Aprendizajes tardíos

Desde chiquitas, algunas personas saben a qué se van a dedicar. Dibujan, pero sus dibujos son extraordinarios. desarman juguetes, pero a veces los arreglan también. Aman a sus animales, pero son particularmente observadoras de sus comporamientos…

Sin embargo, pocas veces  esas vocaciones de niños se cumplen. A medida que crecemos descubrimos que en realidad el estudio de los dinosaurios requería de horas de una lectura que no estamos dispuestos a hacer, o que si bien somos magníficos músicos, no es suficiente como para destacar de otras bandas y compositores. Se nos pide ser “razonables”, elegir un trabajo a mano y olvidar ese potencial o esa pasión que una vez tuvimos. En algún punto, lo hacemos. Porque no hacerlo conlleva un costo altísimo a la hora de proyectarnos hacia el futuro, con una base de seguridad.

Otras veces, no sé si las menos, el camino es inverso. No tenemos ni idea de qué es lo que nos gusta, y elegimos lo más conocido, probablemente el negocio familiar o la profesión de nuestros padres o madres. Y “algo” nos falta. Quizás nos refugiemos en un pasatiempo, o quizás empecemos con un hobby.

¡BAM! El hobby, de repente, nos consume todo el tiempo libre disponible y descubrimos que eso nos gusta enormemente. “¡Si lo hubiera sabido antes!”, es el lamento más común. Pero yo pregunto: todo lo que fuiste haciendo antes, ¿no fue acaso necesario para que llegues a este punto? ¿Por qué invalidar el camino recorrido?

Y el otro lamento, es el de lo lento que aprendemos… ¿Y qué importa? ¿Acaso nos corre alguien? ¿Buscamos rendir algún examen? Si lo importante es disfrutar en el aprendizaje, en el proceso de adquirir herramientas o habilidades, y no sólo en un resultado final, “calificable”. Pero es que tenemos grabado a fuego estudiar para examen, y que ese estudio es un sacrificio necesario y horrendo, para saber. No tiene por qué ser así.

Ese aprendizaje, quizás objetivamente lento en comparación con un proceso hecho a los 20 o 25 años de edad, trae otras fascetas. Porque nuestra experiencia de vida genera vínculos con lo nuevo, lo no explorado, y de esta manera lo enriquece. No es posible hacer este tipo de paralelismos cuando una persona es joven, simplemente porque no tiene experiencia para hacerlos.

¿Tenés un aprendiz “viejo”? ¡Bienvenid@ sea! Porque en el proceso aprenderán juntos.

¿Sos vos el/la aprendiz? ¡Dale! No te desanimes, que el camino es duro pero sabrás cómo aprovecharlo.

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¡Qué mandona!

Hace muchos años, organicé cursos y campamentos (aún sigo colaborando cuando siento que puedo aportar algo). Eran días maravillosos, al aire libre o bajo techo, compartiendo reflexiones y tareas. En esa época quizás, al estar dentro de un movimiento de mujeres, la Asociación Guías Argentinas, el liderazgo se me dio naturalmente. Poco a poco fui tomando responsabilidades, y si bien la adrenalina del inicio siempre se siente, tuve confianza en que mi estilo de liderazgo estaba bien encaminado. Siempre hay que seguir aprendiendo, y elegí dedicarme a la docencia universitaria (en otro tema, pero sigo usando los recursos que aprendí en las guías).

Por otro lado, comencé a organizar otro tipo de jornadas, talleres y encuentros, ya por fuera de un movimiento de mujeres voluntarias y del caparazón de seguridad que eso supone.  Hubo nuevos desafíos: me encontré con otras realidades. Público más “arisco” si se quiere, donde, a pesar de haber pagado mis servicios, cuestionaba mi liderazgo. A tal punto de notar que las mismas palabras dichas por mí o por un compañero hombre eran tomadas de una manera totalmente diferente.

Se han hecho innumerables estudios sobre cómo se percibe a las mujeres liderando, incluso se han clasificado los estilos de liderazgo como “femenino” y “masculino”. En realidad mucho tiene que ver con el prejuicio: cuando a un hombre le dicen “firme”, a una mujer “inflexible”; cuando a un hombre le dicen “asertivo”, a una mujer, “agresiva”, cuando a él le dicen “comprometido”, a ella “obsesionada”. Se critica el liderazgo de las mujeres desde lugares superfluos, por ejemplo la ropa que lleva puesta o si lleva poco o mucho maquillaje.

