¡Qué mandona!

Hace muchos años, organicé cursos y campamentos (aún sigo colaborando cuando siento que puedo aportar algo). Eran días maravillosos, al aire libre o bajo techo, compartiendo reflexiones y tareas. En esa época quizás, al estar dentro de un movimiento de mujeres, la Asociación Guías Argentinas, el liderazgo se me dio naturalmente. Poco a poco fui tomando responsabilidades, y si bien la adrenalina del inicio siempre se siente, tuve confianza en que mi estilo de liderazgo estaba bien encaminado. Siempre hay que seguir aprendiendo, y elegí dedicarme a la docencia universitaria (en otro tema, pero sigo usando los recursos que aprendí en las guías).

Por otro lado, comencé a organizar otro tipo de jornadas, talleres y encuentros, ya por fuera de un movimiento de mujeres voluntarias y del caparazón de seguridad que eso supone.  Hubo nuevos desafíos: me encontré con otras realidades. Público más “arisco” si se quiere, donde, a pesar de haber pagado mis servicios, cuestionaba mi liderazgo. A tal punto de notar que las mismas palabras dichas por mí o por un compañero hombre eran tomadas de una manera totalmente diferente.

Se han hecho innumerables estudios sobre cómo se percibe a las mujeres liderando, incluso se han clasificado los estilos de liderazgo como “femenino” y “masculino”. En realidad mucho tiene que ver con el prejuicio: cuando a un hombre le dicen “firme”, a una mujer “inflexible”; cuando a un hombre le dicen “asertivo”, a una mujer, “agresiva”, cuando a él le dicen “comprometido”, a ella “obsesionada”. Se critica el liderazgo de las mujeres desde lugares superfluos, por ejemplo la ropa que lleva puesta o si lleva poco o mucho maquillaje.

Pareciera que los estereotipos siguen reinando, y dentro de ellos, las mujeres estamos mejor en casa que afuera cambiando y creando el mundo. A ninguna de estas barreras de prejuicios se enfrentan ellos cuando quieren liderar. Incluso, en lugares políticos, se ha llegado a poner cupos para que entren mujeres, porque los partidos por propia iniciativa no lo hacían… Y aún así, se cuestiona esos cupos porque se supone que otorgan una ventaja excesiva.

¿Es tan malo que te dirija una mujer?

En mi primer trabajo como ingeniera, y viendo el caos que era la oficina, simulé ser la “secretaria” de todos, para que me dejaran liderar. Charlaba con los chicos de electrónica y nos poníamos de acuerdo cuándo se podía armar el producto, y luego con los de mecánica, para que estuvieran “los fierros” listos a tiempo. Agendaba, coordinaba acciones, pactaba con unos y otros, pero siempre en mi rol de subalterna… Para que no se sintieran incómodos.

Hoy, muchos años después, me pregunto: ¿qué era lo incómodo?

Entiendo el liderazgo como un tipo de servicio al grupo, no como un escalafón y una cadena de mandos, sino como el trabajo de hacer que cada persona se sienta cómoda y trabaje a su mayor potencial. Y vuelvo a encontrarme con barreras de género, con comentarios y ninguneos. Pareciera que mucha gente prefiere que le peguen tres gritos, le den una solución mágica y a otra cosa mariposa. No creo en eso. Creo en los procesos y en la confianza.

En definitiva, para que esta nota no suene a queja, quiero decir que voy a seguir liderando. A ustedes, amables lectores, quisiera pedirles un favor: no dejen de criticar a sus líderes, pero la proxima vez que critiquen a una mujer líder, háganlo desde la vara de la competencia, no del prejuicio.

Anuncios

Esa palabra tan temida

Decimos “política” y es probable que empecemos una discusión. Últimamente, además, las discusiones no suelen ser pacíficas, porque la gran mayoría se dan escudadas por la virtualidad, donde puedo insultar sin ningún tipo de consecuencias graves, a lo sumo un bloqueo.

Cuando éramos chicos, nos hicieron notar que nuestros “¿por qué?” eran molestos, y desde entonces hemos recibido una educación donde lo que se evalúa no es qué tan bien razonamos, sino cuánto conocimiento tenemos… Es decir, que no interesan las preguntas, sino las respuestas. Porque las respuestas son más cómodas, nos hacen sentir seguros, y ya podemos dedicarnos a otra cosa. Las preguntas tienen esa maldita costumbre de hacernos pensar y repensar. Y nos interpelan: ¿qué tan bueno es tu argumento? ¿Estás muy seguro de que es así? ¿Qué fuente consultaste?

Pero ¿qué es la política?

Según wikipedia: Política (…) es el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de un grupo. También es el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.

