Esa palabra tan temida

Decimos “política” y es probable que empecemos una discusión. Últimamente, además, las discusiones no suelen ser pacíficas, porque la gran mayoría se dan escudadas por la virtualidad, donde puedo insultar sin ningún tipo de consecuencias graves, a lo sumo un bloqueo.

Cuando éramos chicos, nos hicieron notar que nuestros “¿por qué?” eran molestos, y desde entonces hemos recibido una educación donde lo que se evalúa no es qué tan bien razonamos, sino cuánto conocimiento tenemos… Es decir, que no interesan las preguntas, sino las respuestas. Porque las respuestas son más cómodas, nos hacen sentir seguros, y ya podemos dedicarnos a otra cosa. Las preguntas tienen esa maldita costumbre de hacernos pensar y repensar. Y nos interpelan: ¿qué tan bueno es tu argumento? ¿Estás muy seguro de que es así? ¿Qué fuente consultaste?

Pero ¿qué es la política?

Según wikipedia: Política (…) es el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de un grupo. También es el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.

Es decir que, si no tenemos una “política” definida, caemos en el caos como nación. Es imposible, entonces, que seamos “apolíticos”, porque en todo caso hasta la decisión de ser anarquista es una decisión política.

Y la tan mentada “corrección política”, entonces, ¿qué es?
También según wikipedia, y sólo como consulta para disparar ideas: “La corrección política o lo políticamente correcto es un concepto utilizado para describir lenguaje, ideas políticas o comportamientos con los que se procura minimizar la posibilidad de ofensa hacia grupos étnicos, culturales o religiosos. (…)”

Sin embargo, también: “La locución y su uso es altamente polémico; suelen utilizarlo en sentido peyorativo o irónico quienes manifiestan su preocupación de que el discurso público, la ciencia o los ámbitos académicos puedan estar dominados por puntos de vista excesivamente acríticos con determinados postulados.”

Esto quiere decir que mediante la corrección política, o bien puedo querer tener la buena intención de no ofender a nadie, en particular a minorías en desventaja, o bien, puedo usarla en forma demagógica, para obtener una ventaja.

La cuestión es, entonces, preguntarnos: ¿para qué digo lo que digo? Y también ¿cómo estoy diciendo lo que estoy diciendo?

El “para qué” incluye preguntarnos cuáles son nuestros valores y nuestro ideal de realidad (país, entorno, lo que sea). Hasta dónde queremos o podemos involucrarnos…politica Y el “cómo” incluye a nuestros interlocutorxs. El respeto por las otras personas, aunque sus ideas nos parezcan absurdas. Porque de alguna manera llegaron a formarlas, y el hecho de que estén parados en la vereda de enfrente, quizás, no se trate de que estén desinformados o sean imbéciles, sino que se nutren de fuentes de información diferentes y probablemente no les interesen las mismas cosas que a mí.

¿Es válido intentar “convencer” a otras personas, entonces? Si lo que creo es una verdad irrenunciable, desde ya. Ahí está, también, mi capacidad de involucrarme. ¿Pero si esa verdad irrenunciable nos está cegando a otras realidades?

Y lxs dejo con estas preguntas.

 

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