Pareciera que los estereotipos siguen reinando, y dentro de ellos, las mujeres estamos mejor en casa que afuera cambiando y creando el mundo. A ninguna de estas barreras de prejuicios se enfrentan ellos cuando quieren liderar. Incluso, en lugares políticos, se ha llegado a poner cupos para que entren mujeres, porque los partidos por propia iniciativa no lo hacían… Y aún así, se cuestiona esos cupos porque se supone que otorgan una ventaja excesiva.

¿Es tan malo que te dirija una mujer?

En mi primer trabajo como ingeniera, y viendo el caos que era la oficina, simulé ser la “secretaria” de todos, para que me dejaran liderar. Charlaba con los chicos de electrónica y nos poníamos de acuerdo cuándo se podía armar el producto, y luego con los de mecánica, para que estuvieran “los fierros” listos a tiempo. Agendaba, coordinaba acciones, pactaba con unos y otros, pero siempre en mi rol de subalterna… Para que no se sintieran incómodos.

Hoy, muchos años después, me pregunto: ¿qué era lo incómodo?

Entiendo el liderazgo como un tipo de servicio al grupo, no como un escalafón y una cadena de mandos, sino como el trabajo de hacer que cada persona se sienta cómoda y trabaje a su mayor potencial. Y vuelvo a encontrarme con barreras de género, con comentarios y ninguneos. Pareciera que mucha gente prefiere que le peguen tres gritos, le den una solución mágica y a otra cosa mariposa. No creo en eso. Creo en los procesos y en la confianza.

En definitiva, para que esta nota no suene a queja, quiero decir que voy a seguir liderando. A ustedes, amables lectores, quisiera pedirles un favor: no dejen de criticar a sus líderes, pero la proxima vez que critiquen a una mujer líder, háganlo desde la vara de la competencia, no del prejuicio.

Escuchar es más que oír

Estás con un amigo y en la conversación,  te sorprende con un comentario sobre lo que está pensando que nada tiene que ver con lo que venían hablando y ahí te das cuenta de que hay un intercambio de monólogos. Que lo que estabas diciendo no es que no le interese… Pero es más importante para él decir lo suyo. ¿Cuántas veces nos pasó?

Son muchas habilidades las que se ponen en juego cuando conversamos. Algunas las hemos desarrollado más que otras. En general, somos mejores emisores que receptores, y repetimos el “discurso social” de las buenas costumbres: quejarse de la economía, preguntar sobre la familia, la casa, y no sobre cómo se siente esta persona. A veces, ni habilitamos a que esa persona pueda contarnos si le pasa algo triste, o le sale mal porque el saludo habitual es: “¿Todo bien?”.

escuchar-ret-2En una conversación verdadera, que no es un mero intercambio de comentarios sobre el clima en un ascensor, hay otra predisposición. No sólo oímos, sino que escuchamos, prestamos atención. Y cuando escuchamos al otro, no solo lo hacemos con el oído, sino con todo el cuerpo. Conectamos con la otra persona, desde la mirada, los gestos, el contacto de la mano en un hombro.

Existen muchas maneras de comunicarse, y no todo el tiempo querremos tener una conversación profunda. Darse un tiempo para la conversación, es estar predispuesto/a a poder ponerse en el lugar del otro, en escuchar con apertura, bajando la guardia y buscando el intercambio. Pero es aún más: no asumir que sabemos con exactitud de qué está hablando la otra persona, sino chequear si lo que entendemos se corresponde con lo que quiere decir. Porque la empatía no es “entender” lo que creemos que entendemos, sino escuchar desde el corazón y aunque no compartamos las ideas de la otra persona, abrirse a descubrir qué está sintiendo, qué lo/la hace emocionar… sin juzgar. Escuchar sin juzgar, sin dar una opinión, sino repreguntando y simplemente dejando que se explaye, suele ser muchísimo más nutritivo que cubrir de consejos a nuestro interlocutor.

Por el contrario, si sólo esperamos a que tome aire para decir nuestro bocadillo, ¿qué nos llevaremos de esa conversación al final? Si era una discusión, quizás un “tuve razón”, algo que nos acaricia el ego. Pero el contacto humano verdadero, habrá quedado relegado, y probablemente la relación con esa persona, resentida. Si alguien a quien queremos nos necesita, prestémosle atención.

