Mermelada de moras salvajes: a donde el olfato nos lleve…

El otro día estuve en la quinta de mis padres, donde vi plantas de moras. A la vera del camino, habían crecido a la buena de Dios. Iba con mi abuela en el auto y ella dijo:

-¡Qué bueno sería comer dulce de moras!

Su frase me animó a ir a buscar las moras “moradas” valga la redundancia -también hay blancas-, con un recipiente grande (que mi madre creyó que no llenaría). Cruce el alambrado, me acerqué al árbol y comencé a ir entre las ramas, a tomar cada uno de los frutos, uno a uno.

mermelada-morasLuego, siguiendo mi intuición y con lo que tenía a mano, puse las moras en una olla y a ojo, le agregué azúcar. Empecé a cocinar, lentamente…  el olor que emanaba la fruta, me iba avisando como iba la mermelada.  Estuve atenta a lo que sucedía en ese momento y seguir a mis sentidos: esa fue la forma de hacer esta mermelada tan particular.

Mi experiencia en hacer mermeladas (siguiendo más o menos a una receta) fue puesta en cuestión y seguí el momento a momento. Lo revolví, y pude sortear la impaciencia de mi mamá, para que la sacara antes de tiempo. La mermelada tiene un punto justo, un momento de ebullición que no tiene un tiempo preciso, pero que está.

¿Cuántos procesos parecidos a hacer una mermelada vivimos a lo largo de nuestra vida? Procesos donde la atención a los detalles es necesaria, y el olfato nos guía más que los procedimientos… No todas las situaciones de la vida podemos encontrarlas en un manual, o mejor dicho: casi ninguna. Cómo criar una mascota, o cómo estudiar una carrera, cómo empezar un trabajo nuevo, son partes de la vida donde nos pueden aconsejar, pero siempre debemos encontrar nuestra propia manera de resolver lo que se nos presenta.

Y en las situaciones más simples y cotidianas, sobre todo en las que requieren un especial interés emocional: no hay recetas para eso, por más que nos quieran aconsejar, hay una única manera de sobrellevar los conflictos y es la que debemos descubrir, para nosotros, en cada caso.

 

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Aprender a parar y volver a empezar

El fin de semana, sentí que tenía que parar. Me había sumergido en un ritmo muy intenso a nivel mental, emocional y hasta físico. Sentía que cualquier situación me iba a hacer “volar por el aire”. Tenía una alta probabilidad de tener algún accidente…

Entonces, me di cuenta de que así no iba a ningún lado. A veces, vivimos “apagando incendios” y no nos ponemos a pensar en la causa profunda de las situaciones en las cuales actuamos reactivamente, por impulso, por miedo y en automático. No siempre seguir en el mismo ritmo resuelve las cosas rápidamente, porque también debemos parar a ver si la ruta en la que estamos es la correcta, o no nos lleva a ningún lado que nos interese.  O como dice Drexler “en tren con destino errado, se va mas lento que andando a pie”.

pensarSin embargo ¿sabemos cúal es el origen de nuestro malestar que nos hace sentir  frustrados? Estamos tan “enroscados” que no podemos ver la salida a la situación.Paradójicamente, parar nos hará hacer ir mejor y más rápido a donde queremos.

Por eso, es bueno despejarse un poco, tomar distancia, volver al eje y volver a empezar, de la manera que nos parezca más cercana, más natural. Puede ser desde la realización de actividades rutinarias pero que nos produzcan placer: como cuidar las plantas, cocinar algo rico, pintar una ventana que lo está necesitando. O bien, hacer algo de ejercicio físico: dar una vuelta en bici, salir a caminar, o hasta jugar al tejo (que no parece muy deportivo, pero requiere de una concentración especial). Y siempre está el recurso de tomar unos mates con algún amigo o amiga, en la intimidad, y no en una bulliciosa reunión donde al final nadie escucha a nadie.

En el peor de los casos, donde ya nos parezca que nuestro ritmo es vertiginoso y no nos alcanza con una salida para centrarnos, pensar en tomarnos un tiempo para viajar. No importa que sea un viaje largo a la costa, o simplemente tomarse un día para cambiar de aire, visitar un lugar que nos traiga algo de paz o donde no hayamos estado antes. Buscar un nuevo escenario, para tomar distancia y mejorar la perspectiva de aquello que nos perturba.

