¿Cómo nos estamos relacionando?

En este post, vuelto a escribir a cuatro manos y que sale de una charla de domingo por whatsapp, conversábamos acerca de cómo nuestras relaciones van cambiando. Nos dimos cuenta de a veces caemos en un círculo de acción y reacción, en donde si bien nos sentimos en terreno conocido, no nos resulta cómoda ni del todo placentera la situación. Para pensarnos, se nos ocurrió una comparación con un juego.

¿Jugaste al Go alguna vez? es un juego japonés, milenario. go ret.pngHay quien dice que es mucho más complejo que el ajedrez, y eso que solamente tiene piezas blancas y negras. El juego consiste en ocupar la mayor parte del tablero con nuestras fichas, poniéndolas de a una por vez, y retirando piezas de nuestro contrincante, “ahogándolas” para tomarlas.

Hay una jugada que se llama “Ko”: es una jugada prohibida. El Ko consiste en que, dada una jugada para tomar una pieza, el contrincante puede hacer una jugada simétrica para recuperar su pieza. Este movimiento está prohibido porque se podría hacer una jugada y su respuesta indefinidamente, llevando el juego a una repetición interminable.

Creo que se puede ver como una analogía de situaciones y respuestas que dan lugar a un ahogamiento en una relación. Hago esto, la otra persona hace un movimiento análogo, y así indefinidamente, sin llegar a ningún resultado, repitiendo conductas que no nos dejan fluir. Discusiones que se repiten una y otra vez, sin llegar a un acuerdo y diciendo casi palabra por palabra lo mismo. La propuesta es usar la regla del Ko: “No juego más a esto”.  Cuando nos damos cuenta de esto, podemos “jugar” a otra cosa, sin caer en Ko. O podemos, siguiendo con la analogía, abandonar el juego y decidir que con esa persona ya no nos interesa relacionarnos.

Ya dejando el juego de lado, las relaciones humanas son muchísimo más complejas que el Go. Y, por supuesto, siempre se puede buscar otra vía de acción u otra manera de relacionarnos. Pero ¿qué sucede cuando la otra persona se ha acostumbrado a relacionarse de una manera dañina para mí? Quizás recién ahora soy capaz de verlo y actuar en consecuencia…

Como conclusión de esta charla llegamos a que quizás lo importante es verlo: ese momento donde prácticamente nos damos la mano contra la cabeza: “¿Cómo llegamos a esto?”. El curso de acción dependerá mucho de nuestras posibilidades de renegociar cómo relacionarme, o bien de simplemente alejarme.

¿Estuviste en Ko alguna vez?

Te dejamos un video de cómo jugar Go:

 

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El enojo que resuelve

La primera vez que vi esa frase, en un libro del Dr Levy sobre emociones, me llamó la atención por lo contradictoria. Supuse que ese era el efecto buscado: una cuestión de publicidad. Pero luego, al trabajar con esta emoción y no solamente con la mirada de Levy, me di cuenta de su veracidad.

Como una primera aproximación al enojo: ¿por qué nos enojamos? ¿qué cosas nos causan enojo? Por lo general, el enojo se nos dispara por una expectativa no cumplida. Puede ser desde una cita a la que nuestro amigo llegó impuntual (la expectativa era acerca de un horario) o por una tarea que encargamos a alguien que no la terminó o no se encargó (la expectativa era acerca de la realización de esa tarea). Por tanto podemos concluir: cualquier expectativa que tengamos sobre los demás, e incluso sobre nosotrxs mismxs, si no se cumple, puede causarnos enojo (también tristeza, pero no es el tema de esta nota). ¿Quiere decir esto que no debemos tener ninguna expectativa sobre lxs demás? Bueno, quizás eso es algo extremo. Pero sí, al identificar nuestras expectativas, podemos manejar el enojo. ¿De qué manera?

