CENTRAMIENTO – Espíritu

Pasaron varios días desde que escribí la última reflexión. Más allá de mis múltiples ocupaciones, no me sentía “centrada”, sino en desequilibrio. Así que estuve siguiendo una meditación online, todos los días, y reflexionando un poco.

¿Y qué es estar “centrada” para mí? Varias cosas, todas en un estado. Por un lado, no poner expectativas en los demás, sino en mí misma, porque es a quien puedo cambiar. Sí hacer oír mi voz, pero sin pretensiones de única verdad. Dar lo mejor de mí misma, para estar contenta, no por una exigencia exterior. Por otro lado, sentir que todo el amor qe necesito ya lo tengo de mí misma. Por añadidura, tengo muchas personas que me rodean, a quienes puedo dar amor y ellxs me lo darán a su manera. Sabiendo estar a solas conmigo, y en plenitud, relacionarme con otras personas es más fácil y fluye más, porque no necesito “completarme” con la otra persona, generando cargas en una relación.

Estar centrada es encontrar mi propio espíritu y mis propios recursos para tenerlos disponibles cuando lo desee. Es tener una intención, y confiar en que todo lo que suceda se irá alineando para conseguirlo, si es genuino. ¡Ya lo vivencié muchas veces!

Saber que mi fuego interior puede guiarme a la acción con resolución y también marcar el camino a otrxs, iluminar sin quemar.

Que mi aire me servirá para pensar con cuidado, y adaptarme a las circunstancias, con flexibilidad.

Y mi agua escuchará las emociones que son parte importante de mi ser, con apertura hacia  los demás.

Y saber también que necesito de mi tierra para recordar de donde vengo y afirmarme en mi identidad cuando lo necesite.

Todo esto puedo encontrar cuando le presto atención a mi centro, a mi espíritu, en silencio.

Y vos, ¿cómo logras centrarte?

 

Este es el quinto de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

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¡Qué mandona!

Hace muchos años, organicé cursos y campamentos (aún sigo colaborando cuando siento que puedo aportar algo). Eran días maravillosos, al aire libre o bajo techo, compartiendo reflexiones y tareas. En esa época quizás, al estar dentro de un movimiento de mujeres, la Asociación Guías Argentinas, el liderazgo se me dio naturalmente. Poco a poco fui tomando responsabilidades, y si bien la adrenalina del inicio siempre se siente, tuve confianza en que mi estilo de liderazgo estaba bien encaminado. Siempre hay que seguir aprendiendo, y elegí dedicarme a la docencia universitaria (en otro tema, pero sigo usando los recursos que aprendí en las guías).

Por otro lado, comencé a organizar otro tipo de jornadas, talleres y encuentros, ya por fuera de un movimiento de mujeres voluntarias y del caparazón de seguridad que eso supone.  Hubo nuevos desafíos: me encontré con otras realidades. Público más “arisco” si se quiere, donde, a pesar de haber pagado mis servicios, cuestionaba mi liderazgo. A tal punto de notar que las mismas palabras dichas por mí o por un compañero hombre eran tomadas de una manera totalmente diferente.

Se han hecho innumerables estudios sobre cómo se percibe a las mujeres liderando, incluso se han clasificado los estilos de liderazgo como “femenino” y “masculino”. En realidad mucho tiene que ver con el prejuicio: cuando a un hombre le dicen “firme”, a una mujer “inflexible”; cuando a un hombre le dicen “asertivo”, a una mujer, “agresiva”, cuando a él le dicen “comprometido”, a ella “obsesionada”. Se critica el liderazgo de las mujeres desde lugares superfluos, por ejemplo la ropa que lleva puesta o si lleva poco o mucho maquillaje.

Pareciera que los estereotipos siguen reinando, y dentro de ellos, las mujeres estamos mejor en casa que afuera cambiando y creando el mundo. A ninguna de estas barreras de prejuicios se enfrentan ellos cuando quieren liderar. Incluso, en lugares políticos, se ha llegado a poner cupos para que entren mujeres, porque los partidos por propia iniciativa no lo hacían… Y aún así, se cuestiona esos cupos porque se supone que otorgan una ventaja excesiva.

¿Es tan malo que te dirija una mujer?

En mi primer trabajo como ingeniera, y viendo el caos que era la oficina, simulé ser la “secretaria” de todos, para que me dejaran liderar. Charlaba con los chicos de electrónica y nos poníamos de acuerdo cuándo se podía armar el producto, y luego con los de mecánica, para que estuvieran “los fierros” listos a tiempo. Agendaba, coordinaba acciones, pactaba con unos y otros, pero siempre en mi rol de subalterna… Para que no se sintieran incómodos.