Siempre tenemos una estrategia, algun recurso para usar!

Y vos? ¿qué recursos tenés?

 

Palabras clave: frenar, paz, reflexion, viaje

Hay tiempo para todo… ¡Incluso para ser lentos!

Siempre dije que iba a aprender a hacer mermeladas cuando fuera abuela. Como todavía no tengo hijos decidi que podia hacerla igual porque a mí y a muchos nos gusta la mermelada casera. Asociaba esta actividad como una tarea que me iba a llevar tiempo y me di cuenta de que no tenía que “esperar a tener tiempo” y me puse manos a la obra.

Descubrí que hay tiempo para todo, aún para los más escépticos. El tiempo no corre, ni para, sólo es. No tener tiempo o tenerlo es fundamentalmente, una construcción, es la forma en que lo concebimos.

Vivimos una época de vida acelerada de trajines en las cuales, de manera alocada estamos inmersos y dispersos. En esta perspectiva, el tiempo se escurre como arena entre los dedos y no hay reloj que detenga el apuro. Se suma a esto, la multiplicidad de actividades que emprendemos, porque pareciera que hay una exigencia de tener miles de cosas por hacer. Sin embargo, en la última década ha nacido una corriente que hace un “elogio de la lentitud” y que justamente, se ubica en las antípodas de la velocidad.

Esta mirada, la de bajar un cambio (o más), se presenta como un contrapeso, el lado lento de la vida y esto, si bien, puede parecer un movimiento antagónico, en verdad es el movimiento complementario que podemos hacer en nuestra vida diaria.

A lo que podemos apuntar es a llegar al tiempo justo, saber usar la habilidad para hacer las cosas rápidamente para determinadas actividades, y tomarse el tiempo, sin mucha restricción, para otro tipo de quehaceres. Sería bueno saber cuándo usar los dos tiempos, el rápido y el lento para armonizar en una justa medida.

Veamos lo que se refiere a la velocidad. En la actualidad podemos hacer muchas actividades de la vida cotidiana de manera rápida y efectiva gracias al avance de las tecnologías. Sin embargo, nuestra mala organización de las prioridades hace que justamente, cuando lo urgente no es lo importante vivamos apagando incendios y todas estas maravillosas herramientas pierden su funcionalidad o no son aprovechadas al máximo. Entonces, obviamente, ¡no hay tiempo para ser lento! Y pareciera que nuestra lista de tareas diaria se convierte en un castillo de naipes que se nos cae en la cabeza. Juntar actividades parecidas es la clave para hacerlas en forma rápida.

Como contraparte, tenemos la lentitud. Pareciera que la lentitud es como el sinónimo de ser poco productivo, pero ¿es realmente así? ¿Acaso no se representa siempre a los sabios como personas que se toman su tiempo para pensar, que tienen reacciones lentas? Tal vez sería importante que busquemos nuevas asociaciones para nosotros mismos: la lentitud asociada a la calma y la paz interior. Nunca pensaríamos en hacer una reunión familiar o de amigos en media hora… En este ejemplo no hablamos de productividad sino de disfrute. Existen procesos y sensaciones que se dan lentamente: el placer sensual y sensorial; la maceración de un vino, el aprendizaje de un arte.

Sin embargo, no necesariamente lo productivo debe ser rápido y el disfrute, lento.

Volviendo a nuestro inicio, el secreto de una buena mermelada es un fuego muy suave, casi imperceptible. El proceso por el cual la fruta azucarada se convierte en mermelada, no puede apresurarse y requiere de la mano paciente (con la cuchara de madera) que revuelve la olla.

El proceso creativo no se da a las apuradas: se da mucho mejor con tiempos de relajación y de “no hacer nada” durante un rato largo. Se puede ser muy productivo siendo lento, ya que nuestra mente necesita distenderse y hacer asociaciones libres para crear o resolver problemas, sin presiones de tiempo.

Y por otro lado, detenerse en medio de la vorágine de la rutina diaria, darse al menos cinco minutos para mirar una nube o comer una tostada (con mermelada!), también nos hace bien.

Y vos, ¿como vivís el manejo de tus tiempos?