El gusto por los placeres sencillos (parte 2)

Tejer: el arte de aprender a poner los puntos.

Hace poco que comencé a tejer con dos agujas. Fue en ese momento en que pude, mediante una práctica concreta materializar un concepto muy abstracto para mí: “poner los puntos”. A veces se suele confundir con intransigencia, tener una posición sobre un tema. Ser firme no quiere decir ser inflexible ni estático. Quiere decir, fortaleza con la permeabilidad suficiente como para escuchar al otro y poder enriquecer mi posición ante una situación determinada.

Para mi vida cotidiana, era necesario comenzar a afirmar y sostener mis puntos de vista así como también plantear mis necesidades ante los otros, sin vergüenza, sin temor a que me digan que “no”. Cuando “ponemos nuestros puntos de vista” en la mesa, en una negociación, es una estrategia muy útil porque sabemos qué principios no estamos dispuestos a ceder.

La trama que se genera en esos diálogos y el acuerdo al que se arriba en una negociación con estas características tiene más posibilidades de ser perdurable en el tiempo.

Desde que empecé a tejer, no paré. Este es mi cuarto invierno y he experimentado puntos, diferentes prendas y tejer me regaló dos grandes enseñanzas:

Tejer relaciones, poner los puntos, cuidar el proceso
Tejer relaciones, poner los puntos, cuidar el proceso

La primera enseñanza es que, cada una teje a su ritmo y cada tejido te va “diciendo” por donde va, la tensión de la aguja, la posición de las manos, el punto. Y que la práctica del tejido, me ejercita una serie de habilidades muy relevantes para cualquier emprendedor: la paciencia y  la perseverancia en el momento de ejecutar una idea. El tejido se termina si me dedico y si estoy presente en lo que hago, si me distraigo, se me cae el punto. Con los emprendimientos, ya sea de productos o de servicios pasa lo mismo. No es necesario una atención obsesiva, pero si constante.

La segunda enseñanza, que se vincula con la exigencia que supone hacer “bien el tejido”. Y este adjetivo se sostiene en la creencia de que la excelencia es exigencia. Y en el camino, se mezcla la frustración y el placer de hacer la tarea, se diluye. Entonces, también me surgió una pregunta de la cual no tengo respuesta. ¿Por qué no buscamos un sinónimo de “excelencia” que no sea “perfección”?

 

Palabras claves; negociación, superación personal, excelencia, pensamiento intuitivo

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