RESOLUCIÓN – Fuego

Me acerqué al fuego para calentarme un poco. La noche de primavera estaba fresca y los invitados del cumpleaños de mi amiga ya se iban. Como tantas veces, observé el fuego con fascinación. Las llamas eran impredecibles, siempre diferentes en forma y color.

Pensé en nuestro “fuego interno”, aquello que nos impulsa a hacer lo que deseamos, lo que nos hace únicos. También pensé en mis mejores amigos y amigas, que tienen ese espíritu aventurero como el mío. Y lamenté que muchísimas personas sofocaran ese fuego en haras de una supuesta seguridad.

Nada más triste que ver cómo la chispa de una persona es apagada por un ambiente laboral o escolar adverso, y nada más hermoso que ver como esa chispa se transforma en fuego.

Muchas veces hemos asociado el fuego con la destrucción, y sin embargo lo pienso ahora como la transformación de una cosa en otra. Tomar madera y convertirla en luz y calor, en energía liberada… Tomar una idea, un grupo de personas y convertirlos en proyectos que se realizan y crean nuevas realidades, arte, tecnología, lo que sea.

Se piensa que la civilización empezó en el momento en que los individuos se nuclearon en torno al fuego. Cocinar los alimentos, espantar a las fieras, o simplemente calentar el ambiente. Ese poder que tienen las llamas de abstraernos, también dio lugar a la comunicación: contar historias alrededor de la fogata, hacer planes para el invierno, decidir en grupo.

Narrar, planear, decidir, actuar. El fuego nos provee de la energía necesaria para ir adelante, transformándolo todo. Nuestra resolución nos impulsa hacia adelante para concretar proyectos y tomar decisiones, y no sólo seguir soñando…

¿Qué te dice tu chispa interior?

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FLEXIBILIDAD – Aire

Esperé su respuesta para agendar un encuentro e ir organizando mi semana. “Vamos viendo”, me contestó. Mi lapicera quedó en suspenso sobre la hoja y por unos instantes no supe qué hacer. Dejar abierta la agenda significaba no poder acomodar otras actividades en mis tiempos disponibles. Por un momento me enojé, y luego comprendí que mi enojo era una muestra de mi falta de flexibilidad.

Dejar abierta una posibilidad es como dejar abierta una ventana: aireel aire fresco entra y se renueva en la habitación. Sin tener toda la agenda cubierta, puedo adaptarme a lo que vaya surgiendo, y quizás como dice Tom Hank en el Naufrago: “algo traerá la marea”.

No quiere decir que voy a aceptar cualquier cosa que surja, pero sí significa que puedo contemplar más opciones antes de involucrarme. Eso incluso me permite jugar, ser más creativa, estar dispuesta a enfrentar con serenidad imprevistos y contratiempos.

Si tengo un exceso de flexibilidad es probable que nunca concrete nada, o bien que el resultado sea impredecible. En el otro extremo, una excesiva rigidez me quita habilidad para resolver situaciones no programadas o esperadas.

Si lo llevamos al plano de las relacioneflexibllidad aires personales, el aire siempre viene bien para no sentirnos ahogados. Tener todo previsto y preparado nos quita la sorpresa, y hasta quizás algo de disfrute, nos sume en la rutina. Pero demasiado aire nos hará sentir desconectados con los demás, sin empatía, como “flotando” por encima de cualquier situación, sin involucrarnos ni decidir nada, con una  dirección incierta.

Y con nuestros sueños, otro tanto: podemos divagar y ver alternativas para enriquecerlos, pero muchas veces el “algún día lo haré” termina por no definir un proyecto que se concreta.

El aire impulsa, inicia, es el comienzo de una acción en potencia. Lo necesitamos para flexibilizar nuestra mente y contemplar posibilidades antes de juzgarlas y decidir, y para ser creativos.

¿Cuánto aire y flexibilidad hay en nuestra vida?

 

Este artículo es el tercero de una serie de cinco artículos sobre los elementos naturales y las disposicones corporales de coaching.

Nadaremos

Ayer fui al cine con mi hija a ver una película. Siempre que voy a ver una película infantil, saco alguna reflexión para mí.

En este caso, un personaje muy tierno, una pececita azul que tiene pérdida de memoria de corto plazo y sufre por eso. ¡Pero no se victimiza! No hace de esa condición una excusa, sino que la acepta y elige siempre ir hacia adelante, atravesando las dificultades. “Nadaremos!” es una especie de canción que se repite cuando se encuentra en problemas. Se ve la relación con sus padres, que le inculcan que ella puede hacer lo que se propone.