Es decir que, si no tenemos una “política” definida, caemos en el caos como nación. Es imposible, entonces, que seamos “apolíticos”, porque en todo caso hasta la decisión de ser anarquista es una decisión política.

Y la tan mentada “corrección política”, entonces, ¿qué es?
También según wikipedia, y sólo como consulta para disparar ideas: “La corrección política o lo políticamente correcto es un concepto utilizado para describir lenguaje, ideas políticas o comportamientos con los que se procura minimizar la posibilidad de ofensa hacia grupos étnicos, culturales o religiosos. (…)”

Sin embargo, también: “La locución y su uso es altamente polémico; suelen utilizarlo en sentido peyorativo o irónico quienes manifiestan su preocupación de que el discurso público, la ciencia o los ámbitos académicos puedan estar dominados por puntos de vista excesivamente acríticos con determinados postulados.”

Esto quiere decir que mediante la corrección política, o bien puedo querer tener la buena intención de no ofender a nadie, en particular a minorías en desventaja, o bien, puedo usarla en forma demagógica, para obtener una ventaja.

La cuestión es, entonces, preguntarnos: ¿para qué digo lo que digo? Y también ¿cómo estoy diciendo lo que estoy diciendo?

El “para qué” incluye preguntarnos cuáles son nuestros valores y nuestro ideal de realidad (país, entorno, lo que sea). Hasta dónde queremos o podemos involucrarnos…politica Y el “cómo” incluye a nuestros interlocutorxs. El respeto por las otras personas, aunque sus ideas nos parezcan absurdas. Porque de alguna manera llegaron a formarlas, y el hecho de que estén parados en la vereda de enfrente, quizás, no se trate de que estén desinformados o sean imbéciles, sino que se nutren de fuentes de información diferentes y probablemente no les interesen las mismas cosas que a mí.

¿Es válido intentar “convencer” a otras personas, entonces? Si lo que creo es una verdad irrenunciable, desde ya. Ahí está, también, mi capacidad de involucrarme. ¿Pero si esa verdad irrenunciable nos está cegando a otras realidades?

Y lxs dejo con estas preguntas.

 

Día del coach: ¡celebremos!

Ante todo quisiera agradecer lo mucho que ha hecho el coaching por mi vida. Agradezco a las personas que me han enseñado tantas herramientas y me han hecho distinguir para poder elegir. El hecho de descubrir que puedo, a través del cambio de mirada, mejorar mi vida, me ha hecho mucho más fuerte, decidida, más feliz. Cada vez que me encuentro ante una dificultad, recuerdo las palabras de uno de mis mentores:
“Cuando falta un resultado, falta una conversación”.
Porque como dice Maturana, somos seres emocionales y nuestra vida ocurre en conversaciones.

“Nada te puedo dar que no exista ya en tu interior…”

Hay mucho coaching dando vueltas ahora, y pareciera que se venden recetas mágicas, que intantáneamente te hacen llegar adonde quieras. No, m’hijito… Todo cambio es un proceso, a veces doloroso, porque hay que desprenderse de cosas conocidas y queridas, aunque nos hagan daño. Un coach viene a desestabilizar tu vida, porque te hace de espejo para que cuestiones tu “realidad”, o mejor dicho, el mapa mental que tenés de ella.

Lo que hacemos no es algo violento y terrible, como despegar una curita del golpe, sino que nace desde una mirada compasiva, servicial: nos vinculamos desde el amor. Te proponemos autoexaminarte y descubrir en vos mism@ tus propios recursos. ¿Cuál es el truco? No somos consultores, no sabemos nada sobre tu vida y tus negocios, pero lo que sí sabemos son las trampas que te pone el lenguaje, y cómo sortearlas para lograr lo que querés.

Eso sí: te acompañamos… pero sos vos el/la protagonista del camino.

Y lo más lindo es que el logro te pertenece! ¿No es genial?

Por todo esto y mucho más, que fui descubriendo junto a otros colegas, leyendo y aprendiendo, repito:

¡Feliz día del coach!

¡Gracias, gracias, gracias!

 

Mermelada de moras salvajes: a donde el olfato nos lleve…

El otro día estuve en la quinta de mis padres, donde vi plantas de moras. A la vera del camino, habían crecido a la buena de Dios. Iba con mi abuela en el auto y ella dijo:

-¡Qué bueno sería comer dulce de moras!

