Viajar rápido o viajar lejos

Frené la moto porque estaba perdida. ¿Había doblado mal? Se suponía que el camping donde se hacía el asado no era tan lejos. Bajamos, llamamos por celular, esperamos indicaciones.

―Chicos, ¿están bien? ―No habían pasado diez minutos desde que habíamos parado al costado de la ruta, que ya dos motociclistas habían frenado para saber si teníamos algún problema.

―Sí, ¡gracias! Nos perdimos, pero ahora nos mandan mensajito con la dirección.

Hay un proverbio africano que dice: “Si quieres viajar rápido, ve solo. Si quieres ir lejos, viaja acompañado”. Pensaba en esto el otro día y no tuve más remedio que darle la razón.

Viajar solo, sola, implica que no tenés que pactar ninguna decisión, más que con vos mismo. Que si tenés que llegar a destino rápido, mejor es no tener nadie que te entretenga ni te distraiga de tu objetivo. Ir directo, o tomar un camino alternativo, qué transporte usar, todo depende de vos y tenés la libertad de decidir… Y también la responsabilidad.

Por el contrario, viajar lejos requiere de otra “cabeza”. 01-grupo-motoAl estar muchos días fuera de lo conocido, explorando lugares nuevos para nosotros, nos hace buscar, la mayoría de las veces, alguien con quien compartir el placer de descubrir. Y no sólo eso: para afrontar riesgos y contratiempos que nos puedan surgir,  mejor estar acompañado que solo.

En el mundo de las motos esto es algo conocido. Se organizan juntadas en algún lugar, y siempre se ponen de acuerdo quiénes van a ir, a qué hora y qué llevar. Sobre todo si el viaje no es acá a la vuelta, sino que llevará varios días, es mucho más seguro viajar en grupo. Ante un desperfecto técnico, un accidente, o una equivocación en qué ruta tomar, siempre habrá quienes puedan ayudarte. Y en la ruta estamos mucho más expuestos.

Al igual que los moteros, está bueno preguntarnos si queremos lograr algo rápidamente, llegar en poco tiempo solos, o si queremos hacerlo acompañados, con la posibilidad de un mayor enriquecimiento. Cualquiera de los dos caminos son válidos, sólo debemos distinguir para elegir.

Aprender a parar y volver a empezar

El fin de semana, sentí que tenía que parar. Me había sumergido en un ritmo muy intenso a nivel mental, emocional y hasta físico. Sentía que cualquier situación me iba a hacer “volar por el aire”. Tenía una alta probabilidad de tener algún accidente…

Entonces, me di cuenta de que así no iba a ningún lado. A veces, vivimos “apagando incendios” y no nos ponemos a pensar en la causa profunda de las situaciones en las cuales actuamos reactivamente, por impulso, por miedo y en automático. No siempre seguir en el mismo ritmo resuelve las cosas rápidamente, porque también debemos parar a ver si la ruta en la que estamos es la correcta, o no nos lleva a ningún lado que nos interese.  O como dice Drexler “en tren con destino errado, se va mas lento que andando a pie”.

pensarSin embargo ¿sabemos cúal es el origen de nuestro malestar que nos hace sentir  frustrados? Estamos tan “enroscados” que no podemos ver la salida a la situación.Paradójicamente, parar nos hará hacer ir mejor y más rápido a donde queremos.

Por eso, es bueno despejarse un poco, tomar distancia, volver al eje y volver a empezar, de la manera que nos parezca más cercana, más natural. Puede ser desde la realización de actividades rutinarias pero que nos produzcan placer: como cuidar las plantas, cocinar algo rico, pintar una ventana que lo está necesitando. O bien, hacer algo de ejercicio físico: dar una vuelta en bici, salir a caminar, o hasta jugar al tejo (que no parece muy deportivo, pero requiere de una concentración especial). Y siempre está el recurso de tomar unos mates con algún amigo o amiga, en la intimidad, y no en una bulliciosa reunión donde al final nadie escucha a nadie.

En el peor de los casos, donde ya nos parezca que nuestro ritmo es vertiginoso y no nos alcanza con una salida para centrarnos, pensar en tomarnos un tiempo para viajar. No importa que sea un viaje largo a la costa, o simplemente tomarse un día para cambiar de aire, visitar un lugar que nos traiga algo de paz o donde no hayamos estado antes. Buscar un nuevo escenario, para tomar distancia y mejorar la perspectiva de aquello que nos perturba.

Siempre tenemos una estrategia, algun recurso para usar!

Y vos? ¿qué recursos tenés?

