Mermelada de moras salvajes: a donde el olfato nos lleve…

El otro día estuve en la quinta de mis padres, donde vi plantas de moras. A la vera del camino, habían crecido a la buena de Dios. Iba con mi abuela en el auto y ella dijo:

-¡Qué bueno sería comer dulce de moras!

Su frase me animó a ir a buscar las moras “moradas” valga la redundancia -también hay blancas-, con un recipiente grande (que mi madre creyó que no llenaría). Cruce el alambrado, me acerqué al árbol y comencé a ir entre las ramas, a tomar cada uno de los frutos, uno a uno.

mermelada-morasLuego, siguiendo mi intuición y con lo que tenía a mano, puse las moras en una olla y a ojo, le agregué azúcar. Empecé a cocinar, lentamente…  el olor que emanaba la fruta, me iba avisando como iba la mermelada.  Estuve atenta a lo que sucedía en ese momento y seguir a mis sentidos: esa fue la forma de hacer esta mermelada tan particular.

Mi experiencia en hacer mermeladas (siguiendo más o menos a una receta) fue puesta en cuestión y seguí el momento a momento. Lo revolví, y pude sortear la impaciencia de mi mamá, para que la sacara antes de tiempo. La mermelada tiene un punto justo, un momento de ebullición que no tiene un tiempo preciso, pero que está.

¿Cuántos procesos parecidos a hacer una mermelada vivimos a lo largo de nuestra vida? Procesos donde la atención a los detalles es necesaria, y el olfato nos guía más que los procedimientos… No todas las situaciones de la vida podemos encontrarlas en un manual, o mejor dicho: casi ninguna. Cómo criar una mascota, o cómo estudiar una carrera, cómo empezar un trabajo nuevo, son partes de la vida donde nos pueden aconsejar, pero siempre debemos encontrar nuestra propia manera de resolver lo que se nos presenta.

Y en las situaciones más simples y cotidianas, sobre todo en las que requieren un especial interés emocional: no hay recetas para eso, por más que nos quieran aconsejar, hay una única manera de sobrellevar los conflictos y es la que debemos descubrir, para nosotros, en cada caso.

 

Anuncios

Aprender a consensuar

La paz no es simplemente la ausencia de la guerra. No es un estado pasivo de existencia.
Debemos hacer la paz con la misma cautela con que hacemos la guerra.

EL XIV DALAI LAMA

En estos dias, estoy estrenando una nueva actividad: lograr conciliar que dos personas puedan negociar un contrato de alquiler. Si la situación fuera mas estable y predecible, en principio, no sería un tema que vaya a generar un gran conflicto. Pero tratandose de nuestro país, y de la reciente y brutal devaluación, la situación toma otro matiz. ¿Cómo hacer para que dos personas que tienen que negociar un precio justo se pongan de acuerdo? Es muy difcícil, en un contexto de inestabilidad económica, pensar de aquí a dos años, sin desfavorecer a alguna de las partes: ni poner un alquiler imposible de pagar, ni uno donde se esté regalando el lugar.

acuerdo retTodo el tiempo estamos rodeados de personas con intereses distintos a los nuestros. En diferentes contextos y por malos entendidos, falta de comunicación y falta de acuerdos, llegamos a enfrentar situaciones de conflicto que afectan nuestra vida cotidiana. Una misma frase dicha en diferentes entonaciones tiene distintos significados. Una misma frase, dicha con la misma entonación pero en otro contexto, también puede variar su significado.

Como pusimos en el epígrafe, para lograr un estado de armonía, hay que realizar acciones tendientes a tal fin.  La paz, no es el estado “natural” de ningún grupo (como tampoco lo es el conflicto) sino que es un estado alcanzado y que debe sostenerse activamente. Para llegar a él, deben modificarse hábitos, cuestionarnos creencias muy arraigadas y actitudes que impiden tal estado. Una de las actitudes que nos perjudican más para un acuerdo, son los prejuicios. Entablar una negociación presuponiendo intenciones en la otra parte, sin cerciorarlas, suele llevar al desastre. Todos tenemos prejuicios, y la mejor manera de combatirlos es preguntar, indagar las motivaciones de la otra parte.

Aprender a lograr acuerdos requiere de esfuerzo y paciencia, saber escuchar al otro, como primera instancia. Luego, consensuar requiere la intención de buscar intereses en común para de esta manera lograr aunar voluntades.

Podría pensarse que lograr un acuerdo se trata de lograr expresar lo que uno quiere fielmente. Pero por más que las dos partes lo hagan, esto no lleva a una conclusión. Lo que más cuesta y lo que más interesa es la habilidad de escuchar, y la creatividad para buscar una solución que beneficie a ambas partes.

Vos, ¿escuchás cuando estás negociando?

Palabras clave: escuchar, acuerdo, negociación, paz, acción

El gusto por los placeres sencillos (parte 2)

Tejer: el arte de aprender a poner los puntos.

Hace poco que comencé a tejer con dos agujas. Fue en ese momento en que pude, mediante una práctica concreta materializar un concepto muy abstracto para mí: “poner los puntos”. A veces se suele confundir con intransigencia, tener una posición sobre un tema. Ser firme no quiere decir ser inflexible ni estático. Quiere decir, fortaleza con la permeabilidad suficiente como para escuchar al otro y poder enriquecer mi posición ante una situación determinada.

Para mi vida cotidiana, era necesario comenzar a afirmar y sostener mis puntos de vista así como también plantear mis necesidades ante los otros, sin vergüenza, sin temor a que me digan que “no”. Cuando “ponemos nuestros puntos de vista” en la mesa, en una negociación, es una estrategia muy útil porque sabemos qué principios no estamos dispuestos a ceder.

La trama que se genera en esos diálogos y el acuerdo al que se arriba en una negociación con estas características tiene más posibilidades de ser perdurable en el tiempo.

Desde que empecé a tejer, no paré. Este es mi cuarto invierno y he experimentado puntos, diferentes prendas y tejer me regaló dos grandes enseñanzas:

Tejer relaciones, poner los puntos, cuidar el proceso
Tejer relaciones, poner los puntos, cuidar el proceso

La primera enseñanza es que, cada una teje a su ritmo y cada tejido te va “diciendo” por donde va, la tensión de la aguja, la posición de las manos, el punto. Y que la práctica del tejido, me ejercita una serie de habilidades muy relevantes para cualquier emprendedor: la paciencia y  la perseverancia en el momento de ejecutar una idea. El tejido se termina si me dedico y si estoy presente en lo que hago, si me distraigo, se me cae el punto. Con los emprendimientos, ya sea de productos o de servicios pasa lo mismo. No es necesario una atención obsesiva, pero si constante.

La segunda enseñanza, que se vincula con la exigencia que supone hacer “bien el tejido”. Y este adjetivo se sostiene en la creencia de que la excelencia es exigencia. Y en el camino, se mezcla la frustración y el placer de hacer la tarea, se diluye. Entonces, también me surgió una pregunta de la cual no tengo respuesta. ¿Por qué no buscamos un sinónimo de “excelencia” que no sea “perfección”?

 

Palabras claves; negociación, superación personal, excelencia, pensamiento intuitivo