Su frase me animó a ir a buscar las moras “moradas” valga la redundancia -también hay blancas-, con un recipiente grande (que mi madre creyó que no llenaría). Cruce el alambrado, me acerqué al árbol y comencé a ir entre las ramas, a tomar cada uno de los frutos, uno a uno.

mermelada-morasLuego, siguiendo mi intuición y con lo que tenía a mano, puse las moras en una olla y a ojo, le agregué azúcar. Empecé a cocinar, lentamente…  el olor que emanaba la fruta, me iba avisando como iba la mermelada.  Estuve atenta a lo que sucedía en ese momento y seguir a mis sentidos: esa fue la forma de hacer esta mermelada tan particular.

Mi experiencia en hacer mermeladas (siguiendo más o menos a una receta) fue puesta en cuestión y seguí el momento a momento. Lo revolví, y pude sortear la impaciencia de mi mamá, para que la sacara antes de tiempo. La mermelada tiene un punto justo, un momento de ebullición que no tiene un tiempo preciso, pero que está.

¿Cuántos procesos parecidos a hacer una mermelada vivimos a lo largo de nuestra vida? Procesos donde la atención a los detalles es necesaria, y el olfato nos guía más que los procedimientos… No todas las situaciones de la vida podemos encontrarlas en un manual, o mejor dicho: casi ninguna. Cómo criar una mascota, o cómo estudiar una carrera, cómo empezar un trabajo nuevo, son partes de la vida donde nos pueden aconsejar, pero siempre debemos encontrar nuestra propia manera de resolver lo que se nos presenta.

Y en las situaciones más simples y cotidianas, sobre todo en las que requieren un especial interés emocional: no hay recetas para eso, por más que nos quieran aconsejar, hay una única manera de sobrellevar los conflictos y es la que debemos descubrir, para nosotros, en cada caso.

 

Viajar rápido o viajar lejos

Frené la moto porque estaba perdida. ¿Había doblado mal? Se suponía que el camping donde se hacía el asado no era tan lejos. Bajamos, llamamos por celular, esperamos indicaciones.

―Chicos, ¿están bien? ―No habían pasado diez minutos desde que habíamos parado al costado de la ruta, que ya dos motociclistas habían frenado para saber si teníamos algún problema.

―Sí, ¡gracias! Nos perdimos, pero ahora nos mandan mensajito con la dirección.

Hay un proverbio africano que dice: “Si quieres viajar rápido, ve solo. Si quieres ir lejos, viaja acompañado”. Pensaba en esto el otro día y no tuve más remedio que darle la razón.

Viajar solo, sola, implica que no tenés que pactar ninguna decisión, más que con vos mismo. Que si tenés que llegar a destino rápido, mejor es no tener nadie que te entretenga ni te distraiga de tu objetivo. Ir directo, o tomar un camino alternativo, qué transporte usar, todo depende de vos y tenés la libertad de decidir… Y también la responsabilidad.

Por el contrario, viajar lejos requiere de otra “cabeza”. 01-grupo-motoAl estar muchos días fuera de lo conocido, explorando lugares nuevos para nosotros, nos hace buscar, la mayoría de las veces, alguien con quien compartir el placer de descubrir. Y no sólo eso: para afrontar riesgos y contratiempos que nos puedan surgir,  mejor estar acompañado que solo.

En el mundo de las motos esto es algo conocido. Se organizan juntadas en algún lugar, y siempre se ponen de acuerdo quiénes van a ir, a qué hora y qué llevar. Sobre todo si el viaje no es acá a la vuelta, sino que llevará varios días, es mucho más seguro viajar en grupo. Ante un desperfecto técnico, un accidente, o una equivocación en qué ruta tomar, siempre habrá quienes puedan ayudarte. Y en la ruta estamos mucho más expuestos.

Al igual que los moteros, está bueno preguntarnos si queremos lograr algo rápidamente, llegar en poco tiempo solos, o si queremos hacerlo acompañados, con la posibilidad de un mayor enriquecimiento. Cualquiera de los dos caminos son válidos, sólo debemos distinguir para elegir.

Generar encuentros III: reuniones productivas

En muchísimas ocasiones, hemos tenido que reunirnos con gente que conforma un equipo, para tomar decisiones, resolver problemas y presentar informes. Pensando desde las reuniones con la maestra en la escuela de nuestros hijos, hasta la reunión tan temida de trabajo, en el que el jefe habla todo el tiempo y la hora no parece pasar más, pareciera que a nadie le gusta reunirse. Y alguna que otra vez, somos nosotras las que tenemos que convocar una reunión, no sólo para un emprendimiento, sino para organizar un evento, o seguir los pasos de un proyecto, etc.

De una manera o de otra, siempre me encuentro organizando encuentros o trabajos de diferente índole. Y cuando le digo a un equipo de personas que no conozco demasiado: “Yo no puedo reunirme más de dos horas” o “no vamos a hacer reuniones todas las semanas”, me miran con una mezcla de asombro e incredulidad. Y no falta el comentario que reclama que hay mucho por hacer y decidir.