Hoy, muchos años después, me pregunto: ¿qué era lo incómodo?

Entiendo el liderazgo como un tipo de servicio al grupo, no como un escalafón y una cadena de mandos, sino como el trabajo de hacer que cada persona se sienta cómoda y trabaje a su mayor potencial. Y vuelvo a encontrarme con barreras de género, con comentarios y ninguneos. Pareciera que mucha gente prefiere que le peguen tres gritos, le den una solución mágica y a otra cosa mariposa. No creo en eso. Creo en los procesos y en la confianza.

En definitiva, para que esta nota no suene a queja, quiero decir que voy a seguir liderando. A ustedes, amables lectores, quisiera pedirles un favor: no dejen de criticar a sus líderes, pero la proxima vez que critiquen a una mujer líder, háganlo desde la vara de la competencia, no del prejuicio.

Esa palabra tan temida

Decimos “política” y es probable que empecemos una discusión. Últimamente, además, las discusiones no suelen ser pacíficas, porque la gran mayoría se dan escudadas por la virtualidad, donde puedo insultar sin ningún tipo de consecuencias graves, a lo sumo un bloqueo.

Cuando éramos chicos, nos hicieron notar que nuestros “¿por qué?” eran molestos, y desde entonces hemos recibido una educación donde lo que se evalúa no es qué tan bien razonamos, sino cuánto conocimiento tenemos… Es decir, que no interesan las preguntas, sino las respuestas. Porque las respuestas son más cómodas, nos hacen sentir seguros, y ya podemos dedicarnos a otra cosa. Las preguntas tienen esa maldita costumbre de hacernos pensar y repensar. Y nos interpelan: ¿qué tan bueno es tu argumento? ¿Estás muy seguro de que es así? ¿Qué fuente consultaste?

Pero ¿qué es la política?

Según wikipedia: Política (…) es el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de un grupo. También es el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.

Es decir que, si no tenemos una “política” definida, caemos en el caos como nación. Es imposible, entonces, que seamos “apolíticos”, porque en todo caso hasta la decisión de ser anarquista es una decisión política.

Y la tan mentada “corrección política”, entonces, ¿qué es?
También según wikipedia, y sólo como consulta para disparar ideas: “La corrección política o lo políticamente correcto es un concepto utilizado para describir lenguaje, ideas políticas o comportamientos con los que se procura minimizar la posibilidad de ofensa hacia grupos étnicos, culturales o religiosos. (…)”

Sin embargo, también: “La locución y su uso es altamente polémico; suelen utilizarlo en sentido peyorativo o irónico quienes manifiestan su preocupación de que el discurso público, la ciencia o los ámbitos académicos puedan estar dominados por puntos de vista excesivamente acríticos con determinados postulados.”

Esto quiere decir que mediante la corrección política, o bien puedo querer tener la buena intención de no ofender a nadie, en particular a minorías en desventaja, o bien, puedo usarla en forma demagógica, para obtener una ventaja.

La cuestión es, entonces, preguntarnos: ¿para qué digo lo que digo? Y también ¿cómo estoy diciendo lo que estoy diciendo?

El “para qué” incluye preguntarnos cuáles son nuestros valores y nuestro ideal de realidad (país, entorno, lo que sea). Hasta dónde queremos o podemos involucrarnos…politica Y el “cómo” incluye a nuestros interlocutorxs. El respeto por las otras personas, aunque sus ideas nos parezcan absurdas. Porque de alguna manera llegaron a formarlas, y el hecho de que estén parados en la vereda de enfrente, quizás, no se trate de que estén desinformados o sean imbéciles, sino que se nutren de fuentes de información diferentes y probablemente no les interesen las mismas cosas que a mí.

¿Es válido intentar “convencer” a otras personas, entonces? Si lo que creo es una verdad irrenunciable, desde ya. Ahí está, también, mi capacidad de involucrarme. ¿Pero si esa verdad irrenunciable nos está cegando a otras realidades?

Y lxs dejo con estas preguntas.