-Mirá, esperaba que hicieras “esto”, de acuerdo a lo que acordamos… ¿Qué podemos hacer para que no me sienta frustrada con esto?

Estamos buscando alternativas al enojo, a explotar y decir cosas de las cuales quizás nos arrepintamos más tarde.

¿Y qué pasa cuando el enojo es conmigo? Porque no supe hacer algo, cortar con una situación injusta quizás, porque no rendí como debía… Ahí podemos ver que tenemos como dos “vocecitas” internas: esa que nos critica y nos castiga, y otra que, débilmente, se defiende. Podemos escuchar cómo nos maltratamos por haber fallado, y cómo tratamos de no sentirnos tan mal.

Pero la verdadera novedad es que siempre, siempre, el enojo es conmigo. Ya sea por poner expectativas elevadas con mi comportamiento o con el de los demás. Esto no quiere decir que no tengamos que hacer nada al respecto, sino todo lo contrario: “blanquear”, dar a conocer nuestras expectativas, nos ayuda a superar el enojo. A RESOLVER. Y una vez que puse a la vista eso que deseaba que pase y no sucedió, decidir qué hacer.

Muchas veces nuestro enojo es contra un maltrato: ¿cómo fue que llegamos a una situación donde permitimos que nos maltraten? Otras veces, acerca de una demostración de cariño que nunca llegó, o lo que nosotrxs consideramos que es una demostración de cariño según nuestros estándares. ¿Por qué pretendo que todo el mundo se exprese como a mí me gustaría?

La cuestión es una y otra vez volvernos hacia nosotrxs y pensar qué cambiar en nuestra propia persona para soltar, para liberar eso que nos ata en el enojo, y actuar en consecuencia. No frenarlo, porque eso lo único que hará es retrasarlo y volverlo peor, sino encauzarlo.

¿Fácil? No, para nada. ¿Necesario? Yo diría que imprescindible.

San Valientín

No, no me equivoqué en el título. Quizás el origen del nombre “Valentín” sea la valentía, no lo sé. Sí sé que para amar se necesita mucha valentía.

En este día tan comercial, nos venden desde bombones hasta almohadones para congraciarnos con alguien, ya sea para pedir perdon como para demostrar genuino cariño. ¿Cómo abstraerse de semejante lluvia de corazones? Para lxs que están solxs o recientemente rompieron, es una tortura…

Sería muy poco original si me preguntara aquí “¿qué es el amor?” cuando lxs poetas más inspirados ya han gastado tanta tinta y papel en eso. No puedo más que hacer una reflexión personal sobre lo que aprendí del amor, transitando este mundo.

Y lo primero que puedo decir es lo que el amor NO ES (para mí). El amor no es posesión del ser amado, ni vigilancia sobre sus actos, ni violencia en cualquier forma, ni querer cambiarlo, aunque sea “para bien”. El amor tampoco es estar esclavizado a los caprichos de un/a otrx, sintiéndose que si esa persona se va de nuestro lado, no somos ni valemos nada, como dicen muchas canciones.

Tampoco creo que el amor sea lo que nos completa en la vida, y que haya una única persona que pueda llenar ese espacio… Como verán, no soy lo que tradicionalmente se llama “romántica”.

Y entonces, ¿por qué cuernos se me ocurre hacer una nota de San Valientín? Porque a pesar de todo eso, amo, y mucho. He pasado por diversas etapas y he descubierto que el apego puede matar al amor. Que muchas veces quien es desapegadx siente una clase de amor que considero más genuino que el amor romántico, el de las flores y los bombones. Quien no se apega a su ser amado, lx deja ser como es, sin exigencias del tipo “si me amaras harías… ” tal o cual cosa.

Si no puedo soportar que la otra persona no cambie para que me termine de gustar, ¿de verdad la estoy amando? ¿O lo único que busco es un espejo, o quizás un monigote a control remoto? Si, como otra salida, elijo “aguantar” los defectos de mis relaciones, ¿de verdad estoy amando? ¿o sólo esperando a que se produzca una pelea?

