Caipirinhas: compartir con amigos

Estábamos en mi casa, de fiesta.

-¿Por qué no dejás de hacer tragos y venís bailar a la fiesta un rato? -me dijo un amigo.

-Es que para mí, hacer tragos para mis amigos es parte de estar la fiesta… -dije, con una sonrisa.

Y es que quizás hacerme un gin and tonic durante la semana, o tomarme un whisky con hielo está bueno, pero nada se compara a hacer el trago que más le gusta a cada amigo o amiga. Y si es caipirinha, mejor.


RECETA DE CAIPIRINHA (para dos personas)

Ingredientes:caipirinha

  • Una lima (o un limón, si no se consigue, aunque no es lo mismo)
  • Hielo molido
  • Cachaza
  • Azúcar

Preparación:

Se corta la lima en rodajas o pedazos pequeños. Se coloca junto al azúcar en un mortero y se machaca hasta que la lima haya soltado casi todo el jugo. Se coloca esta mezcla en una coctelera junto a dos medidas de cachaza y hielo molido. Si no se dispone de hielo molido, se puede poner en la mezcla cubitos y un chorrito de agua, o bien poner los cubitos en un repasador viejo y limpio y golpear con fuerza para que el hielo se destroce. Mezclar vigorosamente con la coctelera y servir en dos vasos de whisky, sin colar.

Disfrutar con música suave, si es posible, con bossa nova.


Si bien la caipirinha tiene receta, y hay quien dirá que con coctelera no es la original y se tarda más tiempo, o bien que con limón hay que sacar la parte blanca, lo importante es tomarla con amigos y en un ambiente relajado.

Cada persona dirá si necesita más azúcar, o más jugo, o bien más cachaza… Porque quien la prepara está al servicio, atenta a quien la pide. Ofrecer un trago va mucho más allá de seguir una receta, sino que requiere observar y escuchar a la otra persona para descubrir si realmente es de su agrado o hay que ajustar algo para su paladar. No hay dos preparaciones iguales: por más qe sigamos una receta, variarán un poco los ingredientes, o bien quien la saboree nos pedirá un pequeño cambio.

En mi experiencia personal, tomar una caipirinha en soledad no tiene el mismo sabor que tener la oportunidad de tomarla entre amigos y amigas. Brindamos por lo que sea que toque ese día y la disfrutamos en compañía, ya que con esa misma escucha atenta para prepararla, se da el clima, el contexto, para una conversación significativa. Esas conversaciones que, con la excusa del alcohol, se vuelven íntimas y memorables, y quizás no se hubieran dado de otra manera.

Disfrutemos de saborear una caipirinha… Y de escuchar a nuestros amigos.

Mermelada de moras salvajes: a donde el olfato nos lleve…

El otro día estuve en la quinta de mis padres, donde vi plantas de moras. A la vera del camino, habían crecido a la buena de Dios. Iba con mi abuela en el auto y ella dijo:

-¡Qué bueno sería comer dulce de moras!

Su frase me animó a ir a buscar las moras “moradas” valga la redundancia -también hay blancas-, con un recipiente grande (que mi madre creyó que no llenaría). Cruce el alambrado, me acerqué al árbol y comencé a ir entre las ramas, a tomar cada uno de los frutos, uno a uno.

mermelada-morasLuego, siguiendo mi intuición y con lo que tenía a mano, puse las moras en una olla y a ojo, le agregué azúcar. Empecé a cocinar, lentamente…  el olor que emanaba la fruta, me iba avisando como iba la mermelada.  Estuve atenta a lo que sucedía en ese momento y seguir a mis sentidos: esa fue la forma de hacer esta mermelada tan particular.

Mi experiencia en hacer mermeladas (siguiendo más o menos a una receta) fue puesta en cuestión y seguí el momento a momento. Lo revolví, y pude sortear la impaciencia de mi mamá, para que la sacara antes de tiempo. La mermelada tiene un punto justo, un momento de ebullición que no tiene un tiempo preciso, pero que está.

¿Cuántos procesos parecidos a hacer una mermelada vivimos a lo largo de nuestra vida? Procesos donde la atención a los detalles es necesaria, y el olfato nos guía más que los procedimientos… No todas las situaciones de la vida podemos encontrarlas en un manual, o mejor dicho: casi ninguna. Cómo criar una mascota, o cómo estudiar una carrera, cómo empezar un trabajo nuevo, son partes de la vida donde nos pueden aconsejar, pero siempre debemos encontrar nuestra propia manera de resolver lo que se nos presenta.

Y en las situaciones más simples y cotidianas, sobre todo en las que requieren un especial interés emocional: no hay recetas para eso, por más que nos quieran aconsejar, hay una única manera de sobrellevar los conflictos y es la que debemos descubrir, para nosotros, en cada caso.