Te invito a escuchar… A escuchar con todo el cuerpo, sin juzgar, a estar para la otra persona. ¿Verdad que es un tremendo desafío?

Nadaremos

Ayer fui al cine con mi hija a ver una película. Siempre que voy a ver una película infantil, saco alguna reflexión para mí.

En este caso, un personaje muy tierno, una pececita azul que tiene pérdida de memoria de corto plazo y sufre por eso. ¡Pero no se victimiza! No hace de esa condición una excusa, sino que la acepta y elige siempre ir hacia adelante, atravesando las dificultades. “Nadaremos!” es una especie de canción que se repite cuando se encuentra en problemas. Se ve la relación con sus padres, que le inculcan que ella puede hacer lo que se propone.

DoryElla busca alternativas, y por más que los otros personajes se desesperen y tengan miedo de lo que sucede, encuentra por dónde ir, no se da por vencida. A veces, incluso toma decisiones arriesgadas, o hace cosas que los demás ni se les ocurriría… Pone en juego la creatividad sin restricción. Y lo hace casi sin darse cuenta, sirviendo de modelo a sus amigos, que se preguntan “¿qué haría Dory?”

Y se me ocurre pensar que los peces no pueden detenerse a tomar sol en una roca, que siempre están en movimiento… Que fluyen, aunque sea tan sólo con la corriente que los lleva. En eso veo un doble sentido en “nadaremos”: por un lado, nadar, fluir; por otro: “nada-haremos”, que es un wuwei. Cuando no hay por dónde avanzar, “hacer nada” es “hacer algo” también porque se espera el momento adecuado para entrar en acción de nuevo.

En esa fluidez aparecen las oportunidades creativas; soluciones a problemas que nos agobiaban. Con una actitud positiva y confiada en las propias aptitudes, sin negar nuestras limitaciones, sino aceptándolas, como parte de nuestra personalidad actual.

Y vos ¿qué limitaciones tenés? y qué aptitudes? Quizás las descubras conversando con tus amigos.

Generar encuentros II: el equipo organizador

La semana pasada hablábamos aquí de la organización de fiestas, encuentros, jornadas, congresos y reuniones, englobadas en la palabra “eventos”. A raíz de uno de los comentarios en el blog, hoy retomamos el tema para hablar de la importancia del equipo organizador.

Decía Martín Cassati: “Una de las cosas que se aprenden en la organización de eventos, sobre todo cuando arrancan a pulmón y crecen más allá de las espectativas, es la correcta gestión de los tiempos y de las habilidades. (…)”

Liderar un equipo que está compuesto de gente muy diversa, es todo un arte. Existen muchos tipos de líderes, pero por lo general los que mejor funcionan no son los que “convencen” a los demás, sino aquellas personas que logran generar un compromiso genuino de la gente, que involucra los intereses de cada persona integrante del proyecto, de la reunión, del congreso, de la fiesta. Reconocer las habilidades de cada uno de los integrantes, y saber aprovecharlas, en lugar de tratar de “hacer que encajen” es fundamental. ¿Hay alguien muy desorganizado, pero sumamete creativo? Bueno, esa persona no será buena para secretario, sí quizás para resolver problemas o darle “color” a la reunión que estamos planeando. ¿Hay alguien cabeza dura, metódico, lento para entender pero muy confiable? Bueno, pongámoslo a hacer las tareas que requieran de un cuidado especial para los detalles. El o la líder deberá reconocer las habilidades de cada uno/a, y proponerle tareas acorde. Estamos hablando de hacer del liderazgo un servicio, estar atento a los demás.

Pscrum pumas retara esto es primordial dejar los egos de lado, como señalaba también Martín, ya que cada persona será experta en un área, y las demás confiarán en él o ella. Todos somos únicos, y a la vez, reemplazables. Entender la importancia de los demás intgrantes, sin menospreciar su trabajo o bien el mío, es todo un desafío.

El tema de la confianza en el equipo no es menor: significa saber que cada uno hará su tarea, que hay ciertas condiciones que no deben faltar. Según el coaching, el juicio de confianza se da cuando cada integrante es sincero con el equipo, idóneo en lo que se le encargó, puede cumplir en tiempo y forma o bien que pedirá ayuda a tiempo, y sobre todo, está comprometido con el resultado.

Otro tema a tener en cuenta es que no siempre el que ostenta el título de “jefe” es la persona que lidera realmente. Cualquier persona, y reitero cualquier persona, puede liderar un equipo si tiene en claro qué reglas del juego quiere jugar, cómo coordinar acciones con los demás, y cuál es el objetivo del equipo de trabajo. Hay líderes tímidos y otros habladores, los hay enojones y otros considerados “blandos”. Es importante identificar mi propio estilo, si no quiero terminar con un dolor de cabeza por imitar a alguien más.

Y vos ¿asumiste el liderazgo de un equipo de trabajo alguna vez?

 

Generar encuentros: el arte de la organización de eventos

Aunque la palabra “evento” quiere decir en realidad algo fortuito y no organizado de antemano, se la está usando desde hace tiempo para abarcar fiestas de cumpleaños y casamientos, encuentros de amigos y de profesionales, y hasta cursos y congresos. Así, “evento” se lo toma como sinónimo de una gran reunión de gente convocada con un fin, ya sea festejar, estudiar, viajar, etc.

En estos tiempos de tanta actividad y comunicación on line pareciera que es una tarea casi imposible reunir a un grupo de personas. Muchas veces optamos por poner una fecha y “que vayan los que puedan”. Es el caso de los grandes eventos, donde elegimos la fecha por el contexto en general y no por la disponibilidad de cada invitado.

Un evento con mucha gente se deberá ir organizando de a poco, cocinándose a “fuego lento” y siguiendo la metáfora culinaria, podemos decir que hay una “receta” que nos facilita la acción…

PorticoPara empezar, encontrar el objetivo del encuentro y lo que nos motiva hacerlo. Darle características específicas para que se entienda la convocatoria, y pensar en el público que tendrá, en los asistentes.

Elegir el lugar es fundamental, ya que debe ser cómodo para lo que se requiera hacer. Un salón para fiestas, por ejemplo, será incómodo para un congreso. No necesariamente tiene que ser pago, a veces se puede pensar en un intercambio de beneficios.

También elegir y convocar el equipo para organizar no debe ser dejado en segundo plano. Son las personas que nos pueden acompañar en la organización, con las cuales compartimos tareas y el entusiasmo de ir viviendo la previa, el durante y hasta el después del evento. Se establece una “gimnasia” dentro del ritmo frenético que tienen los eventos, y si el evento se repite (lo cual quiere decir que se empezó a gestar algo mejor!) ya hay procedimientos establecidos que nos facilitan la tarea.

Existen infinidad de detalles que hacen a cada ocasión, y cuidarlos hace a la calidad y calidez del evento.

¿Alguna vez organizaste un gran evento? Te invitamos a descubrirlo y a contactarnos para que podamos acompañarte en la organización.

Sin prisa pero sin pausa

En un artículo anterior, hablamos sobre la importancia que tiene pensar un objetivo concreto y posible.

Este objetivo, que es nuestro horizonte, no debe ocupar todo nuestro campo visual. ¿Por qué no? Porque si constantemente miramos el horizonte, es probable que tropecemos con algo en el camino que no vimos. Un objetivo no se realiza en un solo día. Generalmente, tiene varios pasos, se requiere hacer varias tareas menores para lograrse. Incluso podemos decir que uno no “hace proyectos”, sino que realiza esos pequeños pasos uno a uno, hasta que el proyecto termina.

TortugaPor eso es tan importante, si bien tener en claro adónde llegar, no perder el día a día, avanzar por poco que parezca. Si mi objetivo es tener un lindo jardín, el trabajo se hace todo el año. Si quiero tener un buen estado físico, debo entrenarme varias veces a la semana, con regularidad. Si quiero ahorrar… Etcétera.

La clave es ir haciendo todos los dias alguna tarea, por pequeña que parezca. Si dejamos de hacer un día, hacerlo al día siguiente, pero no perder la regularidad. Porque lo importante no es hacerlo todo rápido y terminar agotados, sino paso a paso, y llegar a destino. Haciendo todo lo posible por disfrutar el proceso, y reconociéndonos y celebrando los avances. Adquirir el hábito de la perseverancia en lo que deseamos, nos hará llegar tarde o temprano.

En medio de todo ese camino de miles de pasos, habrá obstáculos, caídas, paradas a descansar… Seguramente no todo será predecible y monótono. Pero esos imprevistos nos traerán la necesidad por adquirir habilidades: la necesidad de aprender.

Cuando hayamos alcanzado nuestro objetivo, meditemos también cuánto hemos aprendido en el camino.

 

Palabras clave: objetivos, avances, perseverancia, hábitos