Lo que aprendi pintando sillones

Me ofrecí a pintar unos sillones para el balcón de una amiga que se estaba mudando. En principio, dije que sí porque me gustaba la idea de compartir una actividad manual, como pintar, con ella. Me gusta hacer tareas creativas y también compartir una experiencia nueva porque siempre sucede algo “inesperado”.

La cuestión es que fui a comprar los materiales, siguiendo el consejo de mi amiga de “hacer caso” a los consejos del empleado de la pinturería (lease aquel que consideramos un “especialista”) de que pincel y pintura debía usar. Mi primera intuición fue primero pasar una base blanca y luego pintar con sintético blanco. El vendedor me instó a que directamente lo pintara con sintético. O sea, de entrada, “hice caso” y no seguí a mi intuición.

El punto es que mi amiga tuvo que ocuparse de otras cuestiones y la actividad de pintar quedo en mis manos. Comencé y mientras lo hacía, se fueron presentando dificultades (el sintético no cubría bien la base oscura), que me desalentaron bastante.

Ahí me enfrenté con mi poca tolerancia a que el resultado sea mediocre en mi búsqueda por lo perfecto. Las fantasías alimentan nuestra exigencia y ayuda a engrandecer la mirada y el juicio del “otro”. Y si no podemos hacer una evaluación objetiva de la situación, si no podemos ponerlo en palabras, o elaborarlo de alguna manera, la situación se torna inmanejable. Ante una situación de la cual no tenemos certeza del resultado, es más sencillo, ahogamos en un vaso de agua, para decirlo en criollo.

Me enoje conmigo misma, me sentí mal por no estar a la “altura” de lo que me pedía mi amiga (que tampoco sabe pintar) y abandoné el trabajo de pintura, por un tiempo. Me quedé masticando “frustración” hasta que volví a tener coraje y empecé a buscarle la vuelta por otro lado para poder terminar. Pregunté y se me presentaron otras alternativas con lo cual, la situación inicial, mejoró. Y sobre todo, me sacó de mi sensación de fracaso de una situación que había comenzado como una actividad placentera y compartida y ahora me estaba generando malestar e inmovilidad.

Aprendí varias lecciones de esas mañanas otoñales pintando sillones. Lo primero, es que quiero aprender a confiar en mi criterio, en mi sentido común, construido desde diferentes áreas de saber (que no es necesario ser especialista en pintura para pintar sillones). Lo segundo es que las actividades hay que realizarlas por motivación propia y más allá del juicio final que el otro tenga del producto. Capitalizar el proceso de hacer la actividad y saber que las próximas pinturas serán mejor que las primeras.

En el mundo emprendedor, conviven los mentores y los asesores con los coaches que tienen todos la buena intención de querer acompañar el proceso de crecimiento de ese emprendedor. Y tener una mirada objetiva en momentos de crisis, siempre otorga información valiosa. Pero, no obstante, es importante también escuchar nuestra voz interior, o extraer de manera consciente las enseñanzas que se nos presentan en nuestro diario vivir. Para aprender a tomar decisiones sabias, es necesario lograr una síntesis entre la reflexión interior que esté acompañada con una reflexión externa..

Palabras claves: frustración- motivación personal – introspección

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