¿Por qué todo el mundo entiende que las reuniones de equipo de trabajo son imprescindibles, y a la vez, asumen que serán insoportables? o dicho de otra manera: ¿Qué hace que una reunión sea satisfactoria? Principalmente depende de tres factores:
•    El clima que se vive, como se llevan las personas que están en esa reunión. Si logramos que el clima sea distendido (aunque no una broma permanente) y sobre todo, de confianza, seguro que no sólo la pasaremos bien sino que lograremos mejores resultados
•    El tiempo que se gasta en esa reunión. Es crucial que las reuniones tengan horario de inicio y de finalización. Si se quiere hablar de trivialidades, que sea luego de ese horario donde se tratan los temas a decidir.
•    La toma de decisiones o la obtención de resultados por los cuales fue convocada la reunión.

Es imprescindible que, seamos o no quienes convoquemos a una reunión de organización tengamos en claro:

ANTES:
¿qué temas se van a tratar y cuáles necesitan una solución?
¿cuál será el horario de inicio y de finalización?
¿qué tenemos que llevar a la reunión? (materiales, gráficos, análisis, comida!)
Estar seguros de que la convocatoria le llegó a todos los participantes.

DURANTE:reunion ret
Centrarse en el temario, pero dejar anotado si surgen otros temas o ideas interesantes
Resolver los conflictos que se presenten
Escuchar a cada participante
Tener presente el horario de finalización para la toma de decisiones
Intentar que las decisiones sean por consenso

DESPUÉS:
Enviar a los participantes un resumen de lo hablado y acordado
Fijar el temario para la próxima reunión y preguntar qué otros temas se desea incluir

¿Qué otros aspectos importantes se te ocurre que deben formar parte de una reunión productiva?

Generar encuentros II: el equipo organizador

La semana pasada hablábamos aquí de la organización de fiestas, encuentros, jornadas, congresos y reuniones, englobadas en la palabra “eventos”. A raíz de uno de los comentarios en el blog, hoy retomamos el tema para hablar de la importancia del equipo organizador.

Decía Martín Cassati: “Una de las cosas que se aprenden en la organización de eventos, sobre todo cuando arrancan a pulmón y crecen más allá de las espectativas, es la correcta gestión de los tiempos y de las habilidades. (…)”

Liderar un equipo que está compuesto de gente muy diversa, es todo un arte. Existen muchos tipos de líderes, pero por lo general los que mejor funcionan no son los que “convencen” a los demás, sino aquellas personas que logran generar un compromiso genuino de la gente, que involucra los intereses de cada persona integrante del proyecto, de la reunión, del congreso, de la fiesta. Reconocer las habilidades de cada uno de los integrantes, y saber aprovecharlas, en lugar de tratar de “hacer que encajen” es fundamental. ¿Hay alguien muy desorganizado, pero sumamete creativo? Bueno, esa persona no será buena para secretario, sí quizás para resolver problemas o darle “color” a la reunión que estamos planeando. ¿Hay alguien cabeza dura, metódico, lento para entender pero muy confiable? Bueno, pongámoslo a hacer las tareas que requieran de un cuidado especial para los detalles. El o la líder deberá reconocer las habilidades de cada uno/a, y proponerle tareas acorde. Estamos hablando de hacer del liderazgo un servicio, estar atento a los demás.

Pscrum pumas retara esto es primordial dejar los egos de lado, como señalaba también Martín, ya que cada persona será experta en un área, y las demás confiarán en él o ella. Todos somos únicos, y a la vez, reemplazables. Entender la importancia de los demás intgrantes, sin menospreciar su trabajo o bien el mío, es todo un desafío.

El tema de la confianza en el equipo no es menor: significa saber que cada uno hará su tarea, que hay ciertas condiciones que no deben faltar. Según el coaching, el juicio de confianza se da cuando cada integrante es sincero con el equipo, idóneo en lo que se le encargó, puede cumplir en tiempo y forma o bien que pedirá ayuda a tiempo, y sobre todo, está comprometido con el resultado.

Otro tema a tener en cuenta es que no siempre el que ostenta el título de “jefe” es la persona que lidera realmente. Cualquier persona, y reitero cualquier persona, puede liderar un equipo si tiene en claro qué reglas del juego quiere jugar, cómo coordinar acciones con los demás, y cuál es el objetivo del equipo de trabajo. Hay líderes tímidos y otros habladores, los hay enojones y otros considerados “blandos”. Es importante identificar mi propio estilo, si no quiero terminar con un dolor de cabeza por imitar a alguien más.

Y vos ¿asumiste el liderazgo de un equipo de trabajo alguna vez?