Los niños y las creencias

Una amiga y yo estábamos contando anécdotas de nuestra infancia. Cuáles eran nuestros juguetes preferidos, qué costumbres teníamos, y nuestros padres acotaban detalles de cuando éramos más chiquitas. Todos tenemos nuestras particularidades, por más que hemos pasado por las mismas etapas. De bebés, cuando empezamos a caminar, nos tomamos de mesas, sillas y de cuanta cosa bajita haya para afirmarnos y poder dar los primeros y titubeantes pasos. Luego, ya más seguros, nos largamos en esa carrerita típica de los niños pequeños, que casi siempre termina en porrazo y vuelta a levantarse.

caminando 2Lo notable es que mi amiga, cuando empezó a caminar, se agarraba de una bolsita. Recordaba la bolsita, de una conocida marca de zapatos de la ciudad, de la cual se afirmaba… Todos nos reíamos, porque afirmándose en esa bolsita, ella caminaba perfectamente. Pero al soltarla, o cuando por accidente se le caía, perdía el equilibrio.

Yendo para mi casa y pensando en que los niños nos enseñan tanto siempre, me pregunté si no sería que yo también tenía algún elemento al que me estaba aferrando sin darme cuenta, de tal manera de pensar que yo lo sostengo, cuando en realidad es justo al contrario. ¿A qué falsas estructuras me estaba afirmando? ¿Qué cosas no estaré queriendo soltar, que en realidad pienso que me hacen más segura de mi misma, algunas de las cuales no necesito para nada?

Y me di cuenta que esas cosas son las creencias. Mientras iba manejando, enumeré algunas de las creencias que tengo, que me sirven para caminar: determinadas facilidades y habilidades, y otras tantas limitaciones, la creencia de que existe un Dios, la creencia de que la gente cambia cuando quiere cambiar, etcétera. Por ejemplo, la creencia de que puedo trabajar con eficiencia y que mi trabajo me rinde económicamente es una estructura que me sostiene, y que sin embargo depende de mí misma sostenerla. Si yo dejara de creer en ella, y dudara de mi trabajo, automáticamente se cae sola. Y dentro de las creencias que sostengo pero que no me ayudan a caminar, pude identificar que tenía algunas que quería cambiar.

Por supuesto, cambiar una creencia no se hace de un día para el otro. Reconocer las propias creencias es un gran paso, para poder analizarlas y descubrir si me abren posibilidades o si me las cierran. Luego queda el trabajo de, si realmente las quiero cambiar, primero descubrir qué es loque me está limitando, y poder de esta manera fijar una meta más concreta. Ese trabajo puede llevar mucho tiempo, o por el contrario, un rato… Depende de qué tan aferrada tenga mi “bolsita”.

Te invito a que descubras las creencias que te trajeron hasta aquí y las revises… Es un trabajo enriquecedor y que abre la puerta hacia un cambio positivo en tu vida (y esto, ¡también es una creencia!).

 

Palabras clave: creencias, estructuras, procesos

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