Por supuesto que hay consensos en las parejas y en las relaciones en general, y para eso previamente seguro hubo conflicto y dolor. Inevitable. Pero si ese consenso es genuino, si acordé que determinado comportamiento era el esperado, no debo sabotearlo, socavando de esta manera la confianza que me fue depositada. Y si la persona que tengo a mi lado tiene características que me son insoportables… Preguntarme si de verdad quiero que estemos juntxs, en lugar de suplicar que cambie.

Y volviendo al título: ¡hay que ser muy valiente para amar! Y para expresarlo, aún a riesgo de rechazo… Porque si amo verdaderamente, como dice el Indio Solari, lo unico que le deseo es el bien al otro (o la otra). Si esa persona no me ama, ¿por eso voy a dejar de amarla? Sería un amor muy trucho, ¿no? Si lo que busco es una pareja, bueno, mejor que me fije en otrx. Pero si lo que busco es nada más y nada menos que la maravillosa experiencia de amar… Nadie, nadie puede impedírmelo. Primero, sabiendo que soy una persona completa; luego, amando aunque no haya garantías de que vaya a ser perfecto.

Me quedó larga la nota, pero es genuina, y hasta podría seguirla. Esta es mi experiencia y estos, mis pensamientos… Espero que puedas amar y ser feliz, que no es poco.

 

Brindis 2018

Sobre una reflexión (“la piedra”) de Antonio Pereira, va versión mía:

 

En el camino encontrarás piedras. 
Hay quien, distraído, tropezará.
Quien las levante para arrojarlas contra una injusticia.
O aquel que las use para construir.
Algún caminante se sentará a descansar sobre ellas.
También el que, con espíritu infantil, arme un juego.
Otras personas, artistas, que las tallen o pinten.
Las mismas piedras, distintos observadores…
¿Cuál papel querés asumir? 
 
Brindemos por un 2018 lleno de posibilidades y elecciones libres.

CENTRAMIENTO – Espíritu

Pasaron varios días desde que escribí la última reflexión. Más allá de mis múltiples ocupaciones, no me sentía “centrada”, sino en desequilibrio. Así que estuve siguiendo una meditación online, todos los días, y reflexionando un poco.

¿Y qué es estar “centrada” para mí? Varias cosas, todas en un estado. Por un lado, no poner expectativas en los demás, sino en mí misma, porque es a quien puedo cambiar. Sí hacer oír mi voz, pero sin pretensiones de única verdad. Dar lo mejor de mí misma, para estar contenta, no por una exigencia exterior. Por otro lado, sentir que todo el amor qe necesito ya lo tengo de mí misma. Por añadidura, tengo muchas personas que me rodean, a quienes puedo dar amor y ellxs me lo darán a su manera. Sabiendo estar a solas conmigo, y en plenitud, relacionarme con otras personas es más fácil y fluye más, porque no necesito “completarme” con la otra persona, generando cargas en una relación.

Estar centrada es encontrar mi propio espíritu y mis propios recursos para tenerlos disponibles cuando lo desee. Es tener una intención, y confiar en que todo lo que suceda se irá alineando para conseguirlo, si es genuino. ¡Ya lo vivencié muchas veces!

Saber que mi fuego interior puede guiarme a la acción con resolución y también marcar el camino a otrxs, iluminar sin quemar.

Que mi aire me servirá para pensar con cuidado, y adaptarme a las circunstancias, con flexibilidad.

Y mi agua escuchará las emociones que son parte importante de mi ser, con apertura hacia  los demás.

Y saber también que necesito de mi tierra para recordar de donde vengo y afirmarme en mi identidad cuando lo necesite.

Todo esto puedo encontrar cuando le presto atención a mi centro, a mi espíritu, en silencio.

Y vos, ¿cómo logras centrarte?

