser original. Son pensamientos que puestos en acción, modifican el resultado esperado.

ideas-y-creatividad blog¿Qué hay más allá de la creatividad dada por la crisis? ¿Desde qué otro recurso podemos pararnos para desarrollar un largo proyecto? Y aquí aparece un concepto relacionado: la creatividad está emparentada con la pro-actividad. Y es desde esta actitud ante la vida que podemos pasar por toda la gama de diferentes tipos de creatividad, y enriquecer nuestra visión de los problemas, y por tanto de las soluciones que podemos dar.

Esta es la creatividad que queremos estimular, que todos podemos desarrollar si nos preparamos para ello con un nuevo entrenamiento: aplicando nuevos hábitos mentales, revinculandonos con nuestra manera de ver y sentir el mundo.

¿Habías visto la creatividad desde todos estos aspectos? Te gustaría desarrollarla en vos mismo?

 

Lo que aprendi pintando sillones

Me ofrecí a pintar unos sillones para el balcón de una amiga que se estaba mudando. En principio, dije que sí porque me gustaba la idea de compartir una actividad manual, como pintar, con ella. Me gusta hacer tareas creativas y también compartir una experiencia nueva porque siempre sucede algo “inesperado”.

La cuestión es que fui a comprar los materiales, siguiendo el consejo de mi amiga de “hacer caso” a los consejos del empleado de la pinturería (lease aquel que consideramos un “especialista”) de que pincel y pintura debía usar. Mi primera intuición fue primero pasar una base blanca y luego pintar con sintético blanco. El vendedor me instó a que directamente lo pintara con sintético. O sea, de entrada, “hice caso” y no seguí a mi intuición.

El punto es que mi amiga tuvo que ocuparse de otras cuestiones y la actividad de pintar quedo en mis manos. Comencé y mientras lo hacía, se fueron presentando dificultades (el sintético no cubría bien la base oscura), que me desalentaron bastante.

Ahí me enfrenté con mi poca tolerancia a que el resultado sea mediocre en mi búsqueda por lo perfecto. Las fantasías alimentan nuestra exigencia y ayuda a engrandecer la mirada y el juicio del “otro”. Y si no podemos hacer una evaluación objetiva de la situación, si no podemos ponerlo en palabras, o elaborarlo de alguna manera, la situación se torna inmanejable. Ante una situación de la cual no tenemos certeza del resultado, es más sencillo, ahogamos en un vaso de agua, para decirlo en criollo.

Me enoje conmigo misma, me sentí mal por no estar a la “altura” de lo que me pedía mi amiga (que tampoco sabe pintar) y abandoné el trabajo de pintura, por un tiempo. Me quedé masticando “frustración” hasta que volví a tener coraje y empecé a buscarle la vuelta por otro lado para poder terminar. Pregunté y se me presentaron otras alternativas con lo cual, la situación inicial, mejoró. Y sobre todo, me sacó de mi sensación de fracaso de una situación que había comenzado como una actividad placentera y compartida y ahora me estaba generando malestar e inmovilidad.

Aprendí varias lecciones de esas mañanas otoñales pintando sillones. Lo primero, es que quiero aprender a confiar en mi criterio, en mi sentido común, construido desde diferentes áreas de saber (que no es necesario ser especialista en pintura para pintar sillones). Lo segundo es que las actividades hay que realizarlas por motivación propia y más allá del juicio final que el otro tenga del producto. Capitalizar el proceso de hacer la actividad y saber que las próximas pinturas serán mejor que las primeras.

En el mundo emprendedor, conviven los mentores y los asesores con los coaches que tienen todos la buena intención de querer acompañar el proceso de crecimiento de ese emprendedor. Y tener una mirada objetiva en momentos de crisis, siempre otorga información valiosa. Pero, no obstante, es importante también escuchar nuestra voz interior, o extraer de manera consciente las enseñanzas que se nos presentan en nuestro diario vivir. Para aprender a tomar decisiones sabias, es necesario lograr una síntesis entre la reflexión interior que esté acompañada con una reflexión externa..

Palabras claves: frustración- motivación personal – introspección