 

Indirectas de Facebook

Abrí el facebook y vi tres estados parecidos. Consejos vacíos, basados en generalizaciones, sin siquiera un comentario como para personalizarlos. Y se me dio por hacer un comentario en mi muro: “Pufff… Harta de consejos berretas que no le sirven a nadie y de gente que se cree iluminada”. ¡Uy! ¿Para qué? A los cinco minutos tenía tres contactos peleándose en mi muro porque se sintieron agredidos por mi comentario, creyendo que específicamente me refería a ellos. ¿Qué fue lo que les resonó tanto como para que se hicieran cargo? ¿Se sienten el “ombligo del mundo”? Si lo mío era sólo una queja… Por el contrario vi que hacían comentarios citando entre comillas parte de lo que yo había dicho, pero sin etiquetarme.

wonka-retLas herramientas de comunicación actuales, tales como las redes sociales, son eso: herramientas. Y como todo objeto útil, siempre es mejor usarlo con cuidado y saber que un mal uso nos puede hacer daño.
Todo mensaje tiene, no sólo un emisor y un receptor pasivo, sino un “recrear” del mensaje en el receptor. Ese receptor en una red social no necesariamente era el destinatario original de mi queja o comentario, y esto genera un sin fin de malos entendidos. Y el lenguaje en que se expresa también es parte del mensaje. Una misma cosa se puede expresar de mil maneras, y puede ser interpretada de otras mil. En un mensaje, busque o no estar dirigido, va a tener repercusión en quien lo lea.

¿Qué hacer entonces para evitar estas molestas situaciones?
En primer lugar, por parte de quien escribe, tener el cuidado de no herir susceptibilidades, o bien poner la “queja” en privado, sólo para amigos íntimos.
En segundo lugar, por parte de quien lee, no hacerse cargo sin chequear: “¿vos te referís a mí, a esta situación?”.
En tercer lugar, comunicarse en directo, sin intermediarios ni espectadores. Podrá ser cara a cara, con un llamado telefónico o lo que sea, pero ya en intimidad y sin testigos, sin público.

Justamente lo que más asusta es el tercer paso: mirarnos a los ojos y decir nuestra verdad. Y bancarnos que la verdad del otro, por lo general, no coincide con la nuestra. Si nos interesa recomponer una relación donde hay ruido por un malentendido, hay que aceptar que la otra persona puede tener motivaciones y valores muy diferentes a los nuestros. Lo más valioso de una relación (no importa si es de amigos, de pareja, de familia), es poder superar las crisis y los malos entendidos, porque de allí la relación se fortalece y se vuelve más genuina.

La propuesta es hacer de los malos entendidos una oportunidad para conocer de verdad a los demás (a los que nos importan), a través de una solución compartida y que nos fortalece, nos enriquece.

 

Estar en contacto

-Ah, sí, sé todo de tu vida, porque te sigo en Facebook. ¡Publicás un montón!

He escuchado esto, con algunas variantes, muchas veces. Y siempre pienso: ¿de verdad creés que sabés algo de mi vida por leer las pavadas que publico en una red social? Me asombra el grado de confusión que se puede generar por confundir tener al alguien “de contacto” y “estar en contacto”. Quizás puedas saber qué pienso políticamente, alguna alegría evidente como un nacimiento y cuáles son algunos de mis gustos, si subí fotos de mi comida. Pero dudo mucho que sepas cosas íntimas y profundas, de esas que les contamos solamente a los amigos cercanos.

Por otro lado, si estoy triste y lo pongo en Facebook, ¿me alivia leer que mucha gente me manda abrazos, besos y palabras de cariño? Seguro que sí, pero mucho más si ese apoyo es dado en persona.

Me tocó estar mucho tiempo en reposo por una lesión y como no tenía mucho que hacer, me la pasaba en las redes sociales… Pero cuando proponía que me visiten, que hablemos, era como si muchos de mis amigos no sintieran que fuera necesario el contacto directo, porqueabrazo ret ya estábamos chateando, ya habían visto mis fotos. Quedaba en el aire la pregunta: “¿para qué?”.

Las reuniones a charlar y comer difícilmente puedan ser reemplazadas por chistes en Whatsapp. Una larga disquisición despues de tomar un par de copas, no va a ser lo mismo que una discusión en 140 caracteres en Twitter. ¿Verdaderamente pensás que es lo mismo darle un abrazo a tu tía que enviarle un gatito gracioso que tira besos?