 

Este es el quinto de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

RESOLUCIÓN – Fuego

Me acerqué al fuego para calentarme un poco. La noche de primavera estaba fresca y los invitados del cumpleaños de mi amiga ya se iban. Como tantas veces, observé el fuego con fascinación. Las llamas eran impredecibles, siempre diferentes en forma y color.

Pensé en nuestro “fuego interno”, aquello que nos impulsa a hacer lo que deseamos, lo que nos hace únicos. También pensé en mis mejores amigos y amigas, que tienen ese espíritu aventurero como el mío. Y lamenté que muchísimas personas sofocaran ese fuego en haras de una supuesta seguridad.

Nada más triste que ver cómo la chispa de una persona es apagada por un ambiente laboral o escolar adverso, y nada más hermoso que ver como esa chispa se transforma en fuego.

Muchas veces hemos asociado el fuego con la destrucción, y sin embargo lo pienso ahora como la transformación de una cosa en otra. Tomar madera y convertirla en luz y calor, en energía liberada… Tomar una idea, un grupo de personas y convertirlos en proyectos que se realizan y crean nuevas realidades, arte, tecnología, lo que sea.

Se piensa que la civilización empezó en el momento en que los individuos se nuclearon en torno al fuego. Cocinar los alimentos, espantar a las fieras, o simplemente calentar el ambiente. Ese poder que tienen las llamas de abstraernos, también dio lugar a la comunicación: contar historias alrededor de la fogata, hacer planes para el invierno, decidir en grupo.

Narrar, planear, decidir, actuar. El fuego nos provee de la energía necesaria para ir adelante, transformándolo todo. Nuestra resolución nos impulsa hacia adelante para concretar proyectos y tomar decisiones, y no sólo seguir soñando…

¿Qué te dice tu chispa interior?

FLEXIBILIDAD – Aire

Esperé su respuesta para agendar un encuentro e ir organizando mi semana. “Vamos viendo”, me contestó. Mi lapicera quedó en suspenso sobre la hoja y por unos instantes no supe qué hacer. Dejar abierta la agenda significaba no poder acomodar otras actividades en mis tiempos disponibles. Por un momento me enojé, y luego comprendí que mi enojo era una muestra de mi falta de flexibilidad.

Dejar abierta una posibilidad es como dejar abierta una ventana: aireel aire fresco entra y se renueva en la habitación. Sin tener toda la agenda cubierta, puedo adaptarme a lo que vaya surgiendo, y quizás como dice Tom Hank en el Naufrago: “algo traerá la marea”.

No quiere decir que voy a aceptar cualquier cosa que surja, pero sí significa que puedo contemplar más opciones antes de involucrarme. Eso incluso me permite jugar, ser más creativa, estar dispuesta a enfrentar con serenidad imprevistos y contratiempos.

Si tengo un exceso de flexibilidad es probable que nunca concrete nada, o bien que el resultado sea impredecible. En el otro extremo, una excesiva rigidez me quita habilidad para resolver situaciones no programadas o esperadas.

Si lo llevamos al plano de las relacioneflexibllidad aires personales, el aire siempre viene bien para no sentirnos ahogados. Tener todo previsto y preparado nos quita la sorpresa, y hasta quizás algo de disfrute, nos sume en la rutina. Pero demasiado aire nos hará sentir desconectados con los demás, sin empatía, como “flotando” por encima de cualquier situación, sin involucrarnos ni decidir nada, con una  dirección incierta.

Y con nuestros sueños, otro tanto: podemos divagar y ver alternativas para enriquecerlos, pero muchas veces el “algún día lo haré” termina por no definir un proyecto que se concreta.

El aire impulsa, inicia, es el comienzo de una acción en potencia. Lo necesitamos para flexibilizar nuestra mente y contemplar posibilidades antes de juzgarlas y decidir, y para ser creativos.

¿Cuánto aire y flexibilidad hay en nuestra vida?

 

Este artículo es el tercero de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.