La alegría ¿es obligación para las fiestas?

El otro día vi una película donde los protagonistas eran los sentimientos de una persona, y me hizo reflexionar sobre el papel que le damos a la alegría y a la tristeza en nuestras vidas, sobre todo ahora que se acercan las fiestas.

“¡Seamos felices, que lo demás no importa!” se dice, como si ser feliz fuera un estado permanente y absolutamente voluntario.

A veces, ubicamos la felicidad como la llegada a un resultado, un objetivo alcanzado, y tenemos una gratificación por eso. Las fiestas y los rituales nos ubican en esa instancia: hicimos esto o aquello este año que se termina, compartimos una fiesta en familia, y muchos, también una celebración religiosa.

brindis fin de añoAhí donde la felicidad es algo extraordinario, enorme e inalcanzable, hace que lo cotidiano siempre sea ordinario, sin brillo propio. Pero ¿qué pasa con aquellas personas que realmente no se sienten con ánimo festivo, que no se quieren reunir con nadie, ni sienten que “deban” festejar? El brillo pasa a ser algo forzado, y la alegría, un esfuerzo para quedar bien con los demás. Entonces me pregunto ¿por qué no respetar que alguien pueda estar triste, que pueda transitar esa tristeza o lo que sea que siente de la manera que elija, sin obligarlo a participar de algo que le es ajeno?

Las fiestas pueden ser un momento de celebración, pero también de introspección. Y si hay algo ahí dentro nuestro que sentimos que debemos solucionar en soledad, o con una compañía no habitual… Bueno, ¡a juntar coraje y decirlo!

Porque la felicidad, como la paz, no son regalos, son hábitos de vida, hay que trabajar en aprender a ser feliz. Y saber que habrá momentos en que esa felicidad se nos escapa, pero que podemos volver a recuperarla, tan sólo sabiendo transitar los otros sentimientos que quizás no nos son tan gratos: la incertidumbre y el miedo por el futuro, la tristeza por los que ya no están, la frustración por un proyecto que no se realizará. Habiendo recorrido ese camino que nos tocó, volver a encontrar la felicidad en otros paisajes, renovando los vínculos que creemos más necesarios y retomando, quizás, nuestras ideas pero en nuevos proyectos.

Los simples momentos, las situaciones cotidianas, traen felicidad. Saber apreciar los pequeños gestos de amabilidad y también tenerlos; agradecer aquellas cosas que damos quizás damos por sentadas pero que son importantes: una ducha renovadora, una comida con buena comañía, un gato que nos ronronea; llegar a tu trabajo y que el clima laboral sea agradable.

La felicidad no es algo permanente. Y ¿saben que? ¡nada lo es!

 

Palabras relacionadas: emociones, procesos, respeto, fiestas, alegría y tristeza

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s