DoryElla busca alternativas, y por más que los otros personajes se desesperen y tengan miedo de lo que sucede, encuentra por dónde ir, no se da por vencida. A veces, incluso toma decisiones arriesgadas, o hace cosas que los demás ni se les ocurriría… Pone en juego la creatividad sin restricción. Y lo hace casi sin darse cuenta, sirviendo de modelo a sus amigos, que se preguntan “¿qué haría Dory?”

Y se me ocurre pensar que los peces no pueden detenerse a tomar sol en una roca, que siempre están en movimiento… Que fluyen, aunque sea tan sólo con la corriente que los lleva. En eso veo un doble sentido en “nadaremos”: por un lado, nadar, fluir; por otro: “nada-haremos”, que es un wuwei. Cuando no hay por dónde avanzar, “hacer nada” es “hacer algo” también porque se espera el momento adecuado para entrar en acción de nuevo.

En esa fluidez aparecen las oportunidades creativas; soluciones a problemas que nos agobiaban. Con una actitud positiva y confiada en las propias aptitudes, sin negar nuestras limitaciones, sino aceptándolas, como parte de nuestra personalidad actual.

Y vos ¿qué limitaciones tenés? y qué aptitudes? Quizás las descubras conversando con tus amigos.

Generar encuentros: el arte de la organización de eventos

Aunque la palabra “evento” quiere decir en realidad algo fortuito y no organizado de antemano, se la está usando desde hace tiempo para abarcar fiestas de cumpleaños y casamientos, encuentros de amigos y de profesionales, y hasta cursos y congresos. Así, “evento” se lo toma como sinónimo de una gran reunión de gente convocada con un fin, ya sea festejar, estudiar, viajar, etc.

En estos tiempos de tanta actividad y comunicación on line pareciera que es una tarea casi imposible reunir a un grupo de personas. Muchas veces optamos por poner una fecha y “que vayan los que puedan”. Es el caso de los grandes eventos, donde elegimos la fecha por el contexto en general y no por la disponibilidad de cada invitado.

Un evento con mucha gente se deberá ir organizando de a poco, cocinándose a “fuego lento” y siguiendo la metáfora culinaria, podemos decir que hay una “receta” que nos facilita la acción…

PorticoPara empezar, encontrar el objetivo del encuentro y lo que nos motiva hacerlo. Darle características específicas para que se entienda la convocatoria, y pensar en el público que tendrá, en los asistentes.

Elegir el lugar es fundamental, ya que debe ser cómodo para lo que se requiera hacer. Un salón para fiestas, por ejemplo, será incómodo para un congreso. No necesariamente tiene que ser pago, a veces se puede pensar en un intercambio de beneficios.

También elegir y convocar el equipo para organizar no debe ser dejado en segundo plano. Son las personas que nos pueden acompañar en la organización, con las cuales compartimos tareas y el entusiasmo de ir viviendo la previa, el durante y hasta el después del evento. Se establece una “gimnasia” dentro del ritmo frenético que tienen los eventos, y si el evento se repite (lo cual quiere decir que se empezó a gestar algo mejor!) ya hay procedimientos establecidos que nos facilitan la tarea.

Existen infinidad de detalles que hacen a cada ocasión, y cuidarlos hace a la calidad y calidez del evento.

¿Alguna vez organizaste un gran evento? Te invitamos a descubrirlo y a contactarnos para que podamos acompañarte en la organización.

Interlocutores válidos

Vivimos conectados en las redes sociales, en mayor o menor medida, y tenemos charlas con mucha gente. Algunas de estas conversaciones ni siquiera nos interesan realmente, pero como pasatiempo, las continuamos. No todas estas charlas son significativas… Sin embargo, algunas sí lo son.

Muchas veces buscamos amigos o amigas para conversar y tratar temas que nos preocupan, o simplemente nos juntamos a contarnos novedades. Algunos de esos encuentros son un simple desahogo, una queja que nos alivia momentáneamente de las dificultades de todos los días.

Pero hay otro tipo de conversaciones que nos nuconversando rettren verdaderamente. Que quizás no sean acerca de temas urgentes, sino de un sueño postergado… ¿Con quién hablas de tus sueños, y no solo de tus miedos? ¿Tenés ganas de hacer algo que no te animás, por diferentes razones, por ser “demasiado viejo/a”, porque es demasiado caro, porque es muy difícil…? Son esos los momentos donde buscamos conversaciones diferentes, conversaciones que abran posibilidades, que nos ayuden a pensar.

Buscamos lo que yo llamo “interlocutores válidos”.

