De malos entendidos, enojos y falta de acuerdos

Estoy en la fila del cajero para sacar plata, un primero de septiembre y la cola no camina. Miro, y hay una persona pagando muchos servicios y tarda más de lo habitual en terminar la tarea. ¡Todos necesitamos efectivo el primer día del mes! Algunos se quejan pero nadie se atreve a enfrentar la situación. Pasan unos minutos y me acerco a decirle que por favor,  habilite la caja y deje fluir al resto.  Finalmente, la persona sale y todo se pone en movimiento.

Y entonces, mientras espero y trato de no enojarme y que no me gane la impaciencia, pienso: ¿Por qué tratamos siempre de no enojarnos? ¿Quizás por ser más “civilizados”? ¿Y qué es el enojo? Podríamos pensar que el enojo es, como dice el Dr. Levy, el resultado emocional de una expectativa no cumplida. En este caso concreto, la expectativa concreta de conseguir dinero en efectivo de mi cuenta, sin esperar más de media hora en una cola.

enojoEl enojo en sí no es malo, es una señal que me indica algo. Hay algo que me importa. Algo que deseo y no está pasando, y ante esa situación tengo varios caminos: puedo refunfuñar y seguir enojada; puedo hacer algo para que la situación cambie; y por último puedo, si la situación no va a cambiar, decidir bajar o cambiar mis expectativas.

La primera de las tres opciones puede ser la inicial para cualquier enojo. Pero no le lleva a nada, así que me decido por hacer algo. Entonces, me pongo a pensar que si hay dos cajas, una puede habilitarse para trámites rápidos y otros para trámites que requieren un poco más de tiempo. Y que con un simple cartel, que se señale  esta división, que la gente tenga la posibilidad de elegir si se quiere quedar en la fila o no. Puedo proponer esto a futuro, como hacen las cajas rápidas de 15 productos de los supermercados… Y mientras tanto, ya que no puedo cambiar la situación en lo inmediato, me decanto por la tercera opción: aceptar que esta cola en particular es inevitable, y que no voy a ganar nada con gritar o impacientarme.

De todas maneras, la moraleja que saco es que siempre es mejor prevenir que curar. Más allá de la cola del cajero, entonces, mejor prevenir el malestar, comunicando pocas reglas claras, simples, y concretas. Y luego, respetarlas. Sobre todo, porque los malos entendidos generan falsos rumores que crecen, enojos innecesarios (sobre todo cuando la gente se encuentra con un estado de ánimo irritable) que comienzan siendo una pequeñez y luego pueden convertirse en un gran problema.

Y a vos ¿qué situaciones de tu vida cotidiana, te hacen enojar? ¿Qué camino vas a tomar?

 

Palabras clave: Emociones, enojo, frustración, posibilidades, acción

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