No me malentiendan: no creo que las redes sociales sean “malas”. Sólo creo que estamos en una etapa de transición donde aún no nos hemos adecuado a estar en contacto permanentemente. Y que tener demasiados “amigos” en las redes, quizás nos hace descuidar las relaciones personales en directo. Las redes sociales nos han dado la oportunidad de comunicarnos con alguien que está del otro lado del planeta, casi sin costo. Han abierto posibilidades de inclusión, de reunión, de que negocios pequeños puedan vender sus productos sin tener que pagar un local a la calle. De que se conozcan y se enamoren personas tímidas, de estar en contacto con el primo que se mudó a Barcelona, de viajar y saber qué te vas a encontrar en las ciudad de destino.

Sin embargo, internet no deja de ser una herramienta, un canal de comunicación y no la comunicación en sí misma…

Y vos: ¿a quién abrazaste esta semana?

Séptimo hábito: Aprender a renovarse

Llega el otoño, y aparece el hermoso paisaje de las hojas secas, sus colores y el sonido crujiente que hacen cuando caminamos sobre ellas. Llega un nuevo tiempo. Las estaciones son parte de la naturaleza y ésta nos muestra sus ciclos de vida y de muerte. Todo lo que nace, tarde o temprano, está destinado a morir. Y si bien, como seres humanos, tenemos conciencia de la muerte, en general, nos atemoriza pensar en eso.

Sin embargo, la muerte es parte de la vida. Cada día, en nuestro cuerpo, millones de células mueren y otras nacen. Para vivir, matamos plantas y animales, que son nuestro alimento. Así de simple. Probablemente, no nos detuvimos a pensar que las “pequeñas muertes”, son las que generan condiciones para lo nuevo. En la caída de hojas hay una renovación de lo que ya no sirve. Y esas hojas, a su vez, nutren el árbol que en primavera florecerá y se renovará.
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En nuestra vida moderna, nos hemos acostumbrado a rechazar a la muerte, como si fuera el final de todo y no una etapa más. Nos asusta la decrepitud y el sufrimiento por lo que ya no está, por aquellos que se fueron.

Si podemos ver que en cada despedida, hay una bienvenida, la muerte toma otro sentido. No solamente en el sentido religioso del trascender, sino porque en esa nueva etapa, habrá una superación en donde lo que queda atrás nutre lo nuevo y lo que está. Que ambas son las dos caras de una misma moneda.

En Jane Poppins en este otoño decidimos renovarnos, y como la mariposa, nos transformamos. Y no solo por una cuestión estética, sino de perspectiva acerca de este espacio que proponemos, de cómo lo habitamos y lo transitamos. Y de cómo lo compartimos con vos.

Te invitamos a explorar la página, y también a que puedas explorar y reflexionar sobre la etapa de este otoño en tu vida.

Quinto hábito: Vivir al día y en el día

“Pone el carro en marcha, que los melones se acomodan solos”….

A veces me encuentro pensando en el futuro, en mil cosas que hacer, una y otra vez, haciendo listas y listas, y entrando en un estado de “dialogo interno” que no es provechoso. Una especie de conversación repetitiva llena de “tengo que…”, que me aísla del momento en que estoy viviendo, y que no lleva a ninguna parte. Ahí es cuando hago mi lista de papel, para ponerlo en “el afuera” y me concentro en vivir el momento.

Lo mismo nos puede pasar si vivimos de los recuerdos, de experiencias pasadas. De estar rememorando “tiempos pasados y felices” (o dolorosos), haciéndonos preguntas que nos atormentan. La nostalgia nos invade y pareciera que vivimos en lo que ya sucedió, que no puede cambiar. Queda una imagen congelada y si hay una situación presente parecida, nos da miedo que el resultado pueda llegar a ser el mismo que antes.

Vpresente retivir en el presente a veces nos lo venden como irresponsabilidad. “Vos no pensas en el futuro!” o bien “pero no te das cuenta de lo que pasó”. Hay un delicado equilibrio entre vivir “presente” y vivir irresponsablemente. Cuando estoy presente me doy cuenta de muchas cosas por estar atenta a lo que sucede en este momento. Los grandes momentos de inspiración, ya sea para resolver problemas o para crear, vienen cuando estamos completamente presentes.

Si yo ya fijé mis metas, y también sé de qué experiencias vengo, no tengo más que vivir el ahora para seguir adelante. Porque lo que se realiza, siempre es en el presente, y si me paralizo pensando, no encuentro más que frustración.

Y en el presente siempre encontraré sorpresas y obstáculos que no imaginé…

A vos, ¿te cuesta concentrarte en el momento?

Palabras clave: presente, tiempo, hábito