 

Palabras clave: frenar, paz, reflexion, viaje

Compañeros de viaje

Cada vez que viajo en cole, combi, tren, o en cualquier medio de transporte, muchas veces estoy atenta a lo que sucede a mi alrededor y logro entablar una conversación con mis compañeros de viaje. Si bien, a veces, tenemos miedo a lo desconocido, en esos espacios públicos, siempre he visto muestras de gran solidaridad, desde el que me ofrece una pastilla para la tos, hasta el que me dice que me saque un colgante del cuello para que no me lo roben.

Sin duda, lo que más me gusta, son las conversaciones con pasajeros, siempre somos mas sinceros, si le hablamos a un desconocido/a sobre las situaciones de nuestra vida cotidiana. También, en esos intercambios, aparecen frases o modos de ver al mundo, a veces, tan diferentes al mío, que me invitan las cosas de otra manera. Me permiten darle una vuelta nueva a un viejo problema o perspectiva. Me sirve para entablar vínculos, para intercambiar, para emocionarme, reflexionar, hacer propuestas y ponerme en el lugar del otro. Generar empatía, ayuda a que seamos más humanos, más sensibles y por ello, más fuertes.

También están los compañeros silenciosos: aquellos que prefieren su propio mundo, ya sea porque están meditando alguna cuestión importante… O simplemente no están de humor para entablar un diálogo. Son espacios donde hay un silencio necesario, que hay que saber respetar.

compañeros de viaje

Pero creo que los compañeros más valiosos son los que elegimos. Aquellos que nos acompañan en un viaje más largo, con los cuales planeamos adónde ir y en qué medio de transporte y cuál será el alojamiento. Tanto sea a dedo, de mochileros y en carpa, como en avión a un hotel, y todas la gama intermedia de posibilidades.

Los viajes planeados nos dan una oportunidad única para vivenciar qué tal nos llevamos con pareja, familia y amigos. Nos sacan de la cotidianeidad, y nos sacuden la rutina, para conversar sobre otros temas y poder redescubrirnos.

Lo inesperado de los viajes, hasta los planeados al detalle, nos ofrece situaciones únicas con las que lidiar en conjunto. Y, tanto sea un contratiempo como una posibilidad de excursión que desconocíamos, nos permiten ver qué tan parecidos o diferentes somos con nuestros compañeros, cómo nos enfrentamos con las dificultades, o qué tan bien nos adaptamos a las oportunidades. De qué manera negociamos lo que queremos hacer con los demás, y también si decidimos cambiar los objetivos del viaje, puntos de interés y demás.

Vos, ¿cómo te llevás con tus compañeros de viaje?

 

Palabras clave: viajes, compañeros, conversaciones

Tomar distancia para mejorar la perspectiva

Viajar siempre nos da lugar para pensar un poco. Incluso en esos viajes donde está todo programado, donde no parece haber mucho espacio para divagar o para tirarse a ver pasar las nubes, algo nos descoloca.

Si viajamos lejos, seguramente el lenguaje, la comida, la manera de desplazarse en las ciudades, el propio código de una ciudad distinta a la nuestra: todo nos parecerá sorprendente. Las cosas que creemos “obvias” y damos por sentadas, nos parecerán extrañas y novedosas, porque o bien no estarán, o bien estarán en una versión diferente. ¿Como se pide un café?, por ejemplo. Aún en los países hispanohablantes hay diferencias en modos de hacer las cosas más básicas.

Si viajamos cerca, a visitar lugares conocidos (no me refiero a los viajes de rutina al trabajo, sino a lugares en los cuales ya estuvimos antes, ocasionalmente o viviendo un tiempo), es probable que nos encontremos con recuerdos. Pero aún esa parte nuestra que nos reencontramos, habrá cambiado para nuestros ojos. El tiempo pasa, el tiempo nos pasa, y vemos la vida de otra manera.

Viajar y transformarnosY al volver, también nos redescubrimos. Hacemos visible esa otra parte de nosotros que es-con-los-demás, que compartimos con familia, amigos y mascotas. Nuestro ser social, en su entorno habitual.

No hay nada como viajar, para volver a nuestra propia casa y verla diferente. Para poner atención en esas cosas a las que ya nos hemos acostumbrado. Y en esa nueva mirada, reafirmar lo que nos gusta, y pensar en cambiar lo que no. Esa reafirmación no viene de la mano de la resignación sino, de la resignificación, de darle un significado nuevo, y valorar ese aspecto: la comodidad de nuestra cama y almohada, el color de las cortinas e infinidad de detalles más. Y la contraparte, mirar y pensar en cambiar lo que no nos gusta, también: ya que quizás esa mancha en la pared a la que nos habíamos acostumbrado, ahora nos molesta y decidimos taparla con una mano de pintura.

 

Volver con otros ojos, ver las cuestiones que antes no te importaban o no veías. No es cambiar por cambiar, sino transformar… Viajar nos transforma.

¿Cuánto hace que no viajás?

 

Palabras clave: viajes, cambios, miradas