No esas personas que te hablan de las cosas razonables y solamente de pros y contras, sino que te ayudan a imaginar, a buscar más allá de donde podrías haber ido por vos misma. No las personas que asienten y ríen como quien habla de un viaje a Marte, sino las que te preguntan qué necesitás, en qué puedo ayudarte, o sugieren cursos de acción. Quizás esa amiga o amigo no es quien nos acompañará, pero de todas maneras nos ayuda a formarnos una idea más clara de lo que queremos. Son las personas con quienes queremos pasar más tiempo, aunque a veces no estén de acuerdo en lo que hacemos o vamos a emprender. Porque son aquellos que no dan por sentado que entienden lo que te pasa o lo que te interesa hacer, sino que indagan más allá y nos hacen hurgar en nosotros mismos y a veces nos cuestionan para encontrar las verdaderas razones detrás de lo que estamos deseando…

Y vos, ¿con quién conversás de tus locuras?

Conexión y creatividad

El sábado pasado di un taller (una sesión de capacitación) que tenía como hilo conductor la conexión. Pero de la conexión a internet estamos más que saturados, así que pensé en darle un enfoque diferente. Me gustó hacer algo “a lo Pancho Ibáñez” y pensar: todo tiene que ver con todo. Porque al fin de cuentas, somos las mismas personas cuando vamos al trabajo que cuando vamos a la clase de danzas o cuando cocinamos en casa… ¿o no?

miguelangel retDesde el coaching decimos que somos una coherencia, y que en todo lo que hacemos y emprendemos, hay algo nuestro. Por más que estemos realizando actividades muy diversas, o incluso estemos aprendiendo algo que nos está diciendo otra persona: seguramente cuando lo reproduzcamos, le pondremos nuestro toque personal.

Así que como para hablar de cómo trabaja un equipo estuve haciendo una analogía con los pistones de un motor, y para hablar de liderazgo estuvimos haciendo una improvisación de danza.

Si bien tenemos y hacemos actividades día a día en diferentes escenarios, nuestra forma de afrontar la vida, de buscarle la vuelta, nuestro ingenio depende de cómo podamos tomar un pensamiento y trasladarlo a otra área. Clasificar nuestras actividades en compartimientos estancos no nos beneficia en lo más mínimo… Bueno, quizás nos ordene un poco, pero a la hora de generar algo de valor, algo nuevo, la conexión, a primera vista “misteriosa” entre temas y entre personas es lo que más resulta. Cuantas más áreas e intereses tengamos que sean muy distintos entre sí, más variada es la experiencia y por tanto, sumamos aprendizajes.

No sólo de la conexión entre actividades nace la creatividad, sino de la conexión con otras personas. Para solucionar situaciones, problemas, desafíos… ¿Cuántas veces, contándole un problema cotidiano a un amigo, logramos resolverlo? Porque esa nutrición que requiere la creatividad, también se da en las conversaciones.

Y vos, ¿te conectás?

 

La importancia de jugar, la importancia de jugarse

Cuantas veces siendo chico te que quedaste horas y horas inmerso en tu juego favorito? Ahí era cuando el tiempo pasaba volando y no tenias hambre ni sueño…

Ya está más que demostrado que el juego es una actividad muy importante en nuestras vidas. Es un momento en donde nuestra creatividad se estimula por medio de la estructura que nos enmarca. El juego tiene reglas como la vida: de cómo las interpretamos será el resultado, si ganamos o perdemos.

Jugando aj“Jugársela” quizás tenga que ver con esto, con involucrarse por completo en lo que estamos emprendiendo, disfrutando del proceso y no sólo del resultado. Por nuestro entorno quizás no es comprendido el grado de compromiso que requiere, y es probable que familiares y amigos intenten desanimarnos de arriesgar demasiado. Pero es saliendo de nuestra “cajita de confort” como se logran los mejores resultados.

Por supuesto que jugársela trae aparejados riesgos reales y factibles. Ese enfoque en nuestro proyecto no tiene que cegarnos a la gama de posibilidades: desde el resultado deseado al fracaso. Pero no involucrarse en el proyecto seguramente nos dejará un sinsabor, una sensación de “podría haberlo hecho mejor”.

¿Cuándo, entonces, jugarsela o no? Lo primero es preguntarnos a nosotros mismos qué tan importante para nuestra vida es la idea que queremos emprender. Esto, de aquí a 5 años, ¿me importará? ¿Tendrá sentido, podrá crecer? Si es así, es mejor tomar el riesgo y seguir adelante con todas nuestras energías, que luego lamentarse de no haber concretado nada. Por el contrario, si la importancia de la idea es en realidad para terceros, o no es genuinamente nuestra, ¿para qué molestarse?

Y vos, ¿te la jugás?

 

Palabras clave: juego